Julia Navarro, en una imagen reciente
Entrevista con la autora de 'Una familia moderna'
Julia Navarro: «El PSOE no está haciendo las cosas bien y hay que decirlo. Elecciones ya»
La escritora publica nueva novela, 'Una familia moderna', con la que aborda temas que preocupan a la sociedad, como la transexualidad o la inmigración
Leer o charlar con Julia Navarro es siempre un placer. Entre la ficción y la realidad, Navarro expone sus ideas y discrepancias sobre nuestra sociedad, cada vez más polarizada. En su nueva novela, Una familia moderna (Plaza & Janés), la escritora vuelve a adentrarse en las zonas de sombra de la condición humana, allí donde las certezas se resquebrajan y las convicciones se ponen a prueba. Pero la conversación con ella no se queda entre las páginas del libro. De la ficción saltamos a la realidad, a la política y a una sociedad atravesada por debates que a menudo levantan fronteras más difíciles de cruzar que las de cualquier novela: Pedro Sánchez, la inmigración, la transexualidad, los cambios sociales y la manera en que Navarro contempla el presente. Una conversación, en definitiva, sobre el mundo que nos ha tocado vivir.
-Una familia moderna versa sobre muchos de los debates que están hoy en la sociedad...
-Sí, es un libro donde yo creo que hay muchos elementos para el debate y la reflexión. Hay cuatro temas fundamentales: la persecución de la eterna juventud, la incomunicación entre generaciones; la inmigración y el abismo que se produce cuando se habla de cuestiones respecto al género.
-¿Cree que vivimos en una dictadura ideológica mundial donde las minorías han tomado el poder?
-Creo que durante siglos han sido las mayorías las que han impuesto unas reglas. Yo saludé con entusiasmo el movimiento woke porque me parecía que las minorías tienen derecho a hacer oír su voz. Pero el problema llega cuando una mayoría o una minoría quiere imponer un criterio único, niega el debate o la posibilidad de discrepar y eso es lo que está pasando. A mí lo que me preocupa es la libertad de que cada cual se exprese como quiera y todos nos respetemos. La actual cancelación me escandaliza y me produce estupor. O sea, si usted no piensa como yo, le cancelo. Eso es una brutalidad. Es condenar a la muerte civil a la gente. Todo el mundo tiene derecho a discrepar y a manifestarse libremente.
Me preocupa que nos autocensuremos a la hora de escribir o a la hora de hablar. Me parece un retroceso
-Ha sido periodista durante mucho tiempo. ¿Le preocupa la libertad de prensa actual?
-Me preocupa que se haya instalado lo políticamente correcto porque eso es una merma de la libertad de expresión. Me preocupa escuchar a gente decir: «Yo opino esto, pero negaré haberlo dicho». Me preocupa que nos autocensuremos a la hora de escribir o a la hora de hablar. Me parece un retroceso. Parece que vivimos en una sociedad donde la libertad está absolutamente consagrada, pero luego resulta que no es así, que hay miedo a discrepar. Y creo que solo desde la discrepancia se avanza y se hace mejor la sociedad desde el intercambio de opiniones distintas.
-La novela está dedicada a quienes se salen del carril...
-Claro, es que yo me salgo del carril continuamente.
-Y aparte de usted, ¿quiénes son los que se salen del carril?
-Los que son capaces de decir y mantener sus opiniones, los que superan el miedo a ser señalados y a que le digan que no es políticamente correcto. Y también reivindico el escuchar a los otros, sus razones y sus opiniones.
-¿Qué le parece el respeto que hoy se tienen los políticos en el Congreso?
-Creo que el problema de los debates de hoy es que hay poco contenido. Hay muchos fuegos artificiales y poco contenido.
-En 2024 afirmó que el Gobierno de Pedro Sánchez era, a su juicio, el gobierno menos feminista de la democracia.
-Lo sigo afirmando.
-Defiende, por ejemplo, que ser mujer no es una elección sino un hecho biológico.
-En una sociedad democrática y libre cabemos todos, pero lo que no se puede hacer es anular a un sector de la población para que otro sector no se sienta mal. A mí, un gobierno que reduce a las mujeres a seres gestantes y seres menstruantes, pues no es un gobierno feminista. Y sobre todo porque hay muchas mujeres que ya no somos ni gestantes ni menstruantes. Ya no tengo edad de ser ninguna de las dos cosas. Entonces, ¿qué soy? Todo el mundo tiene que tener lugar en una sociedad democrática. Pero no es quédate tú para ponerme yo.
Esa sociedad donde se niega el pensamiento libre y la discrepancia me parece una distopía absolutamente aterradora
-¿Qué le diría entonces a una mujer socialista que considere que sus críticas a la ley trans, por ejemplo, o al woquismo, le sitúan fuera del feminismo?
-Que no me parece justo. Estamos en una sociedad cada vez más intolerante en la que se impone el pensamiento único. A mí me parece que la divergencia de opiniones enriquece el debate en una sociedad y hay muchas mujeres socialistas que no están de acuerdo con las leyes que ha hecho el gobierno. Y me parece terrible que se imponga la censura y que no puedan manifestarlo porque las cancelen. Lo de la cancelación es algo que me produce terror porque es una forma terrible de censura. Esa sociedad que algunos quieren construir, que recuerda a la de Orwell en 1984 o al mundo feliz de Huxley, es absolutamente aterrador. Esa sociedad donde se niega el pensamiento libre, se niega la discrepancia, y en la que todo el mundo tiene que ir por el mismo carril, me parece una distopía absolutamente aterradora. Yo lo que creo es que todos cabemos con nuestras opiniones en el marco social y que se pueden defender las opiniones siempre con el respeto y consideración a los demás. O sea, se puede defender todo sin ofender, sin denostar a nadie. Que haya tantas mujeres del PSOE y de otras organizaciones feministas que ahora son atacadas por sectores feministas desde el gobierno o de la llamada cuarta ola, pues a mí me sorprende.
-La novela también, como bien ha dicho usted, trata la inmigración...
-La historia de la humanidad es una historia de inmigraciones. Cuando las personas no han podido vivir en su hábitat, han cogido y se han marchado en busca de una vida mejor para poder mantener a sus hijos y salir adelante. El fenómeno migratorio no es un fenómeno nuevo, pero la cuestión de fondo es cómo se aborda y cómo se da solución. Porque hablamos de personas que dejan sus países porque no tienen otra opción. Porque allí no tienen opciones de vida que supongan una mejora y eso debería avergonzar a esos países que ven cómo sus jóvenes se marchan porque ellos no son capaces de ofrecerles un futuro.
-¿Cuál es su opinión respecto a lo que está pasando en Ceuta?
-Lo que pasó en Ceuta es que el gobierno español se cree que los ciudadanos somos tontos. O sea, ¿cómo nos vamos a creer que 80.000 personas se ponen en movimiento y caminan hacia una frontera y el país de donde salen, que es Marruecos, no se ha enterado de nada?, pero ¿es que el país al que van a llegar tampoco se entera de nada? ¿Cómo no van a saber nada? Mire, den otra explicación, pero no mientan. No intenten convencer de lo que, además, los ciudadanos hemos visto en las pantallas de la televisión.
-¿Qué tendría que ocurrir para que el actual PSOE recuperara la credibilidad?
-El PSOE no está haciendo las cosas bien. Y hay que decirlo. A todos les veo encantados de haberse conocido y están convencidos de que hacen las cosas estupendamente. Pero cuando veo lo que ha pasado con el informe PISA me escandaliza que no hayan dimitido desde la ministra de Educación a todos los consejeros de Educación de todas las comunidades autónomas, que son de todos los partidos, incluido de partidos autonómicos.
-Ha pedido que Sánchez convoque elecciones...
-Sí, no dejo de pedirlo. Es decir, creo que en estos momentos nuestro país está metido en un laberinto donde la única manera de salir es dar la voz a los ciudadanos y que sean ellos los que digan qué quieren hacer o cómo queremos construir el futuro. Entonces, creo que la etapa de Pedro Sánchez a lo mejor tiene una continuidad si los ciudadanos le votan, pero creo que este país, entre otras cosas, para rebajar la tensión que hay, debería de tener la oportunidad de ir a las urnas. Y no sé si es que tiene miedo de que vayamos a las urnas, pero no entiendo por qué, ya que convocar elecciones casi sería un adelanto técnico, solo faltan unos meses para que termine la legislatura.
Portada de la novela 'Una familia moderna', de Julia Navarro
-Otro de los temas abordados en la novela es la persecución de la eterna juventud...
-Una de las cosas por las que yo empecé a pensar en este libro es porque Pilar Cernuda me regaló el libro de Nora Ephron, No me gusta mi cuello. Y a mí aquello me hizo pensar, dije, ¿cómo una mujer como Nora Ephron, que es una intelectual norteamericana reconocida, de repente escribe un libro en que cuenta su propia peripecia y obsesión con las arrugas de su cuello? Eso me llevó a una reflexión y es esa carrera que tiene el hombre contemporáneo de buscar la eterna juventud, de intentar frenar la vejez porque creo que es una forma de intentar no llegar a ese último cuarto de hora de la vida y tratar de retrasar esa cita ineludible con la muerte. En esta dimensión no me parece una cosa frívola.
-En la novela aparece un cura, la Iglesia... ¿Cómo ve la sociedad actual: más atea, más creyente, volviendo a la religión...?
-Creo que hay muchas personas en nuestro país y en otros que profesan la religión no desde la imposición, sino desde la decisión, porque sienten esa pulsión de que la vida trascienda a lo meramente material. Me parecen muy interesante esos fenómenos que hay de jóvenes y no tan jóvenes que, de repente, miran hacia otras maneras de estar en la vida. Ya lo dijo el Papa Francisco: «el infierno no existe, solo es un estado de ausencia de Dios».
-¿Con cuál de los personajes del libro se siente más identificada?
-Con ninguno. Me siento cerca y lejos de todos. No estoy en mis novelas. Yo no soy un personaje de mis novelas. Es decir, quienes intentan buscarme en mis novelas, en esta o en otras, se equivocan.