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El astrolabioBieito Rubido

Templanza, serenidad y valentía en El Debate

Solo un apunte, señor Albares: todavía vivimos en democracia. Digo todavía porque las aviesas intenciones de Sánchez y usted se ven a las leguas. En democracia, por tanto, un ministro no manda en un medio de comunicación. En este, desde luego, su autoridad moral es inferior a cero

En estos tiempos de tanta efervescencia política y crispación social, la serenidad es una de las mejores maneras de demostrar la valentía. Lo digo a propósito de dos hechos ocurridos en las últimas horas que vienen a demostrar la necesidad que tenemos todos de darnos un paseo por la arboleda de la templanza, respirar más aire de tolerancia para otear el futuro con cierto optimismo. Si nos ceñimos a lo que ahora mismo padecemos, solo se nos ocurre salir escapando de este maravilloso país, llamado España, y yo, desde luego, no pienso hacerlo. Me quedaré en el solar de mis antepasados, a pesar de Sánchez y Albares. Lo haré también a pesar de los airados conciudadanos que ven una guerra en cada piedra del camino.

Mi buen amigo Daniel García-Pita Pemán, tal vez el mejor mercantilista de España del último medio siglo tras don Joaquín Garrigues, escribió junto a varios de sus primos un artículo en El Debate titulado El honor y la infamia, donde reivindicaba la figura de su abuelo, el insigne José María Pemán, a propósito de una defensa que este último hizo de la lengua catalana en una Tercera de ABC en 1970. Desde luego, nada de eso hizo el abuelo requeté de Urtasun, ministro de Cultura, que zahiere un día sí y otro también la figura del difunto Pemán. Esto último es de mi cosecha y no aparece en el templado y sereno artículo que Daniel y sus primos publicaron en este diario, donde sigue alojado y puede ser leído cuando se quiera por quien así lo desee.

Daniel, que fue siempre hombre de concordia sin renunciar a sus principios, como debe ser un buen abogado, quedó ayer sorprendido por el tono de los comentarios de los lectores, muchos de ellos guarecidos en la cobardía del seudónimo. No está acostumbrado a esas descalificaciones de una y otra orilla del río incesante de la opinión pública. Si por algo se caracterizaba el texto de los nietos de Pemán era por la templanza.

Serenidad y moderación son también algunas de las características de Mariano Rajoy, quien fue durante siete años presidente del Gobierno de España y al que nunca agradeceremos lo suficiente su colaboración en El Debate. Su análisis de la victoria de España sobre Bélgica sigue alojado en nuestro diario y sigue siendo leído por miles y miles de lectores, como viene siendo habitual cuando aparecen sus colaboraciones. No lo vamos a retirar. Solo faltaría. Mis compañeros Luis Ventoso y Ramón Pérez-Maura les ofrecen hoy mismo abundantes argumentos para defender el texto de Rajoy. No voy, por tanto, a redundar en ello. Solo un apunte, señor Albares: todavía vivimos en democracia. Digo todavía porque las aviesas intenciones de Sánchez y usted se ven a las leguas. En democracia, por tanto, un ministro no manda en un medio de comunicación. En este, desde luego, su autoridad moral es inferior a cero. Cuando de verdad defienda los intereses de los españoles y se deje de crear incendios como si fuese un bombero pirómano, tal vez comience a ser merecedor de un poco de respeto.

La serenidad y la templanza cimentan la valentía. Llevamos cuatro años largos informando a los españoles sobre la arbitrariedad de un Gobierno protagonista de una corrupción sin precedentes, no solo económica, sino también moral. El catálogo es amplio. Y además, señor Albares, ustedes no ganaron las elecciones. Tal vez su talla moral no dé para más.

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