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Por qué Pedro Sánchez es un tirano, según Platón

Para el filósofo griego, quien creía en un Gobierno de los mejores, la democracia era el segundo peor sistema político, solo superado por la tiranía

Platón representado en La Escuela de Atenas y Pedro Sánchez

Para Platón el sistema político ideal era la aristocracia. Pero una aristocracia que no era la del poder, sino la de la virtud. El filósofo griego quería hacer a los hombres racionales y morales, para que, de entre ellos, salieran los gobernantes sabios, educados en valores como la Verdad, la Justicia o el Bien, con mayúsculas.

Son los filósofos, la aristocracia de la virtud y del saber, sin ambición personal. Solo con estas líneas ya se ve lo alejados que están los actuales gobernantes del ideal platónico. El gran pensador estableció una degeneración política desde el ideal.

Al Gobierno de los mejores, debido a la corrupción de la moral y la razón, le sucedía la timocracia, que es el Gobierno de los guerreros, cuya esencia es el honor. Despúes viene la oligarquía, que es el Gobierno de los ricos: los que más dinero tienen son los que ostentan el poder, hasta que aparece la democracia, el Gobierno del pueblo que para Platón trae una libertad excesiva.

Para el filósofo griego la democracia no respeta al sabio, no respeta a los mejores y por ello genera desorden. La democracia es el paso (el régimen político) previo al peor de todos: la tiranía, donde gracias al exceso de libertad democrática, surge un líder demagogo que toma el poder para su beneficio.

Algunas de estas cuestiones resuenan inevitablemente por su relación con el presente y con el pasado reciente. En la democracia española ha habido signos de todos los sistemas de Platón: el Gobierno de los mejores, quizá no el de los soldados, pero sí el de los ricos y «el del pueblo». La tiranía siempre la sitúan los actuales políticos en el pasado, convencidos o intentando convencer de que el régimen en el que prosperan es el mejor.

Democracia es el sistema político en el que viven los españoles desde hace medio siglo, pero el líder demagogo de la tiranía señalado por Platón existe con fuerza en Sánchez, quien se aferra al poder por encima no solo de todos los supuestos «valores» de la democracia, sino de todos los valores de cualquier otro sistema de Platón. Es como si la «tiranía» de Sánchez, siempre según Platón, no fuera oficial, pero sí oficiosa, retorciendo el «exceso de libertad» del filósofo hasta rebasar los límites que el propio sabio establece entre regímenes.

Es la demagogia que sostiene la tiranía de Platón en el XXI incrustada en la democracia. No es la tiranía exacta platónica, pero contiene sus mimbres: no hay respeto por la autoridad, por ejemplo en los ataques al poder judicial; y hay un líder señalado, omnipresente, incluso con características inevitablemente visibles en el tirano de Platón, como la eliminación de opositores.

La impresión tantas veces es que Sánchez gobierna sin leyes, no hay Presupuestos, por ejemplo, provocando también «guerras externas» (como el estigma de «la ultraderecha») para distraer al pueblo. Aparece siempre rodeado de su «guardia personal»...

Pero donde la tiranía de Sánchez, según Platón, queda claramente marcada es en las llamadas tres fases del Gobierno del tirano: la primera, la de la «seducción», donde el tirano de Platón promete grandes cosas, en el caso de Sánchez, por ejemplo, presentándose como adalid frente a la corrupción (la moción de censura que le aupó al poder señalaba la del Ejecutivo de Rajoy) que hoy asola a su Gobierno.

La segunda es la de la «guerra ficticia», en este caso claramente representada en la amenaza de la «ultraderecha», entre otras, donde se empiezan a pagar impuestos y otros costes no dinerarios mientras el pueblo se distrae (y se empobrece silenciosamente) con los conflictos creados a propósito. La tercera es la de la «purga», véase la larga lista de personas de confianza y aliados y socios dejados por el camino, incluyendo, por supuesto, sus enrejados secretarios de organización.

Sánchez es platónicamente un tirano que además, como explicaba Platón, está «prisionero en su propio palacio» (no puede ir a ningún sitio sin escolta y a distancia de los ciudadanos); no tiene amigos, solo «mercenarios» y personas de interés a su alrededor, susceptibles de ser dejadas en cualquier momento; y posee «pobreza espiritual», reflejada en Sánchez en detalles de frivolidad heladora como la de recomendar canciones en TikTok con una sonrisa mientras España se quema.