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Michael Jackson en una imagen de archivo durante un concierto

Michael Jackson en una imagen de archivo durante un conciertoEuropa Press

¿Por qué sigue cautivando tanto la figura de Michael Jackson?

Con el estreno de la cinta dirigida por Antoine Fuqua y protagonizada por Jaafar Jackson —sobrino del cantante—, Michael Jackson vuelve a ser un trending topic plenamente vigente en pleno siglo XXI

Casi 17 años después de su muerte, en 2009, y más de cuatro décadas después del éxito planetario de Thriller —publicado en 1982 y todavía considerado uno de los discos más vendido de la historia, con más de 70 millones de copias en todo el mundo, y que consolidó a Michael Jackson como el mayor fenómeno global de la cultura pop contemporánea— su figura vuelve, con igual o renovado magnetismo, a ocupar el imaginario colectivo.

La vida y obra del artista sigue cautivando y despertando tanto la nostalgia de quienes crecimos con él como la curiosidad de generaciones posteriores que hoy lo descubren en plataformas digitales y vídeos virales a raíz del estreno de su biopic Michael.

El biopic reaviva el mito y devuelve a Jackson al centro de la cultura pop

Más de cuatro décadas después, los grandes éxitos de Thriller han regresado a los primeros puestos de listas estadounidenses como Billboard, impulsados por el fenómeno del filme. Diferentes generaciones de nostálgicos, pero también jóvenes ávidos de descubrir más sobre su música, sus bailes y su figura, descargan vídeos, recuperan retransmisiones de conciertos y llenan redes sociales como TikTok de moonwalks, imitaciones y coreografías virales. Michael Jackson vuelve a ser un trending topic plenamente vigente en pleno siglo XXI.

A sólo unas pocas semanas del estreno mundial de Michael, la cinta dirigida por Antoine Fuqua y protagonizada por la colosal interpretación de Jaafar Jackson —sobrino del cantante e hijo de Jermaine Jackson— ya se ha convertido en uno de los fenómenos cinematográficos recientes del género biográfico musical y ha vuelto a situar al rey del pop en el centro de la conversación cultural global y de las listas de descargas.

Jaafar Jackson, en la piel de su tío Michael

Jaafar Jackson, en la piel de su tío MichaelEFE

Michael, como si su nombre de pila bastara y sobrara, registra semana a semana, tras su arranque, una sólida taquilla a nivel internacional y está llenando salas con un público intergeneracional. El fenómeno lo sitúa en la estela de grandes biopics musicales recientes como Bohemian Rhapsody, sobre Freddie Mercury, o Elvis, de Elvis Presley, que también reactivaron el consumo masivo de sus protagonistas décadas después de su época dorada.

A diferencia de estos títulos, y también del retrato más descarnado de Amy Winehouse, el filme de Jackson se deja en el tintero la parte de los excesos y el declive y se centra en la construcción del mito. Y es que el proyecto ha sido impulsado por el Michael Jackson Estate y figuras clave de su gestión como John Branca y John McClain, con participación de miembros de la familia en calidad de productores ejecutivos.

Críticas aparte de que la cinta retrata una imagen edulcorada del artista, basta fijarse en algunas pinceladas para entender parte de la construcción del mito. Desde sus inicios como niño prodigio en The Jackson 5, con un padre castrador, Joe Jackson, literalmente cinturón en mano, el filme deja entrever una suerte de infancia rota precisamente por el estrellato y por el mantra familiar de que Michael «era un niño especial», distinto al resto.

Joseph Jackson en el festival de Cannes en 2014

Joseph Jackson en el festival de Cannes en 2014Georges Biard/Wikimedia Commons

Parecía suplir su falta de amigos con mascotas y animales exóticos —serpientes, llamas o el chimpancé Bubbles— mientras su personalidad se moldeaba entre la hiperexigencia familiar y el aislamiento. También aparecen las influencias del soul, el funk y el rhythm and blues, de toda esa música afroamericana que en los años 70 había ido despegando desde el jazz y que abrió camino a generaciones de artistas negros en una sociedad todavía marcada por la segregación racial.

Antes de Michael hubo precedentes estadounidenses de la talla de Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Ray Charles, Aretha Franklin, Miles Davis o el jamaiquino Bob Marley, que ya cosecharon enorme predicamento universal y que habían convertido la música ancestral de los marginados para erigirse en reivindicación y las primeras músicas puramente americanas de la era moderna.

Michael Jackson con su chimpancé Bubbles (1986)

Michael Jackson con su chimpancé Bubbles (1986)Wikimedia Commons

En el filme también aparece un guiño a su rivalidad con Prince por disputarse la corona del pop negro en los años ochenta.

También está presente su eterno peterpanismo. Recuerdo perfectamente cómo salió literalmente volando sobre el escenario durante un concierto en el estadio Vicente Calderón de Madrid en la gira Dangerous World Tour de 1992. Además, se observa su admiración por los clásicos del cine y especialmente por Charlie Chaplin, otro artista total.

La película recrea como punto álgido el accidente sufrido durante el rodaje de un anuncio de Pepsi en 1984, cuando sufrió graves quemaduras en el cuero cabelludo y tuvo que ser hospitalizado de urgencia. Concluye prácticamente con la apoteosis de la gira Bad World Tour (1987-1989), cuando por fin parece desprenderse del férreo control paterno, cuando era desde hacía algún tiempo probablemente el artista más famoso del planeta.

Pero las críticas se ciernen especialmente sobre lo que la cinta deja fuera. En medio de las especulaciones sobre una posible secuela —que quizá despierte incluso más interés que la propia película— quedan todavía sin abordar muchos de los episodios más oscuros y desconcertantes de su vida: sus relaciones poco ortodoxas, por llamarlas de alguna manera, con menores, su rancho de Neverland , su matrimonio con Lisa Marie Presley, su paternidad, los cambios extremos de imagen y el color de piel, aunque el biopic recoge brevemente el vitíligo que padecía y las primeras cirugías de nariz.

Tampoco aparecen apenas polémicas como aquella imagen del artista sosteniendo a uno de sus hijos en el balcón de un hotel en Berlín en 2002, los rumores sobre que dormía en una cápsula de oxígeno o los juicios por abusos sexuales a menores de los que finalmente fue absuelto en 2005.

En la retina de muchos sigue grabado el desfile hacia los tribunales de Michael arrastrando un gotero, vestido con pijama y pantuflas infantiles. De los testimonios de presuntos casos de pederastia conocidos tras su muerte por intoxicación aguda de propofol administrado bajo supervisión médica, ni mención.

Su larga biografía deja además parcialmente de lado otra faceta esencial: la de Michael Jackson como artista obsesionado con «hacer un mundo mejor», aunque sí se deja entrever. Ahí quedan canciones como Heal the World, Earth Song, Man in the Mirror o el himno solidario We Are the World, grabado en 1985 junto a decenas de estrellas bajo el proyecto 'USA for Africa'.

Del niño prodigio al icono global: la construcción de un artista irrepetible

De niño con una voz prodigiosa y un ritmo innato para el baile, criado en Indiana, Michael Jackson fue construyendo poco a poco una personalidad artística irrepetible. En la película se aprecia cómo pasó de ser un niño aparentemente inseguro a convertirse en el centro absoluto del escenario junto a sus hermanos en canciones como ABC, I Want You Back o I'll Be There.

Uno de sus hermanos ha llegado a decir que en la familia siempre se les transmitió la idea de que debían agradecerle a Michael todo lo que tenían, como dejando claro que él era esa estrella fulgurante que iluminaba al resto.

Los Jackson 5 en 1974

Los Jackson 5 en 1974Wikimedia Commons

Aquella mirada tímida, sus movimientos y el éxito precoz dieron paso a un joven empeñado en romper con la imagen del niño prodigio. Como tantos artistas infantiles, en su proceso de emancipación familiar buscaba reinventarse como «chico malo». Y en ese proceso acabó construyendo una figura completamente nueva dentro de la cultura popular.

Sobre los escenarios y especialmente en videoclips como Billie Jean, Beat It, Thriller, Bad o Smooth Criminal, desarrolló una faceta de bailarín y performer absolutamente singular. Su cuerpo extremadamente esbelto no respondía a la técnica clásica de un Rudolf Nureyev, sino de un chico que gesticula con su rostro como sacándose la rabia de encima, tocándose los genitales y blasfemando con su propio baile burlesque. En este sentido, basta ver el vídeo de Pretty Young Thing, que hoy día podría rivalizar con cualquier reguetonero.

En la película se recrea especialmente la histórica interpretación de Billie Jean durante el especial televisivo 'Motown 25: Yesterday, Today, Forever' en 1983, cuando realizó por primera vez el moonwalk ante millones de espectadores y prácticamente levantó a un auditorio entero de sus asientos.

También se retrata cómo ayudó decisivamente a romper el sesgo racial –sin apenas levantar su voz de castrati– que todavía imperaba en cadenas como MTV, inicialmente reacias a emitir vídeos de artistas negros. Y ahí resulta inevitable mencionar el papel fundamental de Quincy Jones, relegado a un papel algo secundario en la película pese a haber sido decisivo en discos como Off the Wall (1979), Thriller (1982) y Bad (1987), donde ayudó a moldear la personalidad artística definitiva de Jackson.

Se ha escrito mucho sobre cómo Michael Jackson cambió por completo la industria de la música pop gracias al videoclip, cómo lo transformó de ser una simple cinta promocional casi estática en un auténtico relato visual cercano al cortometraje musical. El ejemplo más emblemático sigue siendo Thriller.

Aún recuerdo la carátula de aquel vinilo desplegable: un joven Michael vestido de blanco junto a un cachorro de tigre. En su interior aparecían las letras y una ilustración junto a Paul McCartney para el sencillo The Girl Is Mine, una imagen poco habitual todavía en los primeros años ochenta: un artista negro y uno blanco compartiendo protagonismo absoluto dentro de la gran industria pop estadounidense.

Michael Jackson y Paul McCartney en la portada de The Girl Is Mine

Michael Jackson y Paul McCartney en la portada de The Girl Is Mine

También elevó las giras mundiales —junto a Madonna— a la categoría de verdaderos espectáculos de masas tal y como hoy los conocemos. Bad Bunny y Karol G no han inventado nada.

A los 21 años, Michael Jackson ya había demostrado prácticamente todo su talento tanto con The Jackson 5 como en solitario. Off the Wall ya lo había consolidado como estrella adulta antes incluso de la explosión de Thriller. Pero fue precisamente este último álbum el disco que terminó de convertirlo en un fenómeno cultural irrepetible.

Su figura sigue cautivando a medio mundo tal vez porque no requería marketing: el marketing era él. Mucho antes de las tazas de los dinosaurios jurásicos, de internet y de la hiperexposición permanente de las redes sociales, Michael Jackson ya entendía el poder del misterio, de la anticipación y de la construcción del personaje. Cada estreno de uno de sus videoclips se vivía como un acontecimiento global.

Michael Jackson en el Festival de Cannes 1997 para el estreno de su película Ghosts

Michael Jackson en el Festival de Cannes 1997Wikimedia Commons

Su estética evolucionó con él, pero supo conservar elementos que terminaron convirtiéndose en parte inseparable de su iconografía: el guante brillante estilo Mickey Mouse, los mocasines negros con calcetines blancos, las chaquetas militares abotonadas, los sombreros de gánster inclinados, la chupa roja de cuero, las tachuelas, los giros imposibles, el moonwalk, la patada al aire y esos gritos inconfundibles que mezclaban funky y tipo duro, teatralidad y rabia contenida.

Sus letras también contribuían a alimentar esa ambigüedad permanente. Basta escuchar Billie Jean, con esa historia de una groupie que reclama la paternidad de un hijo «con sus mismos ojos», o ver cómo incorporó a sus coreografías elementos de baile callejero, popping y breakdance desde vídeos como Beat It en adelante.

Los grandes cronistas suelen hablar bien de los grandes imperios en ascenso, pero el declive de las estrellas también termina formando parte de su leyenda. La imagen de Michael Jackson transformado físicamente hasta convertirse casi en una caricatura de sí mismo sigue siendo una de las estampas más incómodas de la cultura popular contemporánea.

O quizá no. Porque millones de admiradores en todo el mundo siguen prefiriendo dejar a un lado los claroscuros del hombre para quedarse con el mito, con el icono y con el enorme artista total que fue Michael Jackson.

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