No hay películas de la «cultura» española para Maeztu o Muñoz Seca, pero sí para Lorca
Los tres fueron asesinados al principio de la Guerra Civil. Hombres buenos y talentosos de los que solo uno, el poeta granadino, fue escogido como mártir manoseado por una ideología
Ramiro de Maeztu, Federico García Lorca y Pedro Muñoz Seca
Ramiro de Maeztu era escritor y pensador. Un intelectual. Había sido socialista en su juventud, pero en 1936 era todo lo contrario. Lo prendieron los milicianos republicanos y lo encarcelaron y pocos meses después lo asesinaron.
Maeztu era católico como Pedro Muñoz Seca, dramaturgo de éxito, humorista genial, fue fusilado en una de las matanzas de Paracuellos del Jarama un mes después que el pensador madrileño. Antes que ellos dos, en agosto, Federico García Lorca fue fusilado en Granada por los del bando contrario.
La diferencia entre las muertes de Lorca, Maeztu y Muñoz Seca no debería haber sido ninguna después de la Guerra y más aún durante y después de la Transición. Sin embargo, el asesinato que permaneció convenientemente recordado y utilizado ideológicamente fue el del autor de Poeta en Nueva York.
Durante décadas se recordó con profusión a Federico como víctima del «fascismo» a causa de sus ideas de izquierda y de su homosexualidad. Esto último es lo que afirmaron los directores de la exitosa película basada en su figura La bola negra, pero la realidad no fue así, pese a los muchos años transcurridos con esa narrativa.
Lorca fue asesinado por rencillas familiares. Pero dichas desavenencias (sobre propiedades), no eran tan buen reclamo para tan interesado relato ideológico como el que se creó. Tampoco resultó que Lorca fuese de izquierdas, pues siempre se consideró apolítico. Y además también era católico.
El poeta y dramaturgo, artista genial, fue amigo de José Antonio Primo de Rivera, fundador y líder de Falange. Y también de Rafael Alberti, conocido autor comunista (y responsable de ejecuciones y otras iniquidades), más al principio que al final:
«...Ahí tienen ustedes el caso de Alberti, uno de nuestros mejores poetas jóvenes que, ahora, luego de su viaje a Rusia, ha vuelto comunista y ya no hace poesía, aunque él lo crea, sino mala literatura de periódico. ¡Qué es eso de artistas, de arte, de teatro proletario ! El artista, y particularmente el poeta, es siempre anarquista», dijo en 1927.
«El poeta solo debe obedecer tres voces: la voz de la muerte, la voz del amor y la voz del arte», y añadió: «El artista debe ser única y exclusivamente eso, artista. Con dar todo lo que tenga dentro de sí, como poeta, como pintor... ya hace bastante. Lo contrario es prostituir el arte...». Es justo lo contrario a lo que hicieron con él quienes tomaron su figura conveniente dirigida.
No tuvieron en cuenta sus ideas artísticas, sus creencias ni su personalidad para crear un personaje al gusto. Y, por lo tanto, falso. Es decir, pervirtieron su realidad o su memoria para dar preeminencia a su homosexualidad que él llevó con naturalidad, y para apropiarse ideológicamente de un artista inapropiable por sus innumerables y conocidas manifestaciones personales y testimonios de quienes le conocieron.
Lorca sirvió para un relato que todavía persiste, el de la criminalización de la «derecha», como dijo Borges: «El derrotado es siempre estéticamente superior al vencedor», esa «derecha» que es siempre negativa según el relato imperante, cuando no significa nada (igual que la «izquierda»); el relato para que el que no sirvieron Maeztu y Muñoz Seca.
No hay películas españolas para ellos, del mismo modo que no fueron inspiración para los cuentos de una «izquierda» que ha hecho perdurar su discurso a través de ellos, con Federico García Lorca como uno de sus referentes y ejemplos principales.