Sergio Ramírez, en una imagen reciente
Entrevista al elegido nuevo miembro de la RAE
Sergio Ramírez: «No he encontrado fronteras lingüísticas al estar en País Vasco, Cataluña o Galicia»
El autor nicaragüense y exiliado político en España publica 'La maldición de Ramfis', una nueva entrega de la saga del inspector Morales donde vuelve a poner el foco en Nicaragua y la dictadura del país
Tras su elección como académico de la RAE en mayo de 2026 para ocupar la silla L correspondiente al desaparecido Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez anuncia a El Debate en la gira de su nuevo libro 'La maldición de Ramfis' (Alfaguara) que su discurso posiblemente será en otoño. Emoción contenida hasta entonces que se traducirá en júbilo, pues si hay algo que ama el nicaragüense es escribir y estudiar las palabras.
-Con La maldición de Ramfis regresa al universo del inspector Morales. ¿Qué le lleva a continuar esta saga?
-Visto desde la perspectiva de una novela policíaca, la historia del inspector Morales sigue abierta en la medida en que las circunstancias en donde estas historias se desarrollan siguen siendo llamativas, ya que están relacionadas directamente con la realidad política de Nicaragua. El narrador conserva la distancia al mismo tiempo a través del humor o del escepticismo y la mirada crítica expresada por el personaje de lo que está ocurriendo. El país se ha convertido en un medio de corrupción y de enjuague, de lavado de dinero, de tráfico de migrantes... Es decir, una cosa muy distinta de lo que él aprisionó para su país.
-¿La novela sirve como denuncia?
-No me gusta mucho la palabra denuncia porque eso le da a la novela una especie de propósito didáctico. Pero es una lectura que lleva a enterarse de la realidad de un país que hoy en día está muy poco en los medios de comunicación o en los titulares y tiene esta realidad oculta que poco se conoce, pero que es muy similar a la que se vive en otros países de América Latina. El autoritarismo y la corrupción que trae el autoritarismo. Y claro, en la medida en que una novela sea atractiva, va a provocar en el lector una mirada crítica sobre ese país.
-¿Por qué cree que Nicaragua no le interesa a los medios?
-Nicaragua no es un país que tenga importancia geopolítica. Es una dictadura. Es un lugar perdido de Centroamérica que en los años 80 del siglo pasado vivió una verdadera epopeya y que sí tuvo la atención de los medios de comunicación. Pero hoy en día hay otros casos de otros países de América que llaman muchísimo más la atención. El caso de Venezuela. Es un país que tiene una importancia política muy grande y, además, tiene riquezas estratégicas y por eso es tan codiciado. Luego está Cuba, que está tan cerca de Estados Unidos que provoca una atención permanente. Nicaragua está en tercer plano.
-Con La maldición de Ramfis se pone de nuevo en el mapa comunicativo a Nicaragua...
-La novela policíaca se convierte necesariamente en una novela de política cuando se refiere a países de América Latina en donde las reglas del juego institucional son tan distintas. La novela anglosajona parte de la base de que la institucionalidad judicial es respetada, que los jueces son soporte, que los fiscales son incorruptibles. En América Latina es, y en Nicaragua particularmente, lo contrario. Es decir, la justicia está totalmente politizada, no solo corrompida, sino que la justicia se usa como arma de venganza. Las sentencias a prisión son arbitrarias, se hacen juicios secretos que no son ventilados en público, la represión es el Estado. Entonces tiene esta esta consecuencia que no es evitable porque esta situación es anormal. Si existiera normalidad el tipo de relato sería distinto, pero la la vida pública está directamente conectada con lo que pasa en la vida privada.
-Como nicaragüense exiliado en España ¿cómo vive la situación de su país?
-Me duele mucho. No hay que olvidar que nos separa un océano, pero siempre estoy pendiente de lo que ocurre en Nicaragua. No es fácil enterarse porque no hay medios de comunicación libres dentro del país. Toda la información se elabora fuera de la frontera con periodistas exiliados y hay mucha represión interna. Hay imposición de silencio, miedo. No es fácil darse cuenta de lo que pasa dentro.
-Entiendo que conserva familiares y amistades allí que le pueden contar la situación...
-Claro, pero con cierto límite. Las conversaciones telefónicas o unos mensajes por internet son peligrosos. La gente tiene miedo y uno tiene cuidado de no contaminar a la gente, no involucrarla. Entonces, en este sentido, también la comunicación con familiares o amigos se hace difícil.
En América Latina la justicia está totalmente politizada, no solo corrompida, sino que se usa como arma de venganza
-¿Escribir le ha ayudado a sobrellevar el peso del exilio? ¿Qué le ha aportado personalmente en la vida?
-La vida es muchas cosas a la vez. Tiene etapas y lo que me ha determinado en cada una de ellas ha sido la escritura. Es una necesidad vital. Yo no podría hacer otra cosa que ser escritor. Puedo hacer otras cosas pero siempre estaré regresando a la escritura como mi oficio esencial.
-Acaba de ser elegido miembro de la RAE. ¿Qué ha significado para usted este nombramiento?
-En primer lugar, ha significado que como exiliado político, viniera a España. Después llegó el Premio Cervantes, con el que se me concedió la ciudadanía por decreto del Consejo de Ministros. Vine a España en una situación muy precaria. Ahora han pasado cinco años y ya me he incorporado a la vida social y cultural de España. Siento que pertenezco a este lugar. Entonces este nombramiento viene a coronar, de alguna manera, este proceso de asentamiento en España.
-¿Y qué horizonte le queda a un escritor después del Premio Cervantes?
-Un escritor que piensa que el premio es su propio trabajo literario porque los premios son una consecuencia. Cuando uno recibe un premio se siente muy contento, satisfecho, feliz. Es decir, sería un absurdo decir que un premio es tristeza o preocupación, pero el hecho de dedicarse a la escritura es ya el premio.
-¿Cuándo prevé pronunciar su discurso de ingreso en la RAE?
-Creo que en el otoño. No lo he convenido todavía. No me he podido reunir con él director de la Academia, pero yo pienso que podrá darse a finales de octubre y noviembre de este año.
-¿Ya ha decidido el enfoque que le va a dar a su discurso?
-Sí. Quiero dedicar mi discurso a hacer una reflexión sobre la obra de Mario Vargas Llosa.
-¿Siente el peso simbólico de suceder a una figura de tal magnitud?
-Hay una cierta incomodidad de sentarse en esa silla (risas).
-¿Qué cree que puede aportar a la RAE desde su experiencia como escritor?
-El gusto para mí de trabajar las palabras. La Real Academia es un verdadero laboratorio de palabras, de las reglas de escribir. Estar sentado ahí, hablando del idioma... para mí es un privilegio. Desde América Latina la RAE se percibe como una institución muy respetada.
-¿Cómo valora el estado actual del español en el mundo?
-El español es la lengua muy expansiva. No es una lengua que tiende a reducirse o a fragmentarse, sino que tiene una dinámica muy grande y es expandiendo, siempre buscando nuevas fronteras. Ahora la nueva frontera son los Estados Unidos. Allí ya es la segunda lengua y goza de buena salud. Es una lengua muy diversa que tiende a encontrarse con otra lengua. En el Río de la Plata se mezcló mucho con el italiano; en Centroamérica, con las lenguas caribes e indígenas y en Corralejo, con muchos temas de la lengua africana. Es decir, es una lengua muy expansiva y progresiva. Tiene mucha vitalidad.
-¿Cómo valora la situación del español en España donde las autonomías separatistas tratan de arrinconarlo?
-La naturaleza misma de España es que es un país multicultural, multilingüe. Alguna comunidad autónoma tiene su propia lengua, distinta de la del español, pero yo siento que el español se habla en todo el territorio y coexiste con estas otras lenguas. No he encontrado fronteras lingüísticas verdaderas al estar en País Vasco, Cataluña o Galicia. Son lenguas alternas, muy respetables obviamente pero por ahora me parece que hay una coexistencia con el español en todas.
-Decía que el español es una lengua muy viva. ¿Qué le parecen las nuevas palabras de los jóvenes de hoy en día como bro o cringe?
-La nación tiene su propio vocabulario, con el que cada generación terminó. Algunos sobreviven, otros mueren. Muchos términos que se usaban cuando yo era joven en Nicaragua ya han perecido o se volvieron a usar. Y esto corresponde a la dinámica de la lengua. Una lengua siempre está inventándose. Puede ser que yo, a la edad que tengo, ya no entienda algunas de esas palabras. Es natural. Hoy he visto que el Papa hacía una señal que le llaman six seven y no sé qué quiere decir eso.
-Sí. No significa nada en concreto. Es como expresar el 'como a medias' nuestro.
-Estoy aprendiendo algo nuevo.