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Aquilino Cayuela

El profesor Aquilino CayuelaCedida

Entrevista a Aquilino Cayuela, profesor universitario

Aquilino Cayuela: «Zapatero, con esas joyas tan ostentosas, no va a poder levantar cabeza»

Aquilino Cayuela, profesor de la Universidad Abat Oliba CEU y autor de 'Corruptos. Los males de la vida pública' (CEU Ediciones), detalla para El Debate las causas y tipos de corrupción en España: «Tras el 29N habrá que legislar para que no haya ni Ábalos, ni Cerdán, ni financiación ilegal»

Hay novedades editoriales que, sin pretenderlo, tienen el don de la oportunidad. Es el caso, en parte, del último ensayo del profesor de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona Aquilino Cayuela.

El también colaborador de El Debate acaba de publicar Corruptos. Los males de la vida pública (CEU Ediciones), un libro en el que retrata los casos de corrupción en España, los describe y explica sus tipologías, origen, causas y consecuencias.

El libro, planteado en un principio como un recurso de apoyo a sus alumnos, adquirió una dimensión propia a medida que el autor fue descubriendo el enorme tamaño de la corrupción sistémica del Estado, de manera que el libro se transformó en otra cosa para convertirse en un manual imprescindible para que el público en general comprenda la gravedad del problema de la corrupción política en España.

–¿Estamos ante el momento de mayor corrupción de la historia de España con el sanchismo?

–Sin duda. Estamos en un momento de corrupción tremendo. En el libro hago alusión a la corrupción que hubo en los años 90, que afectó a toda América Latina y a muchos países de Europa.

De hecho, el primer estándar que se hizo de buen comportamiento en la función pública y política fue en los años 90 en Reino Unido, con el entonces primer ministro John Major (el Informe Nola, por el juez lord Nolan).

Cubierta de 'Corruptos', de Aquilino Cayuela

Cubierta de 'Corruptos', de Aquilino CayuelaCEU Ediciones

En esa época, en España tuvimos una enorme corrupción en el final del Gobierno de Felipe González, con toda la trama contra ETA, Filesa…, todos estos casos. Pero lo que está ocurriendo ahora supera con creces todo eso.

Además, está llegando a un nivel sistémico. Está llegando a un nivel extraordinariamente grave. Y menos mal que el Poder Judicial tiene independencia y está juzgando los casos, pero a nivel político no existe ningún tipo de responsabilidad política. Es lo más alucinante de la situación que estamos viviendo.

Además, se ha conseguido insensibilizar a la ciudadanía frente a la corrupción. Porque los casos que están saliendo, desde el caso Ábalos-Koldo hasta la trama de Leire, pasando por el caso Zapatero –que ha sido un varapalo para toda la izquierda, principalmente para los socialistas– no han provocado la reacción que veíamos en los años 90, cuando todos nos hacíamos cruces por todos los casos de corrupción y pensábamos que una cosa así no se podía volver a dar. Y lo que se está dando ahora es peor. Es infinitamente peor.

–¿A quién va dirigido el libro? Decías antes que la sociedad está insensibilizada frente a la corrupción…

–Parte del libro procede de mis lecciones que yo daba en la Universidad, tanto en el tiempo que estuve de profesor en Alemania como luego aquí en Barcelona, en la Abat Oliba CEU. En un inicio, el libro estaba dirigido a mis alumnos, para explicarles la ética política, que era la asignatura que yo impartía, lo que supone la corrupción, los casos que hay…

Luego también tiene mucha parte de derecho administrativo, de la casuística o la tipología de corrupciones que hay.

Pero, con el incremento de los casos de corrupción que estamos siendo testigos –hago alusión al fiscal general, hago alusión a Zapatero, a las cloacas…–, decidí hacer un libro más dirigido al gran público, para que se supiese lo que es la corrupción.

Otro de los problemas que tenemos es que los medios no hablan concretamente de los tipos de corrupción que existen. Se habla de prevaricación, de cohecho…, la gente no sabe exactamente a qué se refiere. Quería explicar esa corrupción no solo desde el punto de vista del derecho, que ya es muy grave, sino desde el punto de vista moral y político, que es lo que yo muchas veces he hecho en falta. Hay una falta de cultura, en ese sentido.

Además, la corrupción es que es intrínsecamente injusta de cara a una sociedad democrática. El daño que genera lo estamos viviendo: la tensión que tenemos de cara a las elecciones, el pensar que van a poder cometer fraudes o que han actuado con tal grado de impunidad, que pueden ser capaces de hacer cualquier cosa, etcétera.

El libro va dirigido a toda la sociedad para informar de una manera divulgativa y científica, desde el área de la ética política, lo que supone en sí mismo la corrupción.

–¿Qué es la 'inpolítica'?

–He hecho una diferenciación entre los términos ‘impolítico’ e ‘inpolítico’. El término ‘inpolítico’ no existe. Sí que existe ‘impolítico’, que tiene dos significados o dos sentidos. Uno se refiere al que no le interesa la política, el apolítico. Y según el otro significado, lo ‘impolítico’ sería lo que luego se ha denominado lo políticamente incorrecto.

Pero yo hago alusión a una corrupción más profunda y la pongo con ‘in’, que es un término que no existe, pero lo pongo adrede como el sinónimo de ‘inmoral’, pero en el caso público, en el caso político.

En la vida pública, en la política, ‘inpolítico’ sería aquella persona que de fondo genera toda una serie de comportamientos, de actitudes, sobre todo son actitudes.

Por poner un ejemplo, yo traje en su día a María San Gil a Barcelona –quien hizo el prólogo del libro y con la que me une la amistad– para que hablara a mis alumnos de lo que pasó con ETA, que les hablara de Gregorio Ordóñez y de otros políticos que fueron asesinados por ETA. Me di cuenta de que los años de ETA se habían borrado de la memoria de los chicos.

Ha desaparecido totalmente la alusión a los crímenes de ETA, crímenes cometidos durante tan largo tiempo y tan recientes. Se hace alusión a cosas de hace 90 años, pero no a la democracia reciente, lo que ha pasado y lo que ha ocurrido. Pues eso, por ejemplo, sería un acto de ‘inpolítica’ en el sentido que yo digo, una inmoralidad profunda, una pérdida completa de los bienes sustantivos que sostienen y unen a una sociedad.

Este grado de corrupción tan grande, tan grave y tan sistémica al que hemos llegado, esa insensibilidad de la que yo te hablaba antes, se debe a que previamente hay una labor de ‘inpolítica’, o sea, de inmoralidad en la vida pública. Una inmoralidad que hace que la gente no perciba que los periodistas justifican continuamente lo injustificable, que mezclen las cosas, que confundan. Eso es ‘inpolítica’.

–Con todo esto que explica, ¿el ciudadano cómo reacciona?

–Realmente la gente está desmoralizada. Vivimos en una sociedad enormemente desmoralizada y el Gobierno, en vez de hacer lo que debería hacer un buen Gobierno –según la que debería ser su función apuntada por Aristóteles: hacer mejores a los hombres–, se ha encargado de envilecer el ambiente en el que estamos y así lograr ese grado tan alto de insensibilidad ante todas estas actuaciones.

Es cierto que ahora que hemos tenido una enorme cantidad de víctimas, casi 70, resultado de la mala gestión, hay una respuesta ante el desastre. Yo, por ejemplo, que viajo tantísimo en tren, he visto el deterioro de los trenes, del AVE.

Al mismo tiempo, el nivel de impuestos que se nos piden, la presión fiscal que sufrimos, es extraordinaria, mientras que el dinero público se gestiona mal o se utiliza para cosas ajenas al bien de los ciudadanos. Pero la sociedad no responde a estas cosas.

–¿Qué tienen en común los casos Ábalos-Koldo, Cerdán, Leire la fontanera, el hermanísimo y Begoña?

–El nexo común es el actual presidente de Gobierno, que es un poco el que aúna a todos.

Han sido sus personas de mayor confianza, familiares, personas cercanas, las que han creído que por el hecho de llegar al poder político podían tensionar, incluso forzar, todos los instrumentos de la sociedad democrática, como los han tensionado, deteriorarlos a través de un fuerte aparato de propaganda y manipulación para inducir en las personas esta insensibilidad de la que estamos hablando.

En el lamentable accidente del AVE y el Iryo –que me podía haber tocado a mí, porque justo esa semana viajé, no en esa línea, pero sí en otras, y me siento perfectamente identificado con las víctimas– sí que se ha visto que la catástrofe ha causado un impacto en la sociedad, pero fíjate que el relato previo.

Encontramos un clarísimo caso de ‘inpolítica’ cuando el ministro de Transportes apareció en aquel programa de televisión (‘Cara al Show’, de Mar Giró, en La Sexta). En ese programa de televisión hubo una burla, se ironizó o se frivolizó con las víctimas del accidente anterior (el de Adamuz, el 18 de enero de 2026). Eso es ‘inpolítica’ porque es una inmoralidad burlarse de un accidente.

Ese sentimiento que tenemos los ciudadanos de que hay que aceptar que los políticos sean intocables, que no haya responsabilidad política, me parece gravísimo, junto con la pérdida de noción de la responsabilidad política.

Lo del accidente, o lo ocurrido en Ceuta, es para que todos no echemos a la calle. Pero, en cambio, ante todas estas cosas nadie responde. No hay una respuesta de ninguno de los responsables políticos que tendrían que responsabilizarse de esas situaciones.

–¿Por qué no se pudo evitar que la corrupción se enquistara en nuestro sistema político? Porque no hay gobierno que se salve…

–Es una situación peculiar. Como en España la democracia llegó tarde, no hubo una ley con respecto a la financiación de partidos políticos.

Luego sí que se ha ido regulando. Sí que surgió el deseo desde los años 90, desde todos los casos de corrupción en los gobiernos de Felipe González, luego con el PP…, a raíz de esos casos sí que se han propuesto distintos estándares de comportamiento en la vida pública y en la función política. Pero se han ido olvidando.

Cada gobierno que ha venido ha olvidado lo anterior. Y, sin embargo, la corrupción está tipificada, por eso ahora mismo tenemos unos 30 y muchos casos en los juzgados. Los españoles, los ciudadanos de a pie, necesitamos una seria y profunda regeneración política.

Tras el 29N será el momento para legislar en un sentido para que este tipo de acciones no se vuelvan a repetir. Que no haya Ábalos, ni Cerdán, ni la financiación ilegal de los partidos… Siempre ha habido en los dos grandes partidos la sospecha de que había financiaciones irregulares. Pero, claro, ahora es mucho más que una sospecha.

Yo pongo muchos ejemplos en el libro, desde un pequeño ayuntamiento, hasta una diputación, comunidades autónomas… Cuanto más grande sea el aparato del Estado, que aquí es enorme, más posibilidades de corrupción hay. Y si los de arriba son corruptos, como es el caso, de ahí para abajo la cantidad de corrupción que se genera es extraordinaria.

Es un mal enorme para la sociedad, para la vida pública, sobre todo, cuando se vive en democracia. La corrupción destruye la democracia, porque rompe la confianza en el sistema democrático.

Luego están los escándalos. Lo de Zapatero, por ejemplo, ha sido sobre todo un escándalo, además de ser un caso de corrupción, por supuesto.

Un escándalo es algo que ves y dices: Dios mío, esto clamo al cielo. Zapatero, con esas joyas tan ostentosas, no va a poder levantar cabeza, porque eso más que corrupción es un escándalo. Corrupción y escándalo son cosas aparejadas, pero son distintas.

–¿Qué debe hacer el gobierno que salga de las urnas del 29N para dar carpetazo, de una vez por todas, a la corrupción en España?

–El Gobierno que salga de las próximas elecciones tiene un gran trabajo que hacer. En primer lugar, tiene que emprender una regeneración política, es decir, tiene que legislar para emprender esa regeneración.

Lo primero que tendrá que hacer es que auditar, porque el dinero público del que este Gobierno ha hablado tan alegremente, y del que han hecho un uso tan alegre, es dinero de todos, es el dinero de los ciudadanos, como decía Margaret Thatcher. Es el dinero que ganamos todos los ciudadanos con gran esfuerzo, fruto de nuestro trabajo, y que se nos quita de nuestra capacidad de ahorro para mantener una sociedad de bienestar.

Cuando ese dinero se utiliza fraudulentamente y a capricho… Por eso de las primeras cosas que habría que hacer es una auditoría seria.

El nuevo Gobierno deberá impulsar una legislación que busque la regeneración, que proponga estándares de comportamiento político, de comportamiento público, adecuados.

Estos estándares ya existen desde los años 90, desde el informe que hizo el juez Nolan en el Reino Unido. Todos esos estándares se han ido amplificando, y, sin embargo, parece que se han olvidado absolutamente.

Se trata, evidentemente, de devolver la confianza a los ciudadanos. El gobierno tiene que recuperar la confianza en las instituciones democráticas, en el Estado y eso va a ser un trabajo muy arduo.

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