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Fernando AramburuEFE/ Chema Moya

Las víctimas de ETA tienen quien les escriba: una exposición en Vitoria se centrará en su literatura

La exposición se inaugura este martes, en Vitoria y es organizada por el Memorial de las Víctimas del Terrorismo

El Memorial de las Víctimas del Terrorismo inaugura este martes una exposición. La temática de esta se centra en la literatura relacionada con el terrorismo etarra, si bien innovará al enfocarse, esta vez, en la visión de las víctimas.

La fecha no es casualidad. Un 20 de julio, pero esta vez de 2016, Fernando Aramburu publicó Patria. En ella, Aramburu narró y se sumergió magistralmente en la sociedad vasca, cuyas heridas en aquel momento eran muy recientes.

Aramburu innovó son su sensacional obra. En ella se exponía una visión que iba más allá de los «militantes» etarras y se centraba en las víctimas del terrorismo. Lamentablemente, esta perspectiva se da en muy pocas creaciones. En las obras escritas en castellano sobre ETA, la mayoría de las veces se centra en los propios terroristas. Mientras tanto, que en la prosa escrita en vasco, ETA es un topos en sí mismo, siendo el principal tema de dicha literatura; en ella, cómo no, el militante — ya sea como verdugo o víctima— es el protagonista.

Ilustración de Miguel Ángel Blanco

Por ello el Memorial ha elegido esta fecha: queriendo centrarse en la literatura que expresa el sufrimiento de todos aquellos civiles que fueron víctimas. Gente que quería vivir una vida tranquila y a la que el terrorismo etarra se la arrebató. Padres y madres de familia, niños, ancianos... todos ellos cobran voz mediante la prosa de numerosos autores presentes en esta exposición como Aramburu o Edurne Portela, quién escribió Los hijos de San José.

Durante sus años de actividad, ETA asesinó a 856 personas (entre ellos 20 menores de edad). Las víctimas iban desde guardias civiles y políticos a ciudadanos de a pie. Además esto generó que en el País Vasco los arbetzales generasen una situación de tensión constante, sobre todo en el medio rural, lo que obligó a que mucha gente tuviera que emigrar del País Vasco a otras zonas de España. Así, la sociedad vasca quedó profundamente dividida.

Esta exposición pretende recordar precisamente esas heridas que dejó el terrorismo, marcas que hoy, tristemente, no han cicatrizado.