Una incomprensible decisión del presidente le niega la merecida Puerta Grande a Manuel Escribano
Muy seria y muy interesante corrida de Miura
Manuel Escribano, con el segundo de su lote
Si a la gran presentación y arboladura de los toros que se eligen para San Fermín se une el nombre de la mítica divisa de Miura, aumenta el respeto por los toreros que los lidian: dos especialistas en esta ganadería, Manuel Escribano y Pepe Moral, y un especialista en conectar con el público de Pamplona, el venezolano Colombo.
Por la mañana, en el encierro, los Miuras también han mostrado su singularidad: después de una carrera muy rápida, justo al llegar a la puerta de entrada a los chiqueros, los seis no han querido entrar, han vuelto grupas y han dado la vuelta al ruedo, antes de acceder a los corrales, todos juntos. Recuerdo lo que me solía decir don Eduardo Miura padre sobre sus toros: «¡Esta gente!»…
Esta tarde, Los Miuras han lucido una gran seriedad: toros altos, largos, bien armados; cinco, cárdenos; todos, con más de seiscientos kilos. Además de todo eso, han dado un juego muy interesante: varios, manejables; el último, muy bravo. Una de las mejores corridas de Miura de los últimos años.
Con el peor lote, Pepe Moral no se ha confiado. Colombo ha cortado un trofeo y ha abusado de los gestos al público. Manuel Escribano, muy firme, ha cortado una oreja en el primero y se la han negado en el cuarto, de forma incomprensible.
Manuel Escribano, de Gerena, es un diestro muy poderoso y un gran banderillero. Ha obtenido importantes éxitos con Miuras y Victorinos. Es uno de los toreros que más cuida su preparación física. Aunque lidie este tipo de toros, suele acudir a portagayola y asustarnos con un par de banderillas al quiebro, por dentro. Ha tenido mucho eco su libro autobiográfico, escrito con la colaboración de Antonio Ramírez de Arellano, Las verdades de Manuel Escribano (ed. El Paseíllo).
Escribano recibe a portagayola a uno de sus Miura este lunes en San Fermín
Escribano cita al segundo de su lote para ponerle un par de banderillas
Ha lucido esta tarde un espectacular vestido azul y oro, que ya conocíamos, con la Giralda bordada en la taleguilla y el Giraldillo, en la espalda. Ni el dibujante Martínez de León, con su personaje Oselito, ha superado ese andalucismo.
A pesar de que Manuel llega con una lesión en el hombro, acude a portagayola en sus dos toros. El primero, el único cinqueño, luce cierta nobleza pero humilla poco y tiene corta la embestida. Después de compartir banderillas con Colombo, Escribano, muy firme, muestra mucho oficio en muletazos de uno en uno, porque el toro no repite. Con decisión, deja una estocada tendida: oreja.
El cuarto, alto, muy armado, va bien al caballo y recibe un buen puyazo de Juan Peña. Como el tercer par, muy arriesgado, queda bajo, Escribano coloca un cuarto par de banderillas. Comienza por alto, con la mano en la barrera. Muy seguro, le va sacando muletazos de mérito. Acaba metido entre los pitones, sin una duda. Deja media estocada de rápido efecto, de la que el toro cae sin puntilla. Inexplicablemente, el Presidente no concede la oreja, que le hubiera supuesto la merecida salida en hombros.
De Los Palacios es Pepe Moral, un torero muy técnico, que torea con gusto incluso a reses de divisas duras; eso sí, cuando se lo permite su ánimo, algo inestable. Después de un parón, consiguió recuperarse.
El segundo toro, con 635 kilos, parece flaco… Miden el castigo, en el caballo. En banderillas, el toro corta, va a peor. Después de intentar ahormarlo con suaves doblones, le saca el diestro algunos naturales (por la derecha, el toro queda más corto). Una labor correcta, con más oficio que brillo. Mata sin confiarse.
El quinto embiste con codicia al capote pero queda corto. Empuja en el caballo, le pegan fuerte y lo acusa. Aún así, embiste con nobleza. Pepe Moral traza algunos naturales con buen estilo pero la faena no cuaja y, esta vez, tampoco se confía, al matar. Al final, el toro, muy herido, casi da una vuelta entera al ruedo, al hilo de las tablas: una reacción típica de los Miuras. (Recuerdo lo mal que lo pasó un diestro mexicano, en la Maestranza, en un trance semejante). Con el peor lote, Pepe Moral no ha tenido una buena tarde.
Jesús Enrique Colombo es hijo de un matador de toros. Aunque es venezolano, se formó en la Escuela de Tauromaquia de Madrid. Como otros toreros hispanoamericanos, su estilo es atlético y vistoso, es un banderillero espectacular. Recuerda algo a los hermanos Girón y a Morenito de Maracay. Le cuesta que lo acepte el exigente público madrileño pero viene de obtener grandes éxitos, el mes pasado: ha indultado un toro de Robert Margé, en Istres, y otro, de Paiján, en la Feria peruana de Cieneguilla. Eso habla de su buen momento de forma.
Colombo, con un capote que desea fuerza a Venezuela, recientemente sacudida por un doble terremoto
Colombo ha conectado con el público joven de la plaza
En Pamplona, Colombo se siente como en su propia casa: tres años seguidos, salió a hombros. Conecta fácilmente con los mozos: eso es un virtud pero puede convertirse en un defecto, si exagera los efectismos y los gestos, para provocar la aprobación de los tendidos de sol. (Siempre se ha acusado a los políticos demagogos de que «torean para la galería»: ahora mismo, ¿recuerdan algún caso?).
Esta tarde, Colombo luce un capote con el rótulo «Fuerza Venezuela»; también brinda a su país este toro, que se ha partido el pitón izquierdo por la cepa. Es pronto y obediente pero sale de la suerte con la cara a media altura. Colombo no para de hacer gestos al público, pidiendo aplausos: lo siento pero eso no puede gustarme. El trasteo no cuaja, se prolonga sin fruto, recurre a rodillazos. La estocada queda trasera y caída pero vemos la hermosa muerte de un toro bravo, embistiendo: oreja muy generosa.
El último, un castaño oscuro espectacular, humilla muy bien desde que aparece en el ruedo. Cumple en varas. Quita Colombo por zapopinas. Después de pasar en falso, coloca el tercer par al violín, con una boina roja en la mano. El toro, el mejor de la corrida, embiste con noble bravura. Comienza Colombo sentado en el estribo y rodilla en tierra. Después de muchos muletazos sin relieve, tira de recursos. Con tantos gestos y tantos tiempos muertos, todo se ha alargado demasiado. Deja media tendida y trasera, no llega a abrir la Puerta Grande.
El resumen es claro: con una espectacular e interesante corrida de Miura, Manuel Escribano ha estado firme y serio, como un buen profesional. Merecía haber salido a hombros.
No me gusta comentar las decisiones de los Presidentes sobre la concesión de trofeos pero lo de esta tarde –siento decirlo– me ha parecido lamentable. Sin exigencia y sin criterio, el nivel taurino de la Plaza ha quedado por los suelos.
FICHA
- Pamplona. Feria de San Fermín. Lunes, 13 de julio de 2026. «No hay billetes».
- Toros de Miura, serios, largos, bien armados, de juego interesante. Destaca el excelente sexto.
- MANUEL ESCRIBANO, de azul y oro, estocada tendida (oreja). En el cuarto, media trasera sin puntilla (aviso, petición y vuelta y bronca al Presidente).
- PEPE MORAL, de blanco y plata, media atravesada y descabello (silencio). En el quinto, dos pinchazos, estocada tendida y tres descabellos (aviso, pitos).
- JESÚS ENRIQUE COLOMBO, de rioja y oro, estocada trasera y caída (aviso, oreja). En el sexto, media trasera y tendida y descabello (dos avisos, ovación de despedida).