01 de diciembre de 2022

Escena de pillaje en Madrid

Escena de pillaje en Madrid

La guerra cultural de Napoleón contra España

El expolio artístico por parte de nuestros vecinos nos dejó huérfanos de muchos tesoros, pero al mismo tiempo colonizamos con nuestros maestros los museos de media Europa

Nadie podía imaginar que la vinculación de nuestro país con Francia a través de la firma entre Godoy y el Directorio Francés supondría años después, y mediante el ascenso de Napoleón, la invasión de nuestro territorio; menos todavía, que esa invasión acarreara un expolio sin precedentes de nuestras obras artísticas, aunque fue una práctica común del ejército francés en cada país que invadía.
El Tratado de Fontainebleau, que permitía la invasión francesa de Portugal, abrió paso a las tropas napoleónicas a través de nuestro país, estableciéndose en las ciudades españolas por el camino y quedándose en ellas.

Supresión de religiosos y nobleza

Además, el motín de Aranjuez hizo caer a Godoy, Bonaparte recluye a la familia real en Bayona, les obliga a abdicar y proclama rey a su hermano José. La mecha de los acontecimientos ya conocidos se encendió y da comienzo a la Guerra de Independencia durante seis años, que arrasa nuestro país en todos los sentidos, también en el patrimonial y en el artístico.
A la supresión de la nobleza y las órdenes religiosas, le sigue el destrozo del patrimonio cultural religioso y la confiscación de miles de obras, que fueron robadas y trasladadas al país vecino.
Con la excusa y la promesa nunca cumplida de crear un museo público, las obras se almacenaron en el Palacio de Buenavista. Pero las sustracciones fueron constantes por parte de oficiales y funcionarios franceses, como Fréderic Quilliet, y las autoridades se ven obligadas a crear una comisión que gestione el cuidado de las obras.

Expolio como recompensa de guerra

De esa gestión se encargan el conservador Manuel Napoli, Mariano Salvador Maella y el célebre Francisco de Goya, sustituido posteriormente por Dominique Vivant, barón de Denon que, a su vez, confisca varios centenares más de obras de arte. Así que el tesoro artístico de España se fue disolviendo entre las manos de los invasores. Los mismos militares sustraían lo que más les gustaba, o se regalaba como compensación al esfuerzo militar.
Vitoria

  

Es famoso el episodio del convoy de casi quinientos carros de Dupont tras un saqueo en Córdoba, o la compra a precio irrisorio de un millar de cuadros por parte del mariscal Soult.

También se aprovechan los ingleses

Las autoridades francesas no se movían a ciegas en busca de las mejores obras, sino que consultaron el Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España, publicado por Juan Agustín Ceán Bermúdez en 1800. Sin embargo, también proliferó la depredación y el vandalismo de las tropas, como sabemos por Junot, cuando éste sustituyó al anterior mariscal y comprueba los destrozos de la basílica del Pilar, en Zaragoza.
Pintura, escultura, piezas de arqueología, archivos históricos, oro y plata de todo tipo de objetos desparece gradualmente de nuestro territorio con destino a París y en sucesivos convoyes, como denuncia Galdós en El equipaje del rey José, cuando casi 2.000 carros salen de Madrid en 1812 y gran parte del botín se pierde en Vitoria entre las manos de los soldados británicos.

Obras diseminadas por toda Europa

El duque de Wellington protege cerca de 200 cuadros sin marco, que envía a Inglaterra y que decorarán posteriormente el Apsley House, su casa museo, con obras de Velázquez, Tiziano y Correggio.
Una vez liberada España del yugo francés y tras la caída de Bonaparte, Fernando VII encarga a Miguel Ricardo de Álava la devolución de lo que pudiera quedar en Francia. El general Álava consigue sacar del Louvre, con la ayuda de doscientos infantes ingleses y el enfrentamiento con el pueblo de París, 284 pinturas y poco más.
Miguel Ricardo de Álava

Miguel Ricardo de Álava

España siguió tratando de recuperar todas las obras. Pero fue imposible. A la rapiña francesa y británica, se le unió la de marchantes que seguían el rastro de los convoyes para hacerse con lo que podían y vender por toda Europa el botín español.
Paradójicamente, aquel expolio nos dejó sin la herencia de muchos de nuestros artistas. Pero, al mismo tiempo, desencadenó un interés por nuestra pintura en el resto del continente. Y entonces, nosotros colonizamos con nuestra maestría los museos de todo el mundo.
Tributo al César de Tiziano

'Tributo al César', de Tiziano

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