María Blanchard
El Prado adquiere el Blanchard más familiar de la autora: un retrato de su sobrina
Los herederos de la famosa pintora cántabra han donado un retrato perteneciente a su etapa costumbrista
María Blanchard es una figura controvertida dentro del arte. Casi desconocida dentro del mundo artístico. Cada vez son más, los que reivindican su figura, destacando sus herederos, quienes conscientes de su misión por mantener el legado artístico de la pintora, aportan un gran número de las obras que conservan a los museos.
Tal es el caso de la reciente adquisición del Museo del Prado, El retrato de Regina. Este no está firmado, aunque todas las fuentes y registros apuntan a que fue realizado por la artista cántabra en su estancia en Granada.
Blanchard, nació en el seno de una familia burguesa en Santander. Su padre, un importante intelectual liberal, contribuyó de sobremanera a su formación y vocación artística. Además, María fue una figura sumamente trágica: padecía de cifoescoliosis (una malformación de la columna) y miopía. Era este primer defecto algo que la perseguía y la martirizaba constantemente ya que, aparte de los dolores físicos, debía de lidiar con las burlas, risas y supersticiones de aquella España decadente y atrasada.
Blanchard impartiendo lecciones de arte
En 1903 se mudó a Madrid, donde empezó su formación artística. Su etapa madrileña se caracterizó por la representación de temas mitológicos, costumbristas y retratos. Logró con ellos un gran número de reconocimientos y premios, lo que le valió para poder llegar a París en 1909.
En Francia, descubrió una vida nueva, libre de los prejuicios sobre su aspecto. De hecho, solo volvió a España una vez, en 1911, cuando decidió viajar a Granada. Allí pasó unos meses pintando en la Alhambra. Fue en esa estancia cuando pintó el retrato de una de sus sobrinas, Regina. Sin embargo, pese a acabar el retrato, no lo firmó; volvió a Francia y nunca más regresó a España.
Una vez volvió al país galo, Blanchard empezó su etapa cubista, donde realizó sus obras más emblemáticas. Pero su empeño en mantener una vida de «amor al arte» impidió que lograse reconocimiento a nivel internacional, en contraste con otros grandes cubistas como Picasso. Finalmente, falleció en 1932. Los sucesos posteriores del convulso siglo XX imposibilitaron que su figura adquiriera el reconocimiento que merecía.
De hecho, solo Lorca, recordó su figura, leyendo en 1932, ante el Ateneo de Madrid una elegía en su honor. Allí elogió entre otras cosas, el valor y determinación de la pintora: «Aguantaba la lluvia de risa que causaba, sin querer, su cuerpo de bufón de ópera, y la risa que causaban sus primeras exposiciones...» afirmó el poeta granadino.
Aún así, sus herederos (es decir, sus hermanos y los hijos de estos), empezaron a reivindicar su obra en el siglo pasado. De esta manera, varias piezas suyas se encuentran en el Reina Sofía y en el Museo del Prado. El retrato de Regina es además la última adquisición del Prado. Se trata de una de sus últimas obras costumbristas antes de iniciar su etapa cubista.
El Prado adquirió esta obra a causa de una iniciativa de la familia, quienes, al morir Regina (la retratada) decidieron cumplir su última voluntad y donar la obra a un museo. Fue gracias a un anónimo que el Prado tuvo conocimiento de esto y la adquirió.
Así, el legado de María Blanchard esta cada vez más cerca de lograr el reconocimiento que se merece, logrando equipararse a grandes artistas como Picasso.