Masacre de indios en Lancaster, Pennsylvania (1763)
‘Nada por lo que pedir perdón’: repaso a los episodios más oscuros de los países artífices de la Leyenda Negra
Marcelo Gullo analiza con claridad y crudeza la acción imperialista de los países que crearon la Leyenda Negra española
Tras la publicación del célebre y polémico ensayo Imperiofobia, escrito por María Elvira Roca Barea, la Leyenda Negra española se ha convertido en uno de los asuntos históricos más en boga. Esto se observa en la aparición de numerosos ensayos dedicados a esta temática, algunos de ellos ya reseñados en esta sección. En ellos, sus autores, desde ópticas diferentes, han tratado de refutar las creencias erróneas sobre el pasado español, especialmente en lo que concierne a su acción en Hispanoamérica.

Espasa (2022). 464 páginas
Nada por lo que pedir perdón
Uno de los ensayos más aplaudidos fue Madre Patria, escrito por Marcelo Gullo. En él, el académico argentino diseccionaba con claridad y precisión los hitos de la campaña de desprestigio que diversas naciones habían dirigido contra España por sus intereses nacionales, así como los motivos que les llevaron a hacerlo.
En este nuevo libro, titulado Nada por lo que pedir perdón, Gullo va un paso más allá y analiza el oscuro pasado que tienen esos mismos países, y que en su gran mayoría son totalmente desconocidos por el público general. Ante la constatación de que solo se critica la conquista española de Hispanoamérica y de que sobre el resto de las ocupaciones se ha pasado de puntillas, Gullo va diseccionando el pasado imperialista y expansionista de los países que crearon y difundieron la Leyenda Negra.
De este modo, los trapos sucios de Gran Bretaña, Holanda, Alemania, Francia y Estados Unidos van desfilando a lo largo del libro. El acierto de Gullo reside en que se detiene en aquellos episodios que son menos conocidos, y en los que la crueldad de las acciones realizadas por estas naciones alcanza unos niveles tan sorprendentes como estremecedores.
Entre los muchos episodios que son analizados en el libro, cabe destacar el genocidio realizado por los holandeses en las islas de Indonesia –solo en las islas de Banda asesinaron a unos 15.000 nativos y el resto fueron esclavizados– y la matanza de los habitantes de la actual Namibia ordenada por las autoridades alemanas.
En algunos casos, como el de la Reforma luterana, el tono del autor es realmente mordaz, y en el análisis biográfico de personajes como Bartolomé de las Casas y Lutero se llega a la crítica ad hominem y a cierta caricaturización. Ahora bien, las virtudes del libro se imponen con claridad a la hora de hacer una valoración general del mismo. A lo largo de la obra encontramos episodios realmente brillantes, como la explicación de la importancia de las ideas puritanas a la hora de explicar el genocidio cometido por los británicos y estadounidenses con la población india de Norteamérica.
Entremezclados con este relato, Gullo retoma el argumento de su anterior ensayo e incluye también en este una defensa de la acción histórica española. La motivación que le lleva a hacerlo es su constatación de que España es «la única nación del mundo en la que una parte importante de su población ha asumido la historia que sus enemigos han contado y cuentan sobre ella», algo que sería impensable en otras naciones. ¿Alguien se imagina a los franceses aceptando la versión de su historia que dan los historiadores alemanes?
A la imagen transmitida por la Leyenda Negra de España como «una civilización sangrienta, lasciva, intolerante, machista, contraria a la ciencia y al progreso y reñida siempre con la libertad», Gullo contrapone una visión mucho más benigna, en la que se realza la acción benéfica y civilizadora de España en los diferentes territorios conquistados.
Además de la abrumadora documentación manejada por el autor y de la rigurosidad a la hora de manejar las numerosas fuentes históricas utilizadas, lo que da más crédito a las tesis de Gullo es el hecho de que en ningún momento oculta que el pasado español tuvo sus episodios oscuros.
Su tesis es que, aún con esas sombras, la acción histórica española debe ser reivindicada no solo por respetar la realidad histórica, sino también, y sobre todo, por el modelo que supone para el futuro. En palabras de Gullo, «no hay nada por lo que pedir perdón. No porque no se hayan cometido errores, sino porque eso implicaría convalidar una mentira histórica que anularía la Hispanidad como modelo humanista para el futuro y nos conduciría inexorablemente a una nueva balcanización a ambos lados del océano Atlántico». Toda una llamada de atención para el tiempo presente.