Morante no es mejor que Roca Rey, es distinto (a todos)
Hubo un tiempo en que ambos matadores parecían haber iniciado una nueva rivalidad clásica en el toreo que hoy son planos diferentes
Andrés Roca Rey y Morante de la Puebla en la goyesca de Ronda en 2018
Uno mismo escribió en este periódico hace unos años sobre lo que parecía el inicio de una nueva rivalidad clásica en el toreo entre José Antonio Morante de la Puebla y Andrés Roca Rey. Los antagonismos de la Fiesta que la han dado vida a lo largo de los siglos.
Frascuelo y Lagartijo, Joselito y Belmonte, Dominguín y Ordóñez o Ponce y Joselito han sido algunos de ellos. Ha habido más. El de Morante y Roca Rey parecía otro que comenzó a no ser en los tiempos de la Puerta del Príncipe de Morante en 2023, cuando el peruano arrasaba por donde iba en la cumbre del valor y de la popularidad.
Al de La Puebla se le conocía mayormente como a un torero artista, intermitente, muy criticado. Todo lo contrario al limeño, hasta que aquel rompió también en el escalafón. Se vislumbraba una competencia natural entre dos formas de entender y hacer el toreo: el clasicismo y el arte frente a una fuerza de la naturaleza.
Hubo, además, otro elemento para sumar a la idea del enfrentamiento que fue la hostilidad. Ambos tuvieron sus diferencias cuando Morante le recriminó en la Plaza un quite que consideró fuera de lugar: «Eso se hace en otro momento... Aquí no es», a lo que Roca contestó: «Fúmate un purito despacito».
Roca Rey le brinda un toro a Morante el pasado 2 de agosto
Ahí se quedó la disputa, porque poco después hablaron y zanjaron el problema. Hace apenas unos días Roca Rey le brindó un toro a Morante en El Puerto de Santa María. Ya no hay enfado entre ambos, pero ¿sigue existiendo aquella vislumbrada rivalidad en el ruedo?
Todos los toreros son rivales. Si un matador logra un trofeo o trofeos en un mismo festejo, el otro matador desea igualarle o superarle. También hay rivalidad entre Morante y Roca Rey, los dos máximos reclamos de la tauromaquia actual, aunque hay un primero y un segundo. Morante y Roca Rey serían rivales como Joselito y Belmonte o como Dominguín y Ordóñez solo si Morante no fuera otra cosa.
El sevillano ha pasado a estar fuera de catalogación. Lo de Morante es otro cantar. Morante es Morante y Roca Rey un torero de (y con) mucho valor. Si se quiere, por elevarle, un valor distinto a otros valores que le hace diferente, una estrella, por eso engancha, por eso conecta con los tendidos con todo merecimiento y emoción.
Pero Morante no tiene comparación. Y lo que se dice no es por locura colectiva, ni por moda, ni por afinidad, ni por preferencia, sino por el hecho constatable de que ha cruzado la atmósfera donde respiran todos los demás. Y no porque sea superior, sino porque es singular, único.
No hay nadie como él y torea de un modo que trasciende la Plaza y pellizca invisiblemente a los tendidos como nadie hasta conseguir que sus inquilinos le lleven a hombros hasta el hotel como antaño o le pidan que salga al balcón a saludar en bata, mientras cantan su nombre.
Lusi Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez
Allí ha llegado desde el cortocircuito. Desde la duda y desde la pérdida hasta encontrarse a sí mismo. Hasta reconocer su personalidad para expresarla en la plenitud donde se encuentra. La plenitud que va más allá de la forma y del estado mental hasta llegar al misterio del toreo.
Morante ha descifrado los códigos de Matrix. Es una rivalidad desigual porque no viven en el mismo plano. Morante traspasó el de todos, en el que ha vivido en buena medida incomprendido por muchos durante años, y ahora está en su lugar desde donde se le observa distinto porque es simplemente distinto.
Morante no es mejor que Roca Rey. Es distinto. Y tan distinto como para que su rivalidad no sea clásica porque no podrían estar en el mismo cuadro, ni en la misma fotografía, como han estado Joselito y Belmonte, Dominguín y Ordóñez, y hasta Ponce y Joselito.