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Por qué el éxito de Bad Bunny se parece más al de Amancio Ortega que al de Elvis Presley

El impacto del portorriqueño ha trascendido de su música intrascendente para triunfar con la política o la moralidad: un producto genérico e intangible más obra de un emprendedor que de un artista

Madrid

Bad Bunny

Bad BunnyGTRES

La RAE dice que trascendencia es «Penetración, perspicacia», «Resultado, consecuencia de índole grave o muy importante» y «Aquello que está más allá de los límites naturales».

Por todas partes

Es sinónimo de magnitud, importancia o relevancia y sinónimo de intrascendencia o inisgnificancia. Está claro. Bad Bunny está por todas partes y de estar por todas partes, ahora en Madrid de residencia y en las listas de reproducciones de todo el mundo ha «penetrado» con «perspicacia» entre el público «más allá de los límites naturales».

También es «Resultado, consecuencia de índole grave o muy importante», pero la pregunta es con qué ha penetrado, ha sido un resultado o ha traspasado los límites naturales. Los grandes artistas que han trascendido lo han hecho a partir de algo.

El genio Leonard Bernstein decía que enseñaba música clásica a sus alumnos en los conservatorios con la música de Los Beatles. La trascendencia de Queen, por ejemplo, viene de la calidad de su música y de la voz única de Freddie Mercury. Claro que los criterios musicales han cambiado.

¿El Elvis del XXI?

Es más que posible que en 2026 los Rolling Stones no fueran trascendentes en absoluto. Y así toda una larga lista de artistas y bandas míticas que no lograrían traspasar el filtro del streaming. Hoy están en él porque existieron antes que él y quienes los escucharon en otros formatos siguen vivos.

Pero, ¿qué pasará con el tiempo? Cuando no estén los viejos fans de los viejos grupos, de la vieja música, puede que desaparezcan en las profundidades de internet, en cuya superficie solo estarán los nuevos gustos, entre ellos Bad Bunny.

De entre los ídolos antiguos, ninguno tan parecido y a la vez tan distinto a él como Elvis Presley. De Elvis primero se escuchó su música en la radio, pero luego se le vio y trascendió de su talento vocal. Su fama se extendió imparable, de forma similar a cómo se ha extendido la de Bad Bunny por razones mayormente ajenas a lo artístico.

La política, la moralidad, el impacto en los jóvenes y en los adultos, el fenómeno social que explotó sin que nadie, a pesar de los esfuerzos, lograra controlarlo. Bad Bunny es el Elvis del XXI. Pero para ser el Elvis del XXI no hace falta poseer su genialidad artística, sino solo la genialidad consistente en saber que no es necesaria su genialidad artística sino solo saber vender una moto.

Un gran empresario

Los tiempos han cambiado y Bad Bunny los ha comprendido a la perfección. Es un nuevo gran empresario multimillonario, con forma de artista, como Amancio Ortega o Jeff Bezos o Mark Zuckerberg. Bad Bunny en realidad se parece más a ellos que a Elvis Presley, a quien se parece en todo y en nada. El todo ya se sabe lo que es y la nada es que se vende con enorme éxito como músico sin serlo.

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