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El cajón flamenco en un espectáculoEuropa Press

El cajón flamenco triunfa en Sudáfrica y se incorpora al repertorio musical de sus comunidades locales

El cajón flamenco volvió a sonar en Sudáfrica en un evento que confirma que el instrumento se ha adoptado en las comunidades locales

Un año después de que un centenar de percusionistas se reunieran en Ciudad del Cabo, el cajón flamenco volvió a convertirse en protagonista en Sudáfrica con una nueva cajoneada.

En esta ocasión, sin embargo, la iniciativa ha dado un paso más respecto a la experiencia desarrollada en 2025, ya que buena parte de los instrumentos utilizados entonces, así como los conocimientos adquiridos durante aquel proyecto, han permanecido en las comunidades locales.

El creador del proyecto Cajón Expo, Pepe Zapata, destacó precisamente la continuidad que ha tenido aquella primera experiencia. «Dejamos cien cajones dentro de esa comunidad y lo interesante es que los están incorporando en su repertorio musical», explicó a Efe por teléfono.

El cajón flamenco, una versión del cajón peruano que Paco de Lucía trajo a España, se ha convertido en un símbolo del flamenco moderno y una expresión paradigmática de la fusión de culturas y estilos musicales.

La nueva actuación se celebró en la zona del Waterfront de Ciudad del Cabo y reunió nuevamente a medio centenar de artistas. Durante el encuentro, los participantes combinaron el sonido del cajón con voces y ritmos sudafricanos, dando continuidad a una propuesta que se estrenó en el país el año pasado dentro del festival WOMAD Sudáfrica, dedicado a congregar músicas procedentes de diferentes lugares del mundo.

Para Zapata, no obstante, la principal consecuencia de aquella primera edición ya no se encuentra únicamente en lo que ocurre sobre un escenario. El músico considera especialmente relevante el trabajo que ha seguido desarrollándose posteriormente en las propias comunidades.

«Al final lo que hemos dejado es un aula. Estos profesores lo utilizan como pasarela de empleo, de manera de reinsertar a la gente a la sociedad», afirmó.

Los profesores de música vinculados a la iniciativa emplean actualmente esos cajones en comunidades desfavorecidas. En paralelo, según detalló Zapata, el proyecto ha ido evolucionando hacia la formación de nuevos formadores y hacia la enseñanza del propio proceso de construcción del instrumento, planteado también como una posible vía profesional.

La iniciativa comenzó en 2025 con la fabricación de cien cajones junto a jóvenes procedentes de townships, los barrios que fueron creados durante el régimen del apartheid, vigente entre 1948 y 1994, para segregar a la población no blanca y que todavía hoy concentran importantes desigualdades sociales.

Después de aquella primera experiencia, el equipo optó este año por llevar el trabajo directamente hasta esas comunidades y desarrollar allí una parte más importante de la actividad.

«El año pasado estuvimos en un sitio de confort. Y este año hemos ido directamente al 'township'. Al barro. Con la comunidad, directamente», señaló Zapata.

La percusionista y formadora sudafricana Thandi Swartbooi continúa encabezando el trabajo musical que se desarrolla en el ámbito local. En el proyecto participan igualmente otros artistas del país, entre ellos Blaq Sakayi y Mihlali Mayeza.

De Sudáfrica a Europa

El siguiente objetivo pasa ahora por dar forma a un conjunto integrado por unas diez personas. Zapata explicó que trabajan con la intención de poder presentar posteriormente ese espectáculo en los circuitos europeos especializados en músicas del mundo y, de manera eventual, llevar la propuesta también a España.

«Lo interesante es qué podemos hacer con ellos en mercados del 'world music', en espacios de difusión (...) que les den la posibilidad de que el grupo base, que son diez personas, pueda girar», indicó.

Esta nueva cajoneada se produjo después del estreno en el Artscape Theatre Centre de Ciudad del Cabo de «Frágil», una coproducción hispano-sudafricana en la que confluyen la percusión, el flamenco y la música local. El montaje toma la fragilidad como metáfora para abordar problemas de carácter social, económico y medioambiental.

Zapata explicó el sentido del título a partir de la aparente contradicción entre la fortaleza que proyectan las sociedades y la vulnerabilidad que puede existir al mismo tiempo. «Parece que somos una sociedad muy fuerte y la humanidad está en un momento fuerte, pero puede ser que estemos en un momento frágil», reflexionó.

WOMAD Sudáfrica reconoció además este año al artista español con su Premio a la Trayectoria por el trabajo desarrollado en proyectos que combinan la artesanía, la música y las iniciativas vinculadas con las comunidades.

Pese a la estrecha relación del instrumento con el flamenco, Zapata insiste en subrayar que el cajón no tuvo su origen en España. El músico reivindica su procedencia peruana y también pone en valor el trabajo del percusionista Marco Oliveros, impulsor del formato colectivo de la cajoneada.

La característica principal de esta modalidad es su carácter participativo, ya que permite que decenas e incluso cientos de personas interpreten simultáneamente el instrumento, aunque no sean músicos profesionales. Esa dimensión colectiva es, para Zapata, uno de los elementos que explican la capacidad del cajón para seguir transformándose después de haber atravesado continentes y haberse integrado en distintas tradiciones musicales.

El creador de Cajón Expo resume así la filosofía que sostiene la iniciativa y la importancia que concede a la participación conjunta por encima de cualquier reivindicación sobre la propiedad del instrumento: «Nosotros no reivindicamos el cajón -concluye-, reivindicamos poder tocar 50, 60, 100, 200, 300. Esto es un evento colectivo y de arte participativo».