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El egiptólogo Antonio Cabanas

El egiptólogo Antonio Cabanas

Entrevista con el autor de 'El hijo de la pirámide'

Antonio Cabanas: «La civilización egipcia duró 3.000 años porque nunca perdió su identidad como pueblo»

El autor y egiptólogo vuelve con una novela en la que aborda la gran pregunta: cómo se construyó la Gran Pirámide de Guiza, trasportando al lector al 2.600 a. C. y acercéndole a la sociedad que la hizo posible

Antes de convertirse en símbolo eterno, la Gran Pirámide de Guiza fue sudor, ambición y sueños de hombres de nombres conocidos, pero también anónimos. ¿Cómo se construyó uno de los mayores misterios de la humanidad? En El hijo de la Pirámide (Penguin Random House), Antonio Cabanas rescata no solo las intrigas palaciegas de ascenso al trono sino también las vidas ocultas de los 25.000 trabajadores que quisieron participar de este monumento prodigioso que, creían, daba vía directa con los dioses. El Debate ha conversado con el autor sobre su nuevo desafío literario cuyo final fue escrito entre las propias parades de la enigmática pirámide.

-¿Qué aporta la novela El hijo de la pirámide que no haya contado antes otro libro sobre las pirámides?

-Hay muchos ensayos al respecto pero creo que la historia novelada es la primera en nuestra lengua sobre la Gran Pirámide de Guiza enfocado en la construcción pero, sobre todo, en la vida de la sociedad que se establece ahí. Cómo vivían y cuáles eran las relaciones de todos, incluidos los trabajadores y sus familias.

-Fueron 25.000 trabajadores, que no esclavos, los que vivieron a las faldas de la pirámide...

-La esclavitud no existía. Llegó 1.000 años después. Eran todos trabajadores asalariados y personal cualificado, de hecho. Y el faraón Keops, que en realidad no se llamaba así, se llamaba Jufu en egipcio, les construyó una ciudad para que habitaran. En este asentamiento tienen sus viviendas y la superficie de las mismas se otorgaba en función de su cualificación. Esto está absolutamente demostrado. En aquel tiempo, se sintieron incluso privilegiados de poder trabajar allí: les daban vivienda, estaban bien alimentados y, además, estaban también muy protegidos. Médicamente hablando, había un médico por cada 100 habitantes. Y no todas las personas trabajaban en la construcción de la obra, allí estaban todos los oficios conocidos en una ciudad.

-Y sobre las nacionalidades, ¿todos eran egipcios o hubo una mezcla de culturas?

-No, todos eran egipcios. Se podría incluso asegurar que aquello fue una especie de «proyecto nacional», y que se sentían muy honrados de poder trabajar allí y construir esta gran pirámide, algo que creo que nos puede chocar, quizás, hoy en día. Ellos creían que el Estado, más allá de ser dios reencarnado, era una especie de garantía de vida futura para todo el pueblo, en el sentido de que si construían una casa, en este caso una pirámide, el Faraón cuando muriera y fuera enterrado se iría junto a los dioses que viven en las estrellas y desde allí protegería a su pueblo durante miles de años. Estaban absolutamente convencidos de ello.

-¿Se ha perdido el sentido de la trascendencia y de unión del pueblo?

-La civilización del antiguo Egipto se alargó durante 3.000 años. En nuestra cultura judeocristiana todavía nos faltaría 1.000 y, en mi opinión, creo que les hizo perdurar tanto en el tiempo porque no perdieron nunca su identidad como pueblo. Se creían a sí mismos una especie de pueblo elegido. Sentían que cumplían una labor y no perdieron sus costumbres durante esos 3.000 años. Mantuvieron su identidad hasta que ella desapareció con la llegada, sobre todo, de los Ptolomeos y, luego, de la conquista de Roma. Pero durante todo el tiempo anterior se mantuvieron muy fieles a sus costumbres ancestrales.

-Afirma que el ser humano ha cambiado poco desde entonces. ¿En qué aspectos somos iguales?

-Tenemos las mismas emociones ahora que las que tuvieron los protagonistas del libro. Nos vamos a encontrar con personas que se traicionan, que son leales, que tienen pasiones y que, sobre todo, se aman. Esto no ha cambiado absolutamente nada y también hay algo por encima de todo lo demás de lo que hablo en este libro y es la ambición. El ser humano persigue la ambición por encima de todo. Es algo increíble. Llevamos a fuego en la piel esta ambición y lucha por el poder que no hemos abandonado jamás a través de los milenios.

-Sí. Solo hay que echar un vistazo a la política actual...

-Por ejemplo. De hecho, se va a sorprender mucho el lector cuando vea que en la corte de Keops, hace 4.500 años, que cumplía la función de nuestro actual Congreso de los Diputados, ya había gente que quería ascender en la escala social a toda costa y esto desentrañó intrigas, traiciones....

-El trabajo de investigación ha debido de ser complicado...

-Sí. La investigación de este libro me llevó muchísimo tiempo porque fue muy difícil debido a la lejanía del periodo y no es fácil encontrar documentación de esa época. He pasado muchas horas de investigación para escribir esta obra. De hecho, la terminé de escribir en el interior de la pirámide. Yo solo, adentro, a las 2 de la madrugada, escribí las dos últimas páginas.

Las mujeres tienen un poder enorme en el antiguo Egipto

-El faraón era considerado un dios, pero ¿cuál era el papel de las mujeres?

-El faraón tenía muchos hijos con diferentes esposas y las reinas tenían un poder enorme puesto que a cada una debía de darle un reino. Las mujeres tienen un poder enorme en el antiguo Egipto. Cada reina era como si hoy dijísemos un «partido político» que disputaba con el resto de partidos políticos para que sus vástagos o alguno de ellos pudiera suceder al faraón y, sobre todo también, que pudiera acaparar ese poder en otros estamentos de la administración. Porque la administración tal y como la conocemos ya existía y había una administración que se ocupaba económicamente del país; ya existía el divorcio con derechos... Por eso digo que todo estaba ya inventado. Al revés, hemos desnaturalizado durante milenios lo que ya era natural para ellos, es decir, que la mujer ocupaba su lugar y es una posición exactamente igual a la del hombre. Mujeres y hombres estudiaban en las universidades de la época, que eran los templos. Y insultar a una mujer estaba peor visto que a un hombre. Las mujeres se veían como diosas madres, todos conocemos el caso de la diosa Isis. De hecho, la sangre divina la aportaban las mujeres y no los hombres. Yo podría ser un príncipe, pero para sentarme en el trono me tenía que casar con una mujer que fuera la que tuviera la sangre divina.

-La pregunta central del libro, cómo se construyó la Gran Pirámide de Giza, ¿tiene una respuesta o sigue siendo un misterio?

-La Gran Pirámide está envuelta en magia y, sobre todo, por el prodigio arquitectónico que supone. Cómo pudieron llevarla a cabo, cómo se hizo... Está claro que la hizo mano humana -y no a alienígenas- y que costó mucho esfuerzo, mucho trabajo, mucho sufrimiento. El edificio se construyó y hubo que resolver una cantidad de problemas arquitectónicos tremendos. Todos los arquitectos con los que he estado hablando largo y tendido tienen sus propias conclusiones y yo he reunido las mías para poder armar la historia. Solo te puedo decir sin hacer mucho spoiler de mi novela que, sin duda, los antiguos egipcios ante todo eran prácticos. Con los medios que poseían, ciertamente rudimentarios en comparación con los nuestros, tuvieron que elegir el método más sencillo para poder levantar esta magnífica mole. En la novela, se habla, por supuesto, de las famosas rampas. Sí, sin duda se usaron, pero hasta un límite porque a 147 metros de altura es imposible utilizarlas para subir bloques de 60 toneladas de peso. Sin duda, también se utilizaron palancas de brazos articulados. Todavía la pirámide guarda muchos misterios, por ejemplo, la tumba del faraón Keops está por descubrir.

-¿Cuál es el secreto para que se mantenga durante milenios en pie?

-El secreto estriba en la estabilidad de la pirámide. Es estable porque está perfectamente nivelada, hasta unos extremos inauditos. En una superficie que abarcaría cinco campos de fútbol no hay un desnivel del 2%.

-¿Qué hay de la teoría actual de que debajo de la pirámide hay cilindros, según parece, detectados por radares?

-La base de este monumento está sobre una cantera de roca viva, no hay huecos y por tanto no pueden haber cilindros debajo de ella, son inviables. Pirámide es una palabra griega que significa pastel de trigo. Los antiguos egipcios no la llamaban pirámide, la llamaban 'mer', que significa lugar de ascensión, con lo que su propósito de construcción también es evidente: un monumento funerario desde el cual el faraón ascendería a los cielos. Al faraón se le enterraba con cinco barcos alrededor, que eran las únicas naves que tenían para desplazarse, no conocían otras, entonces mágicamente pensaban que el barco también podría navegar por el cielo, puesto que el cielo era una extensión de su propio país.

Las caras de la pirámide eran como espejos cuando daba la luz del sol

-¿Cómo lucía en aquella época?

-Tenemos que comprender que la pirámide en aquel tiempo no fue como la vemos ahora, puesto que cuando se acabó de construir estaba cubierta de un revestimiento blanco purísimo, muy cuidado. Dentro de la pirámide hay bastantes desperfectos. O sea, se ve la mano del hombre, pero el revestimiento que pusieron sí era perfecto. Se hizo con caliza blanca. Las caras de la pirámide eran como espejos cuando daba la luz del sol. Pretendían ejemplificar rayos de sol, del dios Ra, el que da la vida, petrificados. Entonces, claro, esto nos podemos imaginar lo que representaba para ellos. Es decir, era como si la piedra tomara vida y relumbrara.

-¿Cuánto tiempo tardaron en construirlas?

-En construirla en sí entre 18 y 20 años, porque no solamente fue la pirámide, sino también todo lo que hubo alrededor. Es decir, se construyó un templo y todo el recinto estaba amurallado. Es una obra que es un verdadero prodigio. La única de las siete maravillas del mundo antiguo que queda en pie.

-Como egiptólogo ¿qué le ha aportado escribir esta novela?

-Sobre todo el viajar a una época tan lejana y fascinante, porque esa es una época en la cual la identidad del pueblo egipcio está todavía más acusada. Es decir, es una época en la que todavía no había demasiado contacto con los pueblos que rodeaban al país, en la que la corona todavía ostenta todo el poder y en la que están en la cúspide en cualquier disciplina. La medicina del antiguo Egipto estuvo muy adelantada y llegó a tener más de 80 especialidades médicas. Nosotros vivimos en un mundo en el que nos creemos dioses porque tenemos unos avances y una tecnología tremenda pero ellos estaban ya muy avanzados. Tenían habilidad en todos los oficios y eso es, cuanto menos, fascinante.

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