Autorretrato del pintor Franz Von Stuck
La inquietante representación del ángel caído que cautivó al arte europeo
La obra del pintor Franz Von Stuck, de 1890, ha recorrido exposiciones internacionales y continúa despertando interés por su interpretación artística de una de las figuras más conocidas de la tradición cristiana
Imagínese caminando por una galería y de repente se lo encuentra: el cuadro de Lucifer, sentado solo la oscuridad infinita, indefinida. No es el diablo monstruoso rojo, con alas de murciélago, con cuernos y una cola acabada en flecha de algunas historias, sino la encorvada figura del ángel caído en profunda reflexión. Está iluminado por una luz escasa, haciendo que su piel pálida brille contra las sombras. Tiene la cabeza ligeramente inclinada, pero sus ojos; un amarillo penetrante y brillante, miran fijamente desde la oscuridad sin expresión alguna.
La obra del pintor Franz Von Stuck, Lucifer
Esta pintura de óleo sobre lienzo, realizada en 1890, se hizo especialmente conocida por la representación poco común del ángel caído.
La historia del cuadro también contribuyó a su fama. El rey Fernando de Bulgaria lo compró en 1891 para su colección en Sofía. Según una anécdota recogida en relatos sobre la obra, la pintura provocó tal impresión entre algunos de sus ministros que estos se santiguaron al verla.
Hermosa toma de dron del centro de Sofía (Bulgaria) y la catedral de San Alejandro Nevski.
Aunque la historia resulta difícil de verificar con mucho detalle, demuestra el gran impacto que causó una representación tan poco convencional del diablo. Actualmente la obra se conserva en Bulgaria, Sofía.
La pintura no se ha quedado únicamente en Bulgaria, donde forma parte de la colección de la Galería Nacional de Arte de Sofía. A lo largo del siglo XX y del XXl, la obra ha viajado a distintas exposiciones internacionales donde ha sido contemplada desde el punto de vista simbólico, de la representación artística del mal e incluso de la melancolía.
Lo que hace que esta obra siga resultando tan fascinante es que no necesita mostrar violencia ni recurrir a elementos explícitamente terroríficos. Todo está en la mirada, esa mirada que parece saber algo que el resto no y que parece atravesar el lienzo.
Clive Staples Lewis, escritor, profesor y pensador británico, expone que Lucifer da miedo no porque sea el contrario de Dios ni porque represente una fuerza malvada todopoderosa, sino porque encarna el orgullo, el egoísmo y el deseo de dominar a los demás. Lewis expresa esta idea mediante una comparación especialmente importante: el amor auténtico desea el bien del otro, mientras que el deseo diabólico de poseerlo es una especie de hambre que busca devorarlo.
Clive Staples Lewis
Además, Lewis rechaza la imagen de un Lucifer divertido, elegante y rebelde que hace que el mal parezca liberador. Para él, el infierno es un lugar dominado por la envidia, la inseguridad, la competencia y el resentimiento. Para Lewis, Lucifer representa al ser que se coloca a sí mismo por encima de todo. Su caída está vinculada al orgullo y al deseo de exaltarse. En el cuadro, la mirada firme y la postura pensante pueden interpretarse como una expresión de desafío y autosuficiencia.
También advierte que el mal puede resultar atractivo o parecer razonable. Stuck refuerza esta idea al representar a Lucifer como un ser humano y no como una criatura grotesca. Esto hace que el espectador se enfrente a una pregunta inquietante: ¿y si el mal no tuviera un aspecto claramente monstruoso?
Franz Stuck fue alguien que realmente construyó su propio mundo desde cero. No era solo un pintor; era arquitecto y un visionario total. En Múnich, de hecho, diseñó y construyó su propia villa increíble, una casa enorme, como un templo. La llenó con sus propias esculturas y pinturas, creando una especie de santuario personal que era tanto su estudio como una manifestación física de su espíritu artístico. Se convirtió en un maestro allí, siendo mentor de artistas como Kandinsky y Klee, que luego cambiarían el arte para siempre.
El pintor a menudo se usaba a sí mismo como modelo para sus dioses y demonios. Así que cuando se observa la obra de Lucifer, en parte se ve un autorretrato del propio espíritu de Stuck, quien no pintó al enemigo de la humanidad, sino a alguien que podría cruzar caminos con usted.
Esta podría ser, quizá, una representación honesta del mal: no el monstruo que asusta, sino el espejo que preferimos no mirar demasiado tiempo.