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Daniel García-Pita Pemán

Entrevista al nieto de José María Pemán

Daniel García-Pita: «La gente se sorprendería de hasta qué punto lo que escribió mi abuelo Pemán sigue siendo actual»

El nieto mayor del escritor gaditano reivindica, 45 años después de su muerte, la vigencia de su obra y lamenta que se simplifique su figura histórica: «Nunca estuvo en un Gobierno de Franco»

Cuarenta y cinco años después de su muerte, José María Pemán (Cádiz, 1897-1981) continúa siendo una de las figuras más influyentes y debatidas de la literatura española del siglo XX. Poeta, dramaturgo, articulista, académico y periodista, el escritor gaditano dejó una obra monumental que abarca miles de páginas y que va desde las célebres 'Terceras' de ABC hasta sus Memorias, pasando por el teatro, la poesía y la narrativa.

Su nombre, sin embargo, ha quedado eclipsado en ocasiones por el debate político y la controversia. En los últimos años se han retirado calles, bustos y homenajes dedicados al escritor al amparo de las leyes de memoria democrática. Admirado por unos y cuestionado por otros, Pemán continúa despertando pasiones cuatro décadas después de su fallecimiento.

José María Pemán en 1961GTRES

Con motivo del 45º aniversario de su muerte, El Debate conversa con su nieto mayor, Daniel García-Pita Pemán, quien reivindica la vigencia de sus escritos y el carácter abierto y profundamente irónico de su abuelo.

—Han pasado 45 años desde la muerte de su abuelo. ¿Qué es lo que más sorprendería a José María Pemán de la España de 2026?

—Mi abuelo era una persona extraordinariamente abierta a todo lo que ocurría a su alrededor. No creo que le sorprendiera excesivamente la España de 2026. La habría analizado, como hizo siempre con su tiempo.

Sus «Terceras» de ABC son un buen ejemplo de ello. Escribía sobre política internacional, sobre España y sobre todos los asuntos que afectaban a la vida de los españoles. Le interesaba todo.

No era un gran conocedor del fútbol, pero acabó apasionándole. Recuerdo ir con él al Trofeo Carranza y también le interesaban muchísimo los toros. De hecho, murió volviendo de una corrida de Rafael de Paula en Jerez.

José María Pemán en 1980GTRES

Estoy convencido de que habría escrito sobre Trump, sobre las guerras o sobre la situación política española. Lo habría hecho con la fina ironía que le caracterizaba. Habría escrito artículos divertidísimos, pero jamás ofensivos. Esa era una de sus grandes virtudes: sabía analizar la actualidad sin caer en el insulto.

—¿Cree que José María Pemán podría publicar hoy en España lo mismo que escribió hace cincuenta o sesenta años?

—Por supuesto que podría y creo que la gente se sorprendería de hasta qué punto lo que escribió sigue siendo actual. Él iba siempre al fondo de los temas, pero, insisto, sin ofender y de una manera irónica y sutil. Y eso yo creo que siempre se acepta.

Para que veas el carácter de la persona que era, te cuento uno de sus relatos. Tenía muchos cuentos, y uno de ellos narra la historia de una joven muy guapa de un pueblo de la Sierra de Cádiz cuyo novio se marcha a la guerra de África. A él le encantaba su larga melena y ella le promete a la Virgen del pueblo que, si su novio regresa sano y salvo, se cortará el pelo.

El novio vuelve sano y salvo, ella cumple su promesa y se corta el pelo, pero él la deja porque ya no le gusta sin él. Es una ironía fuerte, sí, pero al mismo tiempo una enorme sutileza. Era muy irónico.

—¿Le preocupa que las nuevas generaciones conozcan más las polémicas que rodean a Pemán que su propia obra literaria?

—Eso siempre es un error y, en este caso, es un error lamentable.

Por ejemplo, cuando se le reduce únicamente al franquismo, que es algo que va implícito en muchos discursos actuales. España estuvo dividida durante la Guerra Civil y mi abuelo, a quien Franco quiso hacer ministro en su primer Gobierno, no aceptó el cargo. Formó parte inicialmente de la Junta Técnica del Estado y, en cuanto pudo, se marchó. Nunca quiso formar parte de ningún Gobierno.

Cuando murió Franco, yo le acompañé, como miles de personas más, a verle. Hicimos cola durante horas. Ahora bien, ¿era franquista? Mi abuelo era, sobre todo, monárquico. De hecho, le molestó que Franco no hubiera restituido antes la Corona en la persona de don Juan.

La sociedad española respetaba entonces el régimen que había, pero sus artículos eran masacrados continuamente por la censura. No había uno que no volviera con anotaciones del lápiz rojo. Era algo permanente. Después, con inteligencia y sutileza, él encontraba la manera de decir lo que quería decir.

—En los últimos años se han retirado calles, bustos y homenajes dedicados a su abuelo. ¿Cree que España ha sabido contextualizar su figura histórica o que ha optado por simplificarla?

—No, yo creo que eso es un ejemplo de ignorancia absoluta. Los honores que recibió mi abuelo se le concedieron por su condición de literato, y eso es lo que siempre fue.

Nunca estuvo en un Gobierno de Franco, insisto. Fue presidente de la Real Academia Española y luchó para que escritores que estaban exiliados pudieran volver a España. Eso le costó, además, muchas antipatías dentro del régimen.

Por eso creo que estas decisiones responden, en gran medida, a una visión visceral e ignorante de su figura.

—¿De todos los textos que escribió sobre España hay alguno que considere especialmente vigente en nuestros días?

—Yo destacaría, por ejemplo, sus Memorias, especialmente la parte dedicada a la dictadura de Primo de Rivera. Es un periodo de la historia de España que no se conoce bien y sobre el que escribió páginas muy interesantes.

Daniel García-Pita Pemán, en la redacción de El Debate

Pero, en general, creo que toda su obra mantiene una gran vigencia. Su visión de España y de los españoles era muy profunda. Miles de sus artículos giran en torno a ellos, especialmente sus «Terceras» de ABC, y muchos de los asuntos que abordó siguen estando presentes hoy.

No creo que España haya variado tanto como a veces pensamos. Por eso considero que buena parte de lo que escribió sigue siendo plenamente actual.

—Si hoy tuviera delante a un joven de 25 años que nunca ha leído a Pemán, ¿qué obra le recomendaría y por qué?

—Es difícil quedarse con una sola. Sus obras completas ocupan cinco o seis volúmenes en papel biblia y reúnen miles de páginas.

A mí me divierten mucho sus Memorias. Es verdad que hay algunas cosas que, con el paso del tiempo, han quedado un poco fuera de lugar, pero siguen siendo muy interesantes. Y si es una persona aficionada a la narrativa, le recomendaría sus cuentos, que son divertidísimos. Pemán escribía con mucha profundidad, pero también con mucho humor.

José María Pemán

Quizá lo menos actual sea su teatro, pero todo lo demás mantiene una gran vigencia. Su poesía responde a la tradición de los grandes poetas andaluces y sus artículos siguen siendo muy entretenidos.

Creo que un joven se sorprendería si cogiera uno de los tomos de las obras de Pemán y se pusiera a leerlo.

—¿Cuál cree que es el mayor malentendido que existe hoy sobre José María Pemán?

—La gente considera que José María Pemán era un señor atrabiliario, un conservador extremo. Eso es absolutamente falso.

Era un hombre abierto a todo lo nuevo y, como todas las personas irónicas y sutiles, criticaba las cosas que no le gustaban. Pero pensar que Pemán era una especie de monstruo del siglo XVIII no tiene absolutamente nada que ver con quién fue realmente. Pemán estaba abierto a todo lo nuevo, pero con un espíritu crítico siempre expresado con una ironía sutil que no caía jamás en el insulto. Tenía alma de buen periodista.

Creo que mucha gente se sorprendería si leyera sus obras.