27 de mayo de 2022

El desafío Francisco de Massimo Borghesi

Portada de «El desafío Francisco» de Massimo BorghesiEncuentro

«El desafío de Francisco». La Iglesia, ¿hospital de campaña o fortaleza?

Un libro de ánimo polémico. Massimo Borghesi entra de lleno en la batalla cultural y opone intelectualmente a dos bandos claramente diferenciados: el «teocon» vs el «francisquismo»

Dos imágenes para describir dos concepciones del mundo, dos imágenes que hablan de dos posiciones de la Iglesia ante la cultura: ¿hospital de campaña o fortaleza? La Iglesia debe ser, para unos, un refugio frente a un mundo corrompido moral y espiritualmente y, para otros, un lugar de encuentro y sanación para una humanidad herida.
Esta dialéctica en la que la cultura católica se encuentra inmersa es la que estructura y guía el hilo argumental de Massimo Borghesi en un libro que ha sido concebido con ánimo polémico. Entra de lleno en la batalla cultural y opone intelectualmente a dos bandos claramente diferenciados: el «teocon» vs el «francisquismo».
El desafío Francisco de Massimo Borghesi

ENCUENTRO / 324 PÁGS.

El desafío Francisco

Massimo Borghesi

El autor va cargado de munición. No solo disparan los antifrancisquistas. No estábamos acostumbrados a ver fuego de artillería pesada en los «buenistas» que apuestan por la ternura, el amor y la compasión. El lector debe prepararse para una batalla intelectual en toda regla, con la crudeza de las guerras, y también con la desproporción y la injusticia de algunas batallas. No es un libro de equilibrios. No busque componendas el lector que se asome a este escenario.

Capitalismo contra solidaridad

Dos modelos sociales, dos modelos políticos, y dos posturas que se entienden mal. Para Borghesi, los «teocon» critican el modelo social de la Iglesia, y no solo del papa Francisco, porque tienen la pretensión de que el cristianismo legitime la superioridad del sistema económico occidental, y no juzgarlo. Hay una suerte de teodicea capitalista dominante en el mundo católico norteamericano que entiende que «no es la caridad la que tiene que modular una idea de solidaridad capaz de funcionar como ideal regulador de un proceso histórico. Al contrario, es el 'mecanismo' del sistema y el progreso técnico producido por la lógica capitalista los que aseguran el bienestar general». El autor, que no ahorra argumentos, cree que el neopelagianismo, la secularización y la ideología burguesa vienen a fusionarse en un nuevo modelo de americanismo católico.
Esto explica que el papa Francisco sea tachado de «peronista» o socialista por algunos cuando, en la línea de la encíclica Centesimus annus del papa Juan Pablo II, reconoce la necesidad de que el Estado vele por el bien común frente a un proceso violento de industrialización en que el que cada vez son más los que se quedan fuera. El mercado no es capaz de regularse según su propia lógica interna, y necesita de unos límites legales y de orientaciones morales. En esto, según Borghesi, hay una perfecta continuidad con la Doctrina Social de la iglesia y, en el fondo, con una amplia tradición de pensamiento que subraya la primacía de la política sobre la economía.

Clericalismo como síntoma

El otro gran tema de conflicto que aborda el libro es el de la relación entre fe y civilización. Es quizás el más importante y el más duro. Para el autor, «el catolicismo de los treinta últimos años es esencialmente conservador. Quiere orden, certezas morales, adversarios seguros, confines claros. No se gustar estar `sin patria´, in partibus infidelium, en el ‘umbral’, como decía Peguy. Quiere estar entre sus fieles, los suyos, y combatir sin pausa la eterna batalla, exenta de sentimentalismos, contra los infieles». Es una fortaleza.
Sin embargo, el papa Francisco estaría queriendo mostrar los límites que tendría un identitarismo cristiano fijado en el pasado. En su intención estaría el deseo de romper el vínculo orgánico entre cultura, política, instituciones e Iglesia, porque, como también señaló Benedicto XVI, no es el hombre el que construye a la Iglesia, sino la Iglesia la que construye al hombre. No competería al César, según Francisco, la salvación del mundo y, por tanto, Borghesi piensa que «habría que huir de la tentación transversal y ‘ecuménica’ de proyectar la divinidad sobre el poder político que se reviste de ella para sus propios fines».
Si hay una primacía de la política sobre la economía, también hay una primacía de la fe sobre la política.
La Iglesia, por tanto, según Massimo Borghesi, no es una fortaleza que se confunde con el poder político para defender sus fines y su identidad. Por eso la imagen de un hospital de campaña que se dirige a un mundo cultural «postcristiano» es la favorita del papa:
«Yo veo con claridad que aquello de lo que la Iglesia tiene mayor necesidad hoy es de la capacidad de curar las heridas y de calentar los corazones de los fieles, de la cercanía, de la proximidad. Yo veo la Iglesia como un hospital de campaña después de una batalla. ¡Es inútil preguntarle a un herido grave si tiene el colesterol y los azúcares altos! Se deben curar las heridas. Después podremos hablar de todo el resto».
Es un libro duro, un libro de combate intelectual, arisco y exagerado en algunas partes, pero también es un libro que presenta a un papa Francisco comprensible, creíble, realista y, sobre todo, en estricta continuidad con la tradición de la Iglesia.
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