Cubierta de 'Querido profe'
'Querido profe, me invaden las tinieblas': sobre cómo vivir y morir
Un diálogo luminoso ante la sombra de la muerte
El reciente libro del catedrático de Ética de la Universidad de Salamanca, Enrique Bonete Perales, es un testimonio epistolar basado en una historia real. Recuerda las conversaciones que Descartes tuvo con la princesa Isabel de Bohemia. En esta ocasión se trata de una exalumna que, una década después de estudiar la carrera en Salamanca, ante un acontecimiento existencial dramático, se le ocurre escribir a su antiguo profesor.
ARIEL (2025). 144 PÁGINAS
Querido profe, me invaden las tinieblas. Diálogos sobre cómo vivir y morir
La enfermedad mortal que afecta a la alumna, llamada ficticiamente Nuria, despierta en ella la necesidad de comunicarse con aquel profesor que intuyó que tenía una respuesta ante el sufrimiento. La joven interroga a su interlocutor en modo epistolar y le pide guardar el secreto de sus cuitas internas acerca del sentido de la vida y cómo situarse frente a la adversidad.
El título, Querido profe, me invaden las tinieblas, responde a una situación por la que todos hemos de pasar, pero que a ella le acontece cuando tiene treinta y tres años. Las preguntas que no se había formulado nunca irrumpen en su vida de forma tempestuosa: ¿para qué vivir?, ¿qué sentido tiene la enfermedad, el sufrimiento?, ¿hay algo más allá de la muerte?, ¿existe la posibilidad de afrontarla con dignidad, serenidad e incluso alegría? Estamos ante un verdadero ejercicio de filosofía práctica que quiere dar respuesta a la única pregunta realmente importante: ¿qué sentido tiene la vida si su horizonte inapelable es la muerte?
El recorrido clarificador a través de diversos pensadores (Séneca, Montaigne, Descartes, Spinoza, Schopenhauer y Unamuno) nos transmite con lenguaje sencillo lo esencial que los filósofos han intentado enseñar durante siglos: aprender a vivir y a morir. He aquí la clave del libro, escrito en forma literaria, manteniendo fluida la tensión. Hasta el final no se sabe cuál es la postura más personal del profesor-filósofo ni cuál es el resultado de la enfermedad de Nuria, tampoco el devenir de la conversación.
El título nos da a entender que el factor muerte siempre es sorpresivo. No hay escapatoria frente a él, despierta el terror porque no sabemos cómo afrontarlo. Por eso esta pequeña obra es tan potente y lúcida. El profesor Bonete ofrece algunas respuestas posibles que relevantes pensadores han ido desgranando de manera exquisita y escrupulosa, sin tapujos ni eufemismos.
El libro ha de ser leído por los jóvenes. Pero también por personas de distintas edades: todos hemos de enfrentarnos, pronto o tarde, al hecho inexorable. No hay remilgos ni cortapisas en el diálogo. Hablan los dos, alumna y profesor, con una claridad meridiana acerca del bien y del mal, del suicidio, de la vida y de la muerte; el diálogo cada vez resulta más fluido y amistoso, menos formal que cuando empezaron tímidamente a cartearse, acercando al lector a las inquietudes más profundas que afloran cuando nos encontramos inmersos en situaciones límite.
La veracidad y sinceridad de la joven Nuria, la libertad del profesor Bonete, la patencia de una enfermedad que amenaza con un trágico desenlace, hacen que el libro enganche al lector. Crece la amistad, crece el amor, crece la verdad y la belleza en cada página a medida que avanza la relación en el tiempo. El autor presenta sin moralismos a los distintos filósofos, con la crudeza y el realismo que les caracterizó. Igualmente, acepta con sumo respeto las dudas y el sufrimiento de su interlocutora, sin emitir ningún juicio de valor.
La esperanza es el último interrogante estremecedor… ¿Existen motivos para ella? ¿Son ilusiones filosóficas o religiosas de crédulos e ingenuos? El profesor Bonete no nos deja sin aliento. Trata, más bien, de encontrar una vía para expresar la esperanza que él tiene, intentando contagiar a Nuria, sin invadir su intimidad.
Maravilloso libro en una era en la que el escándalo del sufrimiento, el mal, la guerra, la enfermedad, la muerte y el suicidio persisten en la mente y el corazón de nuestros jóvenes. Como dice Nuria: «La oscuridad mental es algo así como mi estado más duradero, una constante compañera. Profe, me invaden las tinieblas… Y tengo miedo… Por eso busco la luz y la fortaleza moral en los sabios que usted tanto estudia».
Tal vez el momento más dramático sea cuando ambos se plantean la pregunta por Dios en la sección «El umbral de lo indecible»: «Ya ve, estoy hecha un lío, profe, ¿qué es eso de la Nada?, ¿qué es eso de Dios? Quizá ambas ideas surgen de la psique humana para encontrar algo de consuelo al abandonar este mundo. Me pregunto qué es más reconfortante: ¿que desaparezca la humanidad entera en un vacío infinito sin consciencia de nada o que exista un Dios que concede otra vida mejor a quienes hayan sido buenos?... ¿No puede ser el catolicismo, en el que me educaron de niña, una ficción construida por hombres temerosos del más allá?»
De todo el epistolario hay algo que es deducible con naturalidad: las palabras quedan, no son vacuas, no se las lleva el viento, conmueven el interior, trascienden el intelectualismo y van al corazón. La filosofía, para el profesor Bonete, además de una disciplina académica, puede convertirse en un auxilio real para sostener la vida y dar sentido a la muerte. Por eso decide, tras el desenlace, compartir su experiencia íntima, inesperadamente luminosa, publicando los emails. El profesor Bonete concluye, a modo de epílogo: «Nuria no buscaba certezas sino compañía lúcida. No un consuelo fácil, sino alguien que le ayudara a mirar de frente el abismo... Y a descubrir en él, contra todo pronóstico, el sentido de la vida y de la muerte». En esta tesitura, acompañando o siendo acompañados, nos encontraremos todos, tras el «duro bregar» de la vida que nos dejó Unamuno en su epitafio. Pocos libros es necesario que sean leídos. Este es uno de ellos.