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El nacimiento de Venus de Botticelli

La musa de Botticelli no murió de tuberculosis: un tumor cerebral pudo acabar con su vida a los 23 años

Un estudio internacional sostiene que Simonetta Vespucci sufrió una apoplejía hipofisaria causada por un adenoma pituitario, cuyos síntomas podrían apreciarse en varios de los retratos

La muerte de Simonetta Vespucci, la mujer que inspiró algunas de las obras más célebres de Sandro Botticelli, sigue despertando interés más de cinco siglos después. Un nuevo estudio internacional sostiene que la musa de El nacimiento de Venus no falleció de tuberculosis, como se creyó durante siglos, sino a consecuencia de un tumor en la hipófisis que derivó en una grave emergencia médica cuando apenas tenía 23 años.

La investigación, publicada en la revista científica Endocrinology, Diabetes & Metabolism, ha sido realizada por especialistas de la Queen Mary University de Londres, la Università Campus Bio-Medico de Roma y la Universidad de California. Sus conclusiones refuerzan una hipótesis planteada hace siete años por el mismo equipo, que ya apuntaba a que Simonetta padecía un adenoma hipofisario.

Ahora, tras el análisis de nuevos documentos históricos, los investigadores consideran que la expansión repentina del tumor provocó una apoplejía hipofisaria, una complicación potencialmente mortal causada por una hemorragia o un infarto en la glándula pituitaria.

Simonetta VespucciTEF

Nacida como Simonetta Cattaneo en Liguria el 28 de enero de 1453, fue una de las figuras más admiradas de la Florencia renacentista. El humanista Angelo Poliziano la bautizó como La Sans Par ('La Incomparable') por su belleza, inteligencia y modales. Casada con Marco Vespucci, miembro de una influyente familia florentina, mantuvo una estrecha relación con los círculos de poder de Lorenzo y Giuliano de Médici.

Su imagen fue inmortalizada en al menos cinco retratos de Botticelli. Tras su muerte en 1476, recibió uno de los mayores honores reservados a las grandes figuras del Renacimiento: su cuerpo fue expuesto al público vestido de blanco y con el rostro descubierto para que los ciudadanos pudieran rendirle homenaje. Sus restos descansan en la iglesia florentina de Ognissanti, donde décadas después el propio Botticelli pidió ser enterrado a sus pies.

Los síntomas de sus últimos días

Las cartas intercambiadas entre Piero Vespucci y Lorenzo de Médici han sido fundamentales para reconstruir sus últimos días de vida. Según explica la doctora Domiziana Nardelli, primera autora del estudio, Simonetta sufrió un colapso durante un baile y posteriormente permaneció recluida en una habitación oscura aquejada de intensos dolores de cabeza, alucinaciones, vómitos y fiebre elevada.

Los investigadores consideran que estos síntomas son compatibles con una rápida expansión de un adenoma hipofisario.

El trabajo también plantea que el esfuerzo físico del baile pudo precipitar la crisis médica. Asimismo, recoge la hipótesis histórica de que una agresión sexual atribuida a Alfonso II de Aragón, duque de Calabria, pudo haber contribuido al desenlace fatal, aunque los autores reconocen que no existen evidencias concluyentes al respecto.

La enfermedad reflejada en sus retratos

El estudio va un paso más allá al sugerir que algunos de los rasgos físicos que durante siglos han sido interpretados como ideales de belleza renacentista podrían ser manifestaciones clínicas de la enfermedad.

Uno de ellos es el ligero estrabismo que presenta Venus en el célebre cuadro de Botticelli. Lo que posteriormente fue considerado un símbolo de belleza y espiritualidad podría deberse, según los investigadores, al crecimiento del tumor, capaz de afectar a estructuras nerviosas relacionadas con la visión.

Retrato de Sandro BotticelliHA

Además, los científicos han analizado mediante un algoritmo de reconocimiento facial basado en inteligencia artificial los cinco retratos atribuidos a Simonetta. Sus conclusiones apuntan a que la evolución de determinados rasgos faciales sería compatible con un adenoma secretor de prolactina y hormona del crecimiento.

El profesor Paolo Pozzilli, uno de los autores principales del estudio, destaca además un detalle especialmente llamativo en el Retrato alegórico de una mujer, atribuido a Botticelli. La figura aparece lactando pese a que Simonetta nunca tuvo hijos, una representación que podría reflejar la galactorrea, una secreción anómala de leche asociada precisamente al exceso de prolactina provocado por este tipo de tumores.

Cinco siglos después de convertirse en uno de los rostros más reconocibles del arte occidental, Simonetta Vespucci continúa revelando nuevos enigmas. La mujer que encarnó el ideal de belleza del Renacimiento podría haber dejado, sin saberlo, las huellas de su enfermedad plasmadas para siempre en los lienzos de Botticelli.