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Mosaico de azulejos de antiguos árabes expuesto en una antigua farmacia de Córdoba

Mosaico de azulejos de antiguos árabes expuesto en una antigua farmacia de CórdobaGetty Images/ WHPics

EL ESPAÑOL DESDE DENTRO

¿Qué tienen en común las palabras «ojalá», «aceite», «albañil» o «Madrid»?

Todas tienen un mismo origen y data de hace más de medio milenio

Pese a que el español procede del latín, nuestra lengua cuenta con palabras prestadas de otros idiomas como el griego, el francés, el italiano, el inglés y, cómo no, el árabe. Una lengua, esta última, que se habló en la península ibérica durante ocho siglos (del 711 al 1492) y que ha dejado una huella significativa en nuestro idioma. Palabras tan comunes y usadas a diario como «ojalá», «aceite», «albañil» o «Madrid» forman parte de los 4.000 arabismos, esto es, palabras heredadas del árabe, con las que cuenta el español hoy en día. No en vano, el árabe es el idioma que más vocabulario ha aportado al español, suponiendo un 8 % del total, y están insertas en diversos campos semánticos: la agricultura, la naturaleza, la construcción, el hogar, la administración, la gastronomía o la toponimia, entre otros.

La gran mayoría son palabras que empiezan por «al», como albaricoque, almacén, algoritmo, alcalde, aldea, álgebra, albornoz, alpargata, algodón, almohada, Algeciras o Alicante. Esto se debe a que pasaron al español con el artículo (el, la indistintamente) incluído y que en árabe es «al». No obstante, muchas de estas perdieron la «l» del artículo por el camino y hoy empiezan solo por «a». Es el caso de azotea, azafrán, aceite, azucena, amapola, aduana, arroz, acequia o azahar.

Además, también las hay que empiezan por otras letras como zanahoria, limón, guitarra, zanja, noria, ojalá, Madrid o gafas.

Sería imposible detallar el origen y significado de cada una de ellas pero vamos a destacar unas cuantas que resultan curiosas:

Ojalá

La palabra «ojalá» proviene del árabe hispánico law šá lláh, que se traduce como «si Dios quiere». Con los siglos, la expresión religiosa original se transformó en la interjección que hoy usamos para expresar un deseo ferviente provocando una fusión entre dos culturas.

Madrid

El origen de la palabra Madrid se remonta al siglo IX con el término árabe Maŷriţ, que evolucionó a Magerit en castellano antiguo. La teoría más aceptada indica que significa «lugar abundante en aguas» o «arroyo matriz», haciendo referencia a los numerosos arroyos y acuíferos subterráneos de la zona.

Aceite

Proviene del árabe hispánico azzáyt, que a su vez deriva del árabe clásico az-zayt, cuyo significado es «jugo de aceituna». Este término árabe tiene raíces más lejanas en el arameo zaytā, el idioma de Jesús de Nazaret, consolidándose en el español como un arabismo que originalmente designaba solo al aceite de oliva.

Gafas

Como ocurre con los nombres de enfermedades, síndromes, especies vegetales o principios y leyes que reciben el nombre de su inventor o descubridor, este término deriva debe su nombre al creador de las lentes para mejorar la visión: el médico Al-Gafiqí, y de ahí el nombre: gafas.

Albañil

Esta palabra destaca la herencia técnica que hemos recibido del árabe. Proviene de al-banní, que en árabe clásico significa «el constructor» o «el que edifica».

Topónimos con «ben» o «guad»

No podemos olvidar los nombres propios de ciudades, ríos o accidentes geográficos que comienzan por «ben», que significa «hijo de», «beni», que forma el plural «hijos de», o «guad», que significa río o valle y que son muy comunes en España, especialmente en la Comunidad Valenciana, Andalucía y Aragón, debido a la larga presencia musulmana en estos territorios.

Así encontramos las poblaciones de Benicasim (Castellón), Benidorm (Valencia) o Benalmádena (Málaga), Guadalajara (Guadalajara) o Guadix (Granada), entre otras; y los famosos ríos Guadalquivir o Guadiana.

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