Sánchez no solo despreció al Papa yéndose al Primavera Sound, sino a toda la cultura occidental
No solo fue el rechazo a la figura del Pontífice y lo que representa, sino a toda la cultura occidental que este ha traído a España consigo
El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y el Papa León XIV el lunes pasado en La Moncloa
En unas imágenes casi robadas de la Moncloa se pudo ver el momento en que Sánchez y su mujer, Begoña Gómez, recibían a Ángela Merkel y su marido de manera informal. La excanciller alemana y su esposo saludaban al presidente español y a su legítima en el recibidor del palacio y, acto seguido, Sánchez les cedía el paso al interior. Pero no a Begoña.
El presidente les abrió la puerta a su entonces homóloga alemana y su cónyuge y pasó inmediatamente después, dejando a Gómez la última con la puerta en las narices. Hay gestos que delatan y mucho más, como este, que retrata. No se ve en dichas imágenes que Begoña le deje pasar a su marido como «feminista» orgullosa, sino más bien cómo se queda compuesta y sin desposado mientras este (tan «profundamente enamorado» la ignora (la desprecia) visible y tristemente.
El «one» y su tropa
El feo gesto de Sánchez en la intimidad, sin cámaras salvo la indiscreta que dejó constancia para la posteridad del hecho, no es, ni mucho menos, como se ha podido comprobar en ocho largos años, una rareza. Que se lo pregunten al Rey y los macrodesplantes del presidente vestidos de microdesplantes. Da la impresión de que el actual y ya añoso inquilino monclovita tolera mal la jerarquía superior.
Solo le puede llamar el «one» la baja caterva de la que se ha rodeado y que ha ido apartando a medida que lo ha ido necesitando. Nadie más que esa tropa que florece ahora puede llamarle el «one». Y parece que cuando no se lo llaman o no siente que lo es (porque nunca lo ha sido, no lo es y nunca lo será) utiliza los poderes adquiridos para cerrarle la puerta en las narices a Begoña, al Rey o al Papa.
Parece una frase hecha de exageración, pero es una realidad. Sánchez le cerró, de la misma forma esencial que a su mujer, la puerta en la cara al Papa, en la incapacidad patológica de darle el protagonismo requerido. Se hizo las fotos a su llegada y se marchó al Primavera Sound. Casi no cabe mayor desprecio tácito (ni torpeza política), además de a la figura (y al hombre) del Santo Padre, al momento importante y al mensaje profundo y cultural que este traía consigo.
Gorillaz, The XX o My Bloody Valentine (que está muy bien) frente al Siglo de Oro español que trajo Robert Prevost, y a santa Teresa, san Juan de la Cruz, san Agustín o santo Tomás de Aquino como faros de la cultura occidental a los que Sánchez rechazó de facto como inevitable faro que pretende ser de un Occidente distinto, relativista y alejado de sus pilares.
Quince años sin visita del Papa
Hay Primavera Sound todos los años y la última visita a España de un Papa antes de León XIV había sido la de Benedicto XVI en 2011: quince años. ¿Se podía haber excusado este año la asistencia del «one» al festival en Barcelona para estar donde se debe y comportarse no solo como un presidente responsable y respetuoso, sino como un hombre responsable y respetuoso, en vez de como un sectario sin escrúpulos (y sin visión) que desatiende en feo ademán la visita de no solo un líder religioso, sino probablemente del jefe de Estado más influyente del mundo?
Se hubiera podido de existir el más mínimo atisbo de persona responsable y respetuosa y de un jefe de Gobierno digno de llamarse así, pero no es el caso a la vista de los repetidos acontecimientos: es el individuo que es capaz de cerrar la puerta en las narices a su esposa y de cerrársela al mismísimo Papa y con ello a toda la cultura occidental y el pensamiento humanista que trae estos días consigo.