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Marcela de San Félix

Retrato de Marcela de San Félix

Bonete revive la figura de Marcela de San Félix, la hija de Lope de Vega olvidada por la historia

El escritor publica La hija del Fénix, una novela que rescata la vida y la obra de la hija del dramaturgo, autora de teatro conventual y una de las voces femeninas más singulares del Siglo de Oro

El prestigioso erudito Marcelino Menéndez Pelayo ya situó a Marcela de San Félix entre las voces notables del Siglo de Oro. A partir de ese reconocimiento histórico, el escritor y divulgador literario Fernando Bonete ha querido rescatar su figura en la novela La hija del Fénix (Espasa). El autor insiste en que no se trata de un descubrimiento, sino de devolver visibilidad a una autora cuyo talento, a su juicio, puede compararse con el de su padre, el dramaturgo Lope de Vega.

Bonete, conocido por su labor de divulgación literaria en internet y por el anecdotario Malas lenguas, cuenta con cientos de miles de seguidores en redes sociales, donde dedica sus publicaciones exclusivamente al mundo de los libros.

El interés del autor por Marcela surgió al descubrir que, entre los numerosos hijos que tuvo Lope de Vega —no todos reconocidos oficialmente—, una de sus hijas había seguido el camino de la escritura.

La hija del Fénix (ESPASA)

La hija del Fénix (ESPASA)Amazon

Marcela, además nacida fuera del matrimonio, logró abrirse paso en un contexto adverso. Mujer y religiosa de clausura, desarrolló una obra literaria que, según Bonete, demuestra una notable fuerza creativa. Su trayectoria la convirtió en una figura destacada del teatro conventual de su tiempo.

Gran parte de su producción se perdió. Marcela redactó cinco cuadernos con textos dramáticos y poéticos, pero cuatro de ellos fueron destruidos por orden de sus confesores. La práctica respondía a una disciplina espiritual extendida en conventos y monasterios: evitar que el orgullo personal pudiera interferir en la vida religiosa. El único cuaderno que sobrevivió bastó, sin embargo, para que los especialistas apreciaran la calidad de su escritura.

Las piezas que se conservan pertenecen a los llamados «coloquios espirituales», pequeñas obras pensadas para ser representadas dentro del propio convento por las monjas. Además, Marcela compuso loas y poemas breves que muestran un notable dominio del lenguaje barroco. Para Bonete, ese legado, aunque fragmentario, permite situarla entre las autoras relevantes del periodo.

Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de Vega

Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo pasar el entierro de Lope de VegaIgnacio Suárez Llanos

Su figura quedó durante siglos en un segundo plano. A pesar de la valoración positiva de Menéndez Pelayo y de algunas referencias en obras dramáticas del Romanticismo, su nombre rara vez aparece en los manuales literarios. Bonete interpreta ese silencio como el resultado de varias circunstancias: su condición femenina, la vida monástica y la sombra de un padre cuya fama eclipsó a muchos contemporáneos.

La relación con Lope de Vega fue compleja. El dramaturgo tardó en reconocer a la niña como hija y procuró no dejar constancia pública de esa paternidad. Marcela creció junto a su madre, la actriz Micaela de Luján, una de las intérpretes más conocidas de su tiempo y compañera sentimental del dramaturgo. Aun así, el talento de la joven no pasó desapercibido: cuando apenas tenía nueve años, ya ayudaba a su padre como secretaria en la gestión de su correspondencia, señal temprana de una capacidad literaria que más tarde desarrollaría en el convento.

La novela de Bonete busca devolver protagonismo a esa voz casi olvidada del Siglo de Oro y recordar que, incluso en circunstancias adversas, Marcela de San Félix logró construir una obra propia dentro de la tradición literaria española.

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