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Imagen de cubierta de 'La vía dorada'Desperta Ferro

‘La vía dorada’: no se puede entender el mundo sin la India

Última obra del historiador y multipremiado autor William Dalrymple, en la que de manera grácil y amena introduce al lector en la antigua India

A veces, a los europeos nos falta perspectiva. Perspectiva temporal, geográfica, demográfica, cultural… Esto no quiere decir que obviemos nuestras propias características, circunstancias o devenir histórico. No. Pero para que nuestra visión de nosotros mismos sea más ponderada y matizada, y más rica, por ende, hemos de intentar mantener una perspectiva amplia de las cosas, como en un mosaico. Si nos ponemos a observar los mosaicos de Justiniano y Teodora en la Iglesia de San Vital de Rávena con una distancia entre nuestros ojos y las teselas de 5 o 10 centímetros, no apreciaremos mucho de la obra (aunque sí de unas pocas teselas). Sin embargo, si nos retiramos a unos cuantos metros, si tomamos distancia y aumentamos nuestra perspectiva, veremos la obra en un precioso conjunto: la magnificencia de la Corte Imperial bizantina. Para los períodos históricos ocurre exactamente lo mismo: es fundamental ver el mundo, y los acontecimientos que en él tienen lugar, en conjunto.

Traducido por Ricardo García Herrero
​Desperta Ferro (2025). 416 páginas

La vía dorada. Cómo la antigua India transformó el mundo

William Dalrymple

Por eso es una pena que de casi todos los programas de Historia de las universidades españolas esté ausente la India en general, y la India antigua en particular. Mejor no pensar en la educación secundaria. Para el primer caso, resulta especialmente lamentable que en nuestro país se intente explicar la Revolución industrial británica sin apenas mención alguna a la India (y a la Compañía Británica de las Indias Orientales). ¿Podrían haber tomado los índices de la economía británica un súbito ascenso en 1780, como advertía Eric Hobsbawm, si no hubiera sido por el magnífico excedente de capital obtenido del flujo comercial con la India? ¿Y qué decir de la entrada constante de materia prima (algodón) para alimentar la poderosa nueva industrial textil británica? Para el caso de la India antigua, un campo si cabe más específico, podría pensarse ¿cómo entender la cultura y la religiosidad de China, Japón o el sudeste asiático sin Buda y su contexto hindú? ¿Cómo hablar de Alejandro Magno y sus macedonios, su regreso desde el Hidaspes o la incorporación de los elefantes de guerra en los ejércitos seléucidas? ¿Cómo entender el surgimiento del monaquismo budista sin el monzón indio? ¿Cómo entender el grandioso complejo de Angkor Wat, uno de los lugares más visitados del mundo, sin la influencia religiosa y cultural de la India antigua? Y un largo etcétera.

Serían muchas más preguntas las que tendríamos que realizarnos. Para responder a todas de una sola vez, mejor recurrir al recién publicado título La vía dorada. Cómo la India antigua transformó el mundo (Desperta Ferro, 2025), del genial historiador y autor superventas William Dalrymple. Gracias a la apuesta de la editorial Desperta Ferro, Dalrymple ya cuenta con otros títulos magníficos en castellano como El último mogol, El retorno de un rey o La anarquía, trilogía fundamental para entender India y Afganistán durante la Edad Moderna. Ahora, Dalrymple acerca al lector con La vía dorada a un tema crucial: cómo la antigua India transformó el mundo desde la Antigüedad. «India o Bharat –como quiera que se la defina– fue una de las dos grandes superpotencias intelectuales y filosóficas del Asia antigua, equiparable a China en el mundo primitivo. Sentó las bases de la forma de pensar y expresarse de gran parte del planeta y alteró de manera significativa la trayectoria del devenir histórico de gran parte de la humanidad. Durante más de mil años fue un jardín del que salieron las semillas que, una vez plantadas en otros lugares, florecieron en formas nuevas, ricas e inesperadas».

Hay que destacar algunas ideas muy interesantes que presenta Dalrymple, como el concepto de «Indosfera», honestamente atribuido a otro historiador, Peter Frankopan, por el autor, para hacer referencia a toda el área de influencia de la India que enmarca todo ese inconmensurable territorio que va desde Afganistán hasta el sudeste asiático. Y otra idea más, la de la «vía dorada» propiamente dicha: las redes y rutas, marítimas y terrestres, interconectadas por el comercio indio, que unían el Mar de la China Meridional con el Mar Rojo y Egipto, más antiguo y de mayor calado histórico para el autor que la Ruta de la Seda (concepto, como indica Dalrymple, sumamente tardío y extraordinariamente magnificado).

Por lo demás, el lector encontrará diez capítulos, precedidos de una introducción, en los que el autor hace gala de una erudición y una claridad expositiva asombrosas. Y dentro de todos estos capítulos, como no podía ser de otra manera, el budismo tendrá un papel protagonista, siempre desde su perspectiva cultural y antropológica. El hecho de que el príncipe Siddhartha Gautama naciera en la India allá por el siglo V a.C. no puede tratarse a la ligera, y especialmente, la corriente filosófico-religiosa que se iniciaría tras él. Así, una información que seguramente sorprenda y que es digna de resaltar es que la expansión del dharma (la ley moral budista) no tuvo lugar en la India hasta dos siglos después de la muerte de Buda, ya bien entrado el siglo III d.C., mantenido hasta entonces como una secta marginal. Precisamente la llegada de los macedonios de Alejandro Magno cambiaría definitivamente el devenir histórico de la India. Chandragupta Maurya (r. 320-297 a.C.), un refugiado presente en la ciudad de Taxila (noroeste de la India) a la llegada de los macedonios, llenaría el vacío de poder dejado por Alejandro tras su marcha, unificando la práctica totalidad del norte de la India. Pero sería «el nieto de Chandragupta, Ashoka, quien continuó su carrera de conquistas hasta lo que en la actualidad es Afganistán». El hecho de que durante su reinado Ashoka (r. 269-232 a.C.) se convirtiera decididamente al budismo («hace más de un año que me acerqué a la sangha [comunidad monástica budista] y me he vuelto mucho más devoto y comprometido», dejó escrito), y además convirtiera «el proselitismo budista en el centro mismo de su gobierno», marcaría de manera tajante la historia india y, especialmente, de la llamada Indosfera.

Mucho más se podría decir, pero si algo hay que subrayar es el gusto que da la lectura de cualquier obra de Dalrymple, y esta concretamente que viene a llenar un desastroso vacío en la literatura sobre la India antigua en castellano.