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Historias del 27Andrés Amorós

Oselito habla de toros con Stalin

Oselito expresa el espíritu popular andaluz igual que Castelao refleja el gallego: dos espíritus muy diferentes, pero, al margen de sus ideas políticas, los dos son grandes artistas

Andrés Martínez de LeónWikipedia / El Debate (asistido por la IA)

Sean o no aficionados a los toros, los que han leído la gran biografía de Juan Belmonte que escribió Chaves Nogales han podido disfrutar tanto del estilo del periodista como de la personalidad del biografiado; también, de los preciosos dibujos de Martínez de León que acompañaban la primera edición (los reproduce la nueva edición que ha publicado Editorial Almuzara, con un estudio mío).

Elogió hiperbólicamente al pintor el propio Juan Belmonte, que no era nada fácil de contentar:

«Merecía la pena ser torero para verse plasmado por este paisano mío, un Maestro que quedará para la Historia del arte».

No se quedó atrás don Gregorio Corrochano, el gran crítico taurino, que colaboró con Martínez de León y lo situaba al nivel de su máximo ídolo:

«Es otro genio, como Gallito».

En efecto, el sevillano Andrés Martínez de León (1895-1978) fue un dibujante y humorista de primera categoría, que merece ser mucho más reconocido.

En este caso, no es una simple anécdota mencionar el lugar donde nació. Más allá del costumbrismo de los temas que trata, lo que define a Martínez de León, en sus dibujos y en sus textos, es el más genuino espíritu sevillano.

Había nacido en Coria del Río, en 1895: coincidía cronológicamente con las grandes figuras del 27. Estudió en la Escuela sevillana de Artes y Oficios; practicó con los ceramistas de Triana. En 1915, publicó su primera ilustración. Tres años después, nació Oselito, su creación máxima.

En los años veinte, Martínez de León colaboró con éxito en muchos periódicos y revistas, tanto sevillanos como madrileños: El Debate, El Sol, La Voz, ABC, El Heraldo de Madrid…

En 1926, publicó su libro Historietas sevillanas; después de Apeles Mestres y de Xaudaró, fue el tercer dibujante español que lograba ese reconocimiento.

En 1927, el año fundacional de la Generación, Andrés Martínez de León viajó a Nueva York, formando parte de un grupo de dibujantes españoles: Penagos, Bon, Bartolozzi, K-Hito... Publicó entonces los libros Al pie de la Giralda y Sevilla y la Exposición Iberoamericana.

Trabó amistad con Blas Infante, cuando éste fue notario en Coria, su pueblo, y compartió sus ideales andalucistas. De esta colaboración nació un importante símbolo, como el propio Martínez de León confirmó:

«Yo fui el primero que dibujó el escudo de Andalucía, siguiendo las instrucciones que me iba dando don Blas».

Aficionado a los toros

Recoge la Real Academia Española la expresión popular «saber más que Briján», para ponderar a alguien con gran astucia, con mucha «gramática parda». (Quizá deriva del apellido de un ingeniero inglés que trabajaba en las minas de Riotinto, O’Brian, pronunciado a la andaluza).

Como Martínez de León era buen aficionado a los toros, colaboró en la película corta –hoy, perdida– El toro Briján con K-Hito: un personaje interesantísimo, que antes de la guerra fue un humorista de vanguardia y. después de ella, director del semanario de espectáculos Dígame y máximo apologista de Manolete, para el que inventó el nombre artístico El Monstruo.

De la creciente popularidad de Martínez de León da idea el hecho de que sus dibujos se imprimieron como postales; también, que los eligieron para adornar el fuselaje del avión Jesús del Gran Poder, en el raid en el que batió tantos récords.

En 1931, Martínez de León se estableció en Madrid. Le llamaban «el humorista sin hiel». Compartía los ideales republicanos de muchos componentes de la Generación del 27. El año de la llegada del nuevo régimen, publicó un curioso libro taurino: Los amigos del toro o la parte sana de la afición. Reglamento taurino en XXX capítulos, con prólogo del gran crítico Gregorio Corrochano.

Ignacio Zuloaga, tan apasionado por la Fiesta que llegó a torear con el nombre artístico «El Pintor», elogiaba así los dibujos taurinos de Martínez de León:

«Lo más difícil, en la pintura taurina, es captar el movimiento en el ruedo y Martínez de León, con cuatro rasgos, hace vivir las figuras en ese movimiento».

Tres años después, realizó una exposición individual en el Círculo de Bellas Artes de Madrid: algo insólito, para un dibujante de humor.

Martínez de León en Rusia

En 1936, La Voz envió a Martínez de León a Rusia, para informar de la conmemoración del aniversario de la Revolución. Viajó por Francia, Alemania y Polonia hasta llegar a Leningrado y Moscú.

De esa experiencia surgió el singular y divertidísimo libro Oselito en Rusia, que combina textos y dibujos. En la cubierta, aparece el popular personaje sevillano, avanzando por la estepa rusa, a lomos de un gigantesco oso blanco.

En Francia, Oselito comenta que París se entretiene en fastidiar a los matrimonios, enviándoles niños… En Alemania, tiene un problema lingüístico:

“¿Cómo se dirá en alemán: ‘Niño, apunta esta convidá’? “

Oselito es alegre, siempre está de buen humor. Afirma que eso es lo que nos diferencia de los animales, que nunca se ríen. No es trabajador: su ilusión, no dar golpe. Propone erigir un monumento al inventor de la cama.

Piropea a una rusa guapa, delante del escaparate de una joyería:

«Oiga usté, tovarí de mis carne… Pida usté por esa boca lo que quiera de ahí».

Sufre también alguna decepción:

«¿No hay clases? Los trenes rusos tienen cuarta clase».

En el capítulo más cómico, Oselito mantiene una entrevista nada menos que con el propio Stalin; con su fonética andaluza, intenta convencerlo de que la Fiesta de los toros es imprescindible para la Revolución rusa, porque es un ejemplo de crítica libre, de fiesta del pueblo. Sin embargo, también advierte algunos problemas que plantearía llevar la Tauromaquia a Rusia:

«Er banderillero, siete horas banderilleando durante sinco día seguío; er picaó, lo mismo; er mataó, iguá. Después, cobrarían su jorná er día sexto».

No formó parte Martínez de León del núcleo estricto de la Generación del 27 pero sí participó en el mismo ambiente cultural: ilustró libros de Cossío, Chaves Nogales, Garfias y Adriano del Valle. Fue muy amigo de Ignacio Sánchez Mejías. En una fotografía, lo vemos en la Feria de Sevilla, junto a García Lorca, Jorge Guillén, Romero Murube y Chaves Nogales. Con Federico, mantenía tertulia en un café madrileño. Luego, durante la guerra, en Valencia, con Cernuda y Moreno Villa; en Jaén, con Garfias y Miguel Hernández…

En sus obras, se advierte claramente su preocupación por los pobres y los humildes. En uno de sus textos humorísticos, que reproduce la fonética popular andaluza, define así al comunismo:

«Er tó pa tó, le llamaban al comunismo. Mis paisanos, prestos a hasé er cambio, dieron raya – ya que no contaban con la crú - a los mismísimos campesinos rusos. Querían er comunismo libertario… Organisé er ‘Partío comunista de izquierda a rajatabla’: sólo cabía un Presidente –él mismo– y un Secretario».

Oselito define así el partido político que él quería fundar:

«Comunista libertario de izquierda a rajatabla (…) No se apuntó nadie. Eso de que esté osté tan tranquilo y, sin má ni má, le toque a osté un pico o una pala, é mu duro. Yo armiro tó y, sobre tó, er trabajo. Pero no más que eso, armirarlo… Er reparto quitaría a lo toro y, ¿qué hago yo sin toro? Perdiíto por la vía. De política, ni un pelo».

El humor de Martínez de León encubre también cosas muy serias. Aquellos republicanos de izquierda creían en el patriotismo: lo que va de ayer a hoy…

A Oselito se le ocurre esta ingeniosa solución, para unir a los españoles:

«Ar llegá a Rusia, sólo teníamos un nombre catalanes, gallegos y andaluse: ¡españoles, España! ¡Se había lograo ná meno la unión de España! Mi idea: sacá a tó lo españoles de sus casas, llevarlos muy lejos y los habrán fundío en estrecho abraso. Es cuestión de kilómetros».

Tiene gracia, pero también da pena…Durante la guerra, se hizo más radical: creó una serie de Oselito, miliciano; hizo dibujos para el Congreso Internacional Antifascista; colaboró en el periódico Frente rojo…

Al concluir la guerra, en Madrid, fue detenido y condenado. Algunos amigos suyos que tenían influencias –entre ellos, según parece, Sancho Dávila– lograron que la sentencia no se cumpliera y, finalmente, fue amnistiado.

Pasó entonces muchas dificultades económicas, volvió a dibujar. Compartía tertulia con Tono, Mingote y Gila. Colaboró en el periódico España de Tánger, que se editaba en Madrid y dirigía don Gregorio Corrochano; también, en la revista humorística Don José. En 1958, publicó el libro Real Betis Balompié. Bodas de Oro.

Como ya he dicho, Oselito es, sin duda, su creación más popular: un sevillano delgado, fino, con cara alargada, nariz afilada, ojos pequeños pero muy expresivos, orejas algo despegadas. Suele vestir chaqueta clara y pantalón oscuro. Lleva habitualmente una mano metida en el bolsillo, pajarita, sombrero cordobés y zapatos de charol.

Oselito es ingenioso, simpático, hablador, capaz de salir de los mayores embrollos –igual que el pícaro clásico– gracias a su humor y a su astucia. Alguna vez, Oselito lleva debajo del brazo una pequeña Giralda, como síntesis y símbolo de la vinculación con su tierra.

Partiendo de la amistad de Martínez de León con Joselito el Gallo, el genio del toreo, algunos han creído que Oselito era una especie de homenaje humorístico al genio del toreo. Creo que no es así: el gran torero era más corpulento y su expresión, más seria, menos pícara.

La realidad es más sencilla. Lo aclaró el propio Martínez de León, en 1954:

«En Oselito he querido representar el genio popular de Andalucía. Y, concretamente, el sevillano. Este tipo lo repetía casi sin proponérmelo en mis primeras historietas y, antes de que yo tuviera plena conciencia de su presencia, la tuvo el público, quien lo bautizó con el nombre de Oselito, por su parecido con el torero».

En este personaje, el dibujante sintetiza su visión del humor andaluz, mucho más serio de lo que suele creerse:

«Aquí, el chiste es provocado como una evasión de su fondo dramático, para no caer en el pesimismo… Mi propósito, al menos, es reflejar el genio popular andaluz, huyendo de lo falso… Oselito es una creación literaria, más que plástica. Es un modo de ser que muchos andaluces llevamos dentro, aunque por fuera prescindamos del sombrero ancho y de la capa».

Dibujaba Martínez de León con facilidad, con un trazo rápido, muy ágil: captaba un momento, con enorme sencillez expresiva. Era un notable pintor.

Confieso yo, sin embargo, que, todavía más que sus óleos, me gustan a mí esas viñetas en las que una simple línea basta para sintetizar un momento, una situación, un sentimiento.

Como añade a la ligereza del dibujo el acierto rotundo de una frase popular andaluza, el resultado puede llegar a ser deslumbrante.

No se equivoca Julio Caro Baroja –que también era dibujante– cuando sitúa a Martínez de León dentro del costumbrismo andaluz, pero matiza que no se queda en lo local, sino que lo trasciende.

Baste con recordar que Andrés Martínez de León también colaboró en Grecia, la revista sevillana de vanguardia, elogiada por Antonio Machado: «Es lo más interesante que hoy se publica en España». Y, anecdóticamente, que Picasso le dedicara con cariño una fotografía.

Oselito expresa el espíritu popular andaluz igual que Castelao refleja el gallego: dos espíritus muy diferentes, pero, al margen de sus ideas políticas, los dos son grandes artistas.

El que mejor definió el estilo de Martínez de León fue otro sevillano, Joaquín Romero Murube, tan fino y sutil como él:

«Tras aquel humilde mecanismo de sus dibujos y de sus palabras, se encerraba eso que no se logra más que por favor del Sumo Creador: la sal, la gracia, la emoción, la sana alegría y lo indefinible… esencias purísimas de su pueblo, de su Sevilla».

Me gusta imaginar a Oselito y a Andrés Martínez de León escuchando el pregón de un vendedor ambulante y la queja de una madre, por la mala noche que le ha dado su hijo; curioseando las pizarras donde se anotan las tapas del día, en los bares; divirtiéndose, con los pintorescos rótulos, en los escaparates de los viejos comercios…

Siempre juntos, caminando y charlando, por las calles de Sevilla.