¿Tergiversa 'La bola negra' la figura de Lorca para crear un nuevo relato sobre el poeta y la homosexualidad?
Los falsos relatos sobre el poeta traído y llevado como una mercancía ideológica regresan en esta ficción cuyo éxito lleva consigo todas las (re)afirmaciones de sus creadores
Imagen de La Bola Negra
Los elogios a la película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, La bola negra, no dejan de producirse. Como se sabe, parte de la figura de Federico García Lorca y de una obra teatral inacabada de la que solo existen cuatro páginas. La bola negra es la forma del voto de una antigua costumbre con la que se rechazaba la entrada de hombres homosexuales a clubes y lugares de Granada: una reivindicación que viene de Lorca, un personaje real, para crear una ficción.
Un cuento, sin embargo, que puede dar lugar a confusiones históricas importantes, mayormente sectarias, además, si se recuerda que en los principios de la promoción del filme, sus directores afirmaron públicamente que el poeta granadino fue asesinado por homosexual. De este modo, la enésima recuperación de la figura de Lorca puede llegar (y más que puede) tergiversada para el gran público al que ya llega la celebrada película (aquí no se habla de ella, sino de su planteamiento y mensaje) que resuena para los Oscars, es decir, al otro lado del Atlántico.
Los falsos relatos sobre el poeta traído y llevado como una mercancía ideológica regresan en esta ficción cuyo éxito lleva consigo todas las (re)afirmaciones de sus creadores y toda la carga ideológica de una imaginación que curiosamente compra el relato de la homosexualidad como motivo del crimen de Lorca.
Al artista no lo mataron por homosexual, lo que hace que la esencia de la obra de Los Javis esté tergiversada. Hay una apropiación de una historia real para contarla como se quiere contar lo que se quiere contar, lo que alcanza los límites, si no se traspasan sin ambages, de unas mínimas «licencias» y lo que se relaciona inevitablemente con el sectarismo en una de las historias y de los personajes ideologizados por antonomasia.
Si por un lado se quiere hacer reparación y memoria, no deja de hacerse desde una narrativa actual que no tiene que ver con la historia y el contexto: el principal problema del revisionismo. Si también se pretende acercar a Lorca al público actual, o la Guerra Civil (otra vez), lo que se hace es confundir en esa mezcla «artística» los hechos históricos, creando precisamente una nueva narrativa que ya es vieja.
Y hay, por otro lado, la idea de replicar artísticamente la vanguardia que representó Lorca en esta vanguardia cinematográfica del XXI, a modo de homenaje, que no se sabe si le hubiera gustado al ya indefenso protagonista por la farragosa instrumentalización y el mensaje que se contradicen, en algunos casos frontal e incluso sustancialmente, con aquella famosa definición real de sí mismo que hizo en su última entrevista, publicada en El Sol: «Yo soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico».