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Miguel de Cervantes

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La RAE explica obviedades del uso correcto del español ante el bajo nivel del hablante

Los errores en los que caen los hispanohablantes son cada vez más básicos

Uno de los mantras más escuchados en los últimos años –ya no tanto ante los ejemplos cotidianos que apuntan a lo contrario– dice que España cuenta en este momento con la generación mejor preparada de la historia.

La evidencia, sin embargo, no dice eso. Y los planes de estudio, tampoco. Es cierto que España ha logrado un nivel de alfabetización de prácticamente el 100 % desde hace décadas. También es cierto que esas cifras son comunes en todo el mundo desarrollado. Y también es cierto que se considera una persona alfabetizada aquella que sabe escribir y leer, y poco más.

Por eso no deja de sorprender el nivel de cultura general y formación básica de jóvenes (y adultos no tan jóvenes) con estudios superiores y trabajos que exigen un mínimo de nivel intelectual y que, sin embargo, cometen errores o desconocen materias que se deberían dominar desde, al menos, Secundaria.

Hace unos días se volvieron virales unos vídeos en redes sociales de jóvenes influencers de libros donde se evidenciaba la ignorancia de personas que reseñan, critican, analizan y recomiendan obras literarias.

En el primer libro la influencer, que acababa de recibir una edición especial de la Odisea de Homero, expresaba su sorpresa al descubrir que la Odisea no era únicamente una película de Christopher Nolan, y se llevaba las manos a la cabeza al comprobar la complejidad del libro sólo con leer la frase inicial.

En el segundo vídeo otra influencer mostraba su frustración e indignación, al borde de las lágrimas, por haber comprado una edición moderna de Cumbres borrascosas, de Emily Brontë, y comprobar que era incapaz de leer ni un párrafo por la complejidad del lenguaje.

Así, llama la atención algunas de las aclaraciones realizadas recientemente por la RAE, como la explicación de por qué «en balde» se escribe con «b» y no «en valde», por qué «exuberante» y «exuberancia» se escriben sin «h»; por qué se «reforestan» terrenos y no árboles, las diferencias entre astronomía y astrología («no es lo mismo», aclara la RAE) o el correcto uso de «tirolina» y «tirolesa», y por qué no proceden los anglicismos «zip line» o «canopy», generalizados entre las generaciones más jóvenes.

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