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El ministro de Cultura, Ernest UrtasunEFE

La polarización ideológica del sanchismo deja un páramo cultural en una España de buenos y malos

La política cultural de Sánchez ha dejado numerosos escritores y artistas cancelados por razones ideológicas

Decía el escritor Juan Manuel de Prada en una entrevista concedida en mayo de 2025 a El Debate que los integrantes de esa cultura «oficial», afín al sanchismo y dócil al poder «son obedientes esclavos» a los que Sánchez exigía «ser militantes». Mientras, él, está «cancelado en 50 mil sitios».

No es el único escritor o representante cultural español relevante (artistas, actores, intelectuales, etcétera) que han sido orillados, cancelados y condenados al ostracismo por el sanchismo y la izquierda, en general.

Josema Yuste, Pedro Ruiz, Ramón Arcusa, Plácido Domingo…, y otros muchos. Todos ellos, pese a que siguen trabajando y con notable éxito entre el público, son sistemáticamente silenciados: no se les da espacio en medios afines a Moncloa, se les ataca y calumnia en campañas de difamación en redes sociales o, incluso, se desprestigia su trabajo tildándolo de «casposo» y desfasado.

Esta política de la cancelación es resultado de la polarización ideológica, la división de los españoles entre malos y buenos, sin medias tintas, en una estrategia de mezquino maniqueísmo que Sánchez ha llevado a su extremo pero que ya había puesto en práctica Zapatero durante sus años de gobierno: «Nos conviene que haya tensión», dijo en aquella entrevista con Iñaki Gabilondo en el plató de Cuatro.

La política de polarización no solo se ha desarrollado en el ámbito cultural. Es en el social donde, de hecho, más se ha dejado notar, causando una fractura entre la ciudadanía por razones ideológicas que se dejará notar durante mucho tiempo aún después del sanchismo.

Esta estrategia tiene en la ley de memoria democrática –actualización de la ley de la memoria histórica de Zapatero– su pilar central, como palanca para poner en marcha una ingeniería social que va mucho más allá de la reparación a las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo.

Una estrategia que en estos años se ha apoyado también en los Premios Nacionales del Ministerio de Cultura (con el Ministro Urtasun como tecla indispensable) para promover a creadores ideológicamente afines o que respondieran al modelo político, social y cultural del sanchismo.

Al mismo tiempo que se ha apartado a artistas, escritores e intelectuales de renombre solo por haber sido críticos con Sánchez y su Gobierno, o simplemente haberse mostrado partidarios de partidos de derecha.

En estos años se ha visto como se ha ido formando una camarilla de comodines culturales de la izquierda a los que sacar en cada ocasión, polémica o campaña electoral para reforzar la posición argumental o ideológica del PSOE y sus socios.

Una nueva «zeja» sanchista donde destacan nombres como el de los escritores Carlos Bardem o David Uclés; el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero; el presidente del Ateneo de Madrid, Luis Arroyo o los ya habituales Pedro Almodóvar, Ana Belén o Jordi Évole.