Soldados republicanos durante la batalla de Madrid
Combatientes republicanos destruyeron bibliotecas universitarias de Madrid para levantar barricadas
Las Brigadas Internacionales al servicio de la República destruyeron o dañaron valiosos ejemplares para construir barricadas en la Batalla de Madrid durante la Guerra Civil
Cuando a primeros de noviembre de 1936 las tropas de Mola (al mando del general Varela) llegaron a los umbrales de Madrid todo el mundo dio por hecho que la capital caería en el bando nacional en breve.
Tanto es así que el gobierno presidido por Largo Caballero tomó las de Villadiego y puso pies el polvorosa rumbo a Valencia, más alejada del frente.
La excusa era garantizar el mando republicano incluso tras la pérdida de la capital. En Madrid, sin embargo, aquella huida se vio como una traición y muchos se convencieron entonces de que, por mucho que se alargara, la guerra estaba perdida.
Sin embargo, Madrid no cayó, y no caería hasta marzo de 1939. En contra de todo pronóstico, las fuerzas republicanas lograron frenar a Varela en la Ciudad Universitaria, en una de las batallas más decisivas de la contienda.
Las tropas de Varela habían avanzado desde el sur, tras tomar el Cerro de los Ángeles y Carabanchel, y progresar por la Casa de Campo, y trataban de asaltar Madrid desde el oeste. Pero quedaron bloqueadas en los alrededores de la actual carretera de La Coruña.
El éxito republicano se debió, en gran medida, a la profesionalidad del general Miaja, nombrado Presidente de la Junta de Defensa de Madrid, y del general Vicente Rojo (Jefe del Estado Mayor de la Defensa a las órdenes de Miaja).
Ambos generales trataron de recomponer el Ejército republicano diezmado por el rencor de las izquierdas al estamento militar, y poner fin al caos anárquico impuesto por las milicias anarquistas, socialistas y comunistas en Madrid, que comprometían seriamente la defensa de la ciudad.
Miaja logró imponer cierta disciplina a las milicias e incorporarlas a un mando único en sus manos. Rojo pudo diseñar una defensa efectiva de la ciudad. El éxito de sus planes de defensa pusieron de relieve el error catastrófico de la República al desdeñar al Ejército y confiar en los primeros meses de la guerra su defensa a un grupo de milicianos sin formación militar, indisciplinados y cuyo único motor era su radicalismo ideológico y su odio ciego.
Barricadas construidas con libros
En la defensa de la Ciudad Universitaria tuvo un papel esencia las Brigadas Internacionales, que reunía a los voluntarios extranjeros al servicio de la República.
En concreto, los brigadistas de la XI Brigada Internacional se establecieron en la Facultad de Filosofía y Letras, convertida en primera línea de combate.
El edificio presentaba un carácter estratégico para la defensa de Madrid. Sin embargo, el edificio contaba con pocos elementos apropiados para parapetarse, por lo que los combatientes republicanos tuvieron que echar mano de lo que tenían: lamentablemente, los libros de su gran y valiosísima biblioteca.
Barricada construida con libros de la Universidad durante la batalla de Madrid
La pérdida patrimonial en libros únicos, algunos ejemplares raros medievales, es incalculable. Los brigadistas emplearon miles de libros para construir barricadas y parapetos, otros los emplearon como combustible, y algunos con un poco más de sensibilidad se quedaron con ejemplares de cuyo valor fueron capaces de percibir.
Según un documento de la Universidad Complutense, muchos ejemplares sufrieron destrozos como consecuencia de las bombas y el impacto de metralla, o agujereados por las balas o cortes de cuchillos. Además, otros muchos sufrieron los efectos del fuego o la humedad. Algunos de estos ejemplares pudieron restaurarse, otros se conservan mutilados en los depósitos de la Biblioteca de la Complutense como testimonios de la guerra.