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Del Louvre al MoMA: dónde se conservan diez de los cuadros más importantes de la historia

Las obras seleccionadas recorren cinco siglos de historia del arte y hoy se conservan en algunos de los museos e iglesias más importantes del mundo

A A lo largo de los últimos cinco siglos, la pintura ha mutado de la belleza clásica a la ruptura de las vanguardias, de lo clásico a lo moderno. Pero hay cuadros que han logrado imponerse al paso del tiempo. Son obras maestras que, generación tras generación, se han convertido en testigos de la historia.

Elegir solo diez nunca dejará satisfechos a todos. Aun así, hay pinturas cuya influencia trasciende museos y fronteras. Obras que han marcado un antes y un después y que hoy forman parte del patrimonio cultural de la humanidad.

El Alto Renacimiento —entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI— está considerado la cumbre de la pintura occidental. De las diez obras seleccionadas, cuatro fueron realizadas entre 1486 y 1519, e Italia se convirtió en el epicentro de una revolución artística. Se abandonó la rigidez medieval para recuperar la proporción, la perspectiva y el estudio del cuerpo humano inspirados en la Antigüedad clásica.

Obras como El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli, marcaron el regreso de la mitología al gran arte europeo, mientras que Leonardo da Vinci revolucionó el retrato con La Gioconda y llevó la composición narrativa a un nuevo nivel con La última cena.

Leonardo da Vinci

Leonardo da Vinci

Poco después, Miguel Ángel inmortalizó La creación de Adán en la bóveda de la Capilla Sixtina, una de las imágenes más reconocibles de la historia del arte.

La búsqueda del realismo alcanzó una nueva dimensión con el Barroco, durante el siglo XVII. La luz, el movimiento y los efectos visuales pasaron a ser elementos fundamentales para emocionar al espectador. En este periodo nacieron Las meninas y La joven de la perla, dos obras que siguen siendo referentes de la pintura occidental.

Con el postimpresionismo, la realidad dejó de ser suficiente y, a finales del siglo XIX, algunos artistas comenzaron a pintar lo que sentían, no lo que veían.

Vincent van Gogh – Autorretrato con la oreja vendada (1889)

Vincent van Gogh – Autorretrato con la oreja vendada (1889)Wikimedia Commons

Esa transformación quedó plasmada en La noche estrellada. Pintada por Vincent van Gogh durante su estancia en el sanatorio de Saint-Rémy-de-Provence, convierte un paisaje cotidiano en una representación de su estado emocional gracias a sus pinceladas ondulantes y a un cielo en permanente movimiento.

A finales del siglo XIX, en el expresionismo, el lienzo se convirtió en un espejo de las emociones humanas. Se relegó la belleza clásica a un segundo plano para mostrar la angustia, el miedo y la incertidumbre. Ninguna obra resume mejor ese cambio que El grito de Munch, inspirado en una crisis de ansiedad que el propio artista relató tras un paseo al atardecer.

Salvador Dalí legó en su testamento al Estado su obra y bienes

Salvador DalíGTRES

Los sueños irrumpieron en los museos con el surrealismo, que desafió la lógica y abrió la puerta al subconsciente, donde el tiempo podía derretirse y las leyes de la realidad dejaban de tener sentido. De esa revolución nació La persistencia de la memoria, de Dalí. Los relojes blandos de Dalí desafiaron la percepción del tiempo y se convirtieron en una de las imágenes más reconocibles del siglo XX.

La guerra también transformó la pintura. Aunque el cubismo había nacido décadas antes, Picasso llevó su lenguaje al compromiso político con Guernica, un cuadro que convirtió el horror de la Guerra Civil española en un símbolo universal contra la violencia.

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