Fundado en 1910

Cien años de Goscinny, el genio «antiwoke»: ¿quiénes te gustaban más, Astérix y Obélix o Lucky Luke?

Las historias de los galos y del vaquero que disparaba más rápido que su propia sombra marcaron a generaciones y crearon un acervo cultural fundamental en Europa que ahora se tambalea

Morris y Goscinny con ejemplares de Lucky Luke y Astérix, respectivamente

Las aventuras de Astérix se han visto retocadas en los últimos tiempos por la corrección política. También las de Lucky Luke, al que hace ya mucho tiempo que le quitaron el pitillo de la boca para ponerle una insípida pajita.

Cuando René Goscinny, de quien este viernes se cumplen cien años de su nacimiento, creó a los personajes, por supuesto no se planteó remilgos que hoy son normativa impulsada por los censores de la humanidad.

Quizá el genio guionista hubiera pensado que esto no es libertad. Desde luego esto no es el mundo de Goscinny, ni tampoco el de todos aquellos millones de niños que se educaron y aprendieron con aquellas viñetas maravillosas sobre la vida.

Muchos adultos de hoy le deben su existencia lectora a los dibujos inolvidables de Morris y a los diálogos y los argumentos brillantes de su inseparable colega Goscinny. Morris y Goscinny (y Uderzo): una pareja (trío) de genios que crearon cuantos geniales.

Uno todavía conserva como tesoros sus ejemplares de la niñez. Su hijo los ha empezado a ojear, que es lo mismo que hizo uno, antes de empezar a leer. Se pueden ojear y/o leer. Esto forma parte de su virtuosismo.

Imagénes imborrables que están grabadas en algún lugar del entendimiento y las sensaciones humanas como la magdalena de Proust. Si el autor de En busca del tiempo perdido revivió la felicidad a través del gusto, con Astérix y Obélix y Lucky Luke (mayormente, también estuvieron Oumpah-Pah e Iznogud) uno lo hace a través de imágenes que casi son como el gusto y el olfato.

René Goscinny con un ejemplar de Astérix en Helvecia

Porque esos cuentos huelen a infancia. Se abren y aparece como una máquina del tiempo en las historias vivas donde se revive el tiempo en que se disfrutaron con fruición y quedaron para siempre en el caletre. Uno esencial para resistir a las hordas de bárbaros woke.

La vista, el gusto, el olfato, el tacto e incluso el oído son perceptibles en las obras maestras de Goscinny (y Morris y también Uderzo, el dibujante de Astérix, quien continuó publicando sus historias póstumas tras su pronta muerte en 1977). El tacto al que sucede el crujido del papel grueso lleno de color y maravillas. De risas y fascinación. De emoción y de sorpresa. De evasión absoluta.

500 millones de cuentos

500 millones de cuentos vendidos y traducidos a 150 idiomas son las cifras del iceberg que es ocho veces mayor por debajo de la superficie: su influencia radiante y beneficiosa, su absoluta ausencia de maldad y sectarismo, su bondad preciosa y límpida, más clara aún en estos tiempos extraños.

Su estrella y atemporalidad han querido ser vulneradas por los censores del XXI, por los revisionistas salvajes, pero ahí quedan, ahí siguen, las joyas creadas por Goscinny, el gran orfebre del ser humano en pequeñas viñetas inmensamente grandes.