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Jason Arday portando la llama olímpica de los Juegos de Londres en 2012

Jason Arday portando la llama olímpica de los Juegos de Londres en 2012DPA vía Europa Press

La muerte de Jason Arday, la tragedia «woke» que es un antes y un después para Cambridge y Occidente

La increíble historia del profesor de origen ganés, ascendido a los cielos de la prestigiosa institución educativa británica, era una mentira que la propia Universidad conocía y que trasciende el hecho concreto

La historia del profesor y catedrático de Cambridge, Jason Arday, es la historia de un fraude mayúsculo. No es el primero conocido en ámbitos relevantes, pero sí es el primero en cuanto a trascendencia por haber acabado en una tragedia imprevisible o peor: en una tragedia evitable que no se quiso evitar.

Numerosas investigaciones de medios británicos y estadounidenses como The New York Times sacaron a la luz la increíble historia falsa, llena de capítulos fantásticos, con la que Arday alcanzó la fama y, lo que es más difícil, acceder a una cátedra en la mismísima Universidad de Cambridge, (dudosa hoy ya) cuna del saber por antonomasia en el Reino Unido junto a Oxford.

Es un caso trasladable a todas las grandes universidades internacionales de prestigio, como Harvard o Yale en Estados Unidos, en los últimos años señaladas por su deriva woke, cuyo rasgo fundamental es el de la preeminencia de la ideología sobre lo académico. Aquí es donde encaja (encajaba) Arday a la perfección, un personaje perfecto, quizá exageradamente decorado con toda clase de aderezos.

Se le fue la mano al wokismo imperante con el currículum delirante de Arday. Y todo, mayormente, por poner a un joven hijo de emigrantes de raza negra en el claustro de la cuarta universidad más antigua de Europa después de la de Bolonia, Oxford y la de París.

The Times demostró que su tesis doctoral contenía párrafos y pasajes idénticos a otra tesis publicada en la Universidad de Brunel. La ONG WaterAid confirmó que que Arday nunca participó en un proyecto de instalación de accesos a agua potable en África y Suramérica. Todo esto aseguraba haberlo hecho, como haber sido profesor visitante en la Universidad de Glasgow, que la propia intitución también desmintió.

En Cambridge sabían de los plagios y mentiras y en lugar de tomar medidas se dedicaron a intentar tapar las tropelías de su falsa estrella, su particular Toro Moreno de su particular Más dura será la caída. Quisieron seguir manteniendo el relato falso, en Cambridge, nada más y nada menos, la cuarta universidad eruopea más antigua de la historia.

Entre otras maravillas ajenas a lo académico, Arday dijo haber corrido 30 maratones en 35 días con fines benéficos y que fue autista hasta los 11, y que no leyó hasta los 18, y que menos de 20 años después consiguió ser catedrático de Sociología de Cambridge. Milagros «woke» para una inusitada Cambridge «woke» que han acabado en muerte.

Asediado por las mentiras acumuladas (también había otras como las relativas a amenazas racistas de distintos tipos recibidas antes y después de hacerse tristemente famoso), además de ser conocidos los testimonios de los alumnos, con sus quejas registradas, de ser un profesor mediocre (tampoco alcanzaba el nivel mínimo exigido como autor) terminó dimitiendo hace cinco días y este sábado ha sido encontrado muerto en su domicilio.

A pesar de que tuvo sectarias defensas numantinas, no solo por parte de Cambridge, sino de los editores de sus obras, la realidad acabó aplastando el cuento y sobre todo al protagonista, el falso héroe creado como constructo social con enorme responsabilidad por parte de Cambridge, que permitió que la ideología (falsa) pasara por encima de su historia (real) dando pie a la desgracia que es un antes y un después en la moderna historia «oculta» de las grandes universidades occidentales.

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