Fundado en 1910

Ramiro de Maeztu en una imagen publicada por 'Mundo Gráfico'Wikipedia

El Debate de las Ideas

90 años sin Ramiro de Maeztu

Se acercan fechas sensibles para los nostálgicos de la literatura española. Ya se leen anuncios de exposiciones sobre Góngora; películas influidas por el recuerdo de Lorca y reuniones a precio de mercado para recordar aquella reunión del Ateneo de Sevilla. La Edad de Plata ha sido seccionada en dos mitades demasiado contrastadas: los encumbrados para ser utensilios ideológicos y los olvidados.

El sueño de un Renacimiento cultural español comienza desde el proyecto educativo de Francisco Giner de los Ríos y Joaquín Costa, que fructifica en la Institución Libre de Enseñanza. El principio se fundamentaba en la generación de conciencia y libertad en los hombres del futuro. Los herederos de aquel movimiento intelectual y social fueron: Ganivet, el último romántico; Unamuno, el filósofo que siempre quiso creer; Baroja, el investigador del alma española; Azorín, el observador obsesionado con el tiempo; Valle-Inclán, el renovador del teatro; y Maeztu, el pensador que dio a conocer a la Generación y a España a Europa.

Pasaron los años y nació una nueva generación con un «pedestal» intelectual que construyó los cimientos humanísticos de la futura II República: la generación de Ortega, Juan Ramón, Pérez de Ayala, Marañón o Madariaga. Con el germen estético de los Machado, educativo de la ILE e intelectual de los Novecentistas, los jóvenes artistas de los años veinte estaban posicionados a la vanguardia europea. Nace la Generación del 27. Demasiado pronto llegan los nuevos aires de la II República a la sociedad española, que desembocan en la tragedia de la guerra entre compañeros, hermanos y amigos. A los jóvenes artistas no les dio mucho tiempo para desarrollar su pensamiento estético. La Guerra les sobrevino cuando iniciaban el camino a su madurez; cuando todos -comunistas y fascistas- teorizaban sobre distopías en los cafés de Madrid -símbolo de estas reuniones, La Ballena Azul-.

El joven Maeztu participaba plenamente en los debates ideológicos de sus compañeros de generación (las huelgas, el hambre, la vida minera…). Sus estudiosos confirman que era el más agresivo de todos los existencialistas. Sin embargo, era defensor del concepto europeísta de la formación de la patria: la colaboración del arte para el fortalecimiento de los valores nacionales. Sin duda, fue «vidente de la verdad y creador de ideales», según Inman Fox. Para Maeztu, «antes de artista y después de artista, el escritor ha de ser hombre, y hombre de su tiempo». Cualquier lector pueda pensar que nos realiza una crítica al anacronismo de nuestra sociedad vigente.

Hacia otra España es su obra fundamental de juventud, donde podemos observar el inicio de la evolución del pensamiento de don Ramiro. En su madurez, Maeztu inicia una defensa sobre los valores de la Hispanidad, sobre el sacrificio y sobre el catolicismo, desde su experiencia vital en Londres, en los años de la I Guerra Mundial. Para Maeztu, la sociedad debía tomar consciencia del valor del sacrificio; en particular, el del individuo en favor de la colectividad. A pesar de su origen ideológico socialista, esto le transporta, sin violencia, hacia la defensa de los valores espirituales supremos (Dios a través del catolicismo).

Uno de los grandes hitos de la Edad de Plata en servicio de la sociedad fue la Agrupación al Servicio de la República, fundada en 1931 por Ortega, Marañón y Pérez de Ayala y con el inolvidable apoyo de Antonio Machado. Fue poco después de la fundación cuando todos los miembros comienzan a manifestar el desencanto con la deriva republicana. Tanto es así que, los que fueron los grandes estandartes del progreso cultural español las décadas anteriores, no firman el manifiesto en apoyo a la República al inicio de la Guerra Civil. La Edad de Plata de nuestro pensamiento ya no confiaba en las acciones de los gobiernos que ellos mismos habían defendido y educado.

Ramiro de Maeztu, que defendía desde Inglaterra en la década de los veinte el «muy original concepto» de socialismo cristiano, crea un entroncamiento ternario de los que -considera- son los grandes mitos de la cultura española, en su libro Don Quijote, Don Juan y La Celestina. Don Quijote encarna el amor; Don Juan, el poder y Celestina, el saber o la verdad. Para él, son la versión española de los tres atributos divinos. Todo termina con su libro más famoso y más polémico (Defensa de la hispanidad), publicado en Madrid en 1934.

La conversión ideológica fue fatal para su vida. La renegación de la República le supuso ser encarcelado en los primeros días de la Guerra Civil. En la madrugada del 29 de octubre de 1936 -este año se cumplen noventa años-, tres meses después de su ingreso en prisión, lo trasladan de la cárcel de Ventas al cementerio de Aravaca, junto con otros compañeros. Bajo el engaño del traslado de prisión, Ramiro de Maeztu es fusilado en la tapia del cementerio por las milicias republicanas, sin juicio previo.