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Cubierta de 'El último hombre'UFV

'El último hombre': una meditación cuaresmal

Ángel Barahona e Isidro Catela proponen, a partir de las tentaciones de Cristo en el desierto, un itinerario espiritual y antropológico que interpela al lector más allá de su adscripción religiosa

Ángel Barahona e Isidro Catela, fruto de peregrinaciones compartidas a Tierra Santa, y de meditaciones y estudios exegéticos, nos invitan a pararnos y reflexionar en esta Cuaresma sobre qué estamos haciendo con nuestras vidas como individuos y como humanidad.

UFV Editorial (2025). 112 páginas

El último hombre. Una meditación en el desierto

Ángel Barahona e Isidro Catela

En cada paso o decisión que tomamos vamos buscando, sin hacerlo conscientemente, el sentido para seguir viviendo. El anhelo de autenticidad, la búsqueda de seguridad, el querer ser amado, el aspirar a algo más que el horizonte mediocre de una vida pobre son nuestra batalla en el desierto de la vida. La vida solo se valora cuando es puesta a prueba en el dolor, el fracaso, la soledad no deseada, el ninguneo de los otros.

Las tentaciones en el desierto que Jesús vive son las mismas que tuvo Israel, las mismas que tenemos nosotros. Solo que, como están contextualizadas en modo religioso, las despreciamos como si se tratase de un cuento infantil para crédulos. Pero como dice Simone Weil, el Evangelio antes que una religión es toda una antropología. ¿O hay quien conozca mejor al ser humano? Pero la nostalgia del pasado que pudo ser mejor, la incertidumbre del futuro que se presenta amenazador, y la angustia de un presente siempre insatisfactorio, para el hombre de hoy, son el equivalente del hambre, la sed y la soledad del paso por el desierto de Israel y de Cristo. «Mirar hacia Egipto» y añorarlo. El pobre pan egipcio, la esclavitud resignada, se contemplan, desde el sol abrasador del desierto, como recuerdos atractivos. Cuando uno se encuentra en el desierto, en el no ser, en medio de la nada dando vueltas, sin ver nada, sin esperar nada, y creyendo en cualquier cosa o ídolo como última tabla de salvación, la propuesta de YHWH, de convertir a un pueblo esclavo en un pueblo libre, se vive con cierta ilusión. Es el fuego del primer encuentro con el Dios de la religión; de aquí la revitalización del fenómeno religioso que dicen se vive hoy en día, pero la libertad, real, es una dura batalla: entraña aventura, nomadismo, afrontar lo desconocido, superar el miedo, pasar hambre, no ver horizonte de salida en la aridez monótona del desierto. Una nómina pobre, una salud precaria, unas expectativas de futuro frustrantes, una historia mediocre, experimentar un fracaso detrás de otro cuando hemos sido educados para el éxito, para ser reconocidos por los otros, en lo laboral, en el amor y el afecto, es muy duro. La resignación es una opción: «es lo que hay». Por eso vemos en el caminar de hombres, tomando el metro al amanecer o en la vuelta del trabajo, ensimismados en sus móviles, con el rictus amargo del aburrimiento, del más de lo mismo, aceptando con orgullo, no obstante, la condición de los «últimos hombres» que preanunciaba Nietzsche: un poco de placer, un poco de calor, un pequeño roce, y una muerte dulce al final de la vida. La oferta del evangelio, llena de obstáculos, que propone salir de la comodidad, de las costumbres, las seguridades conocidas («los ajos y las cebollas de Egipto»), desinstalarse y caminar por el desierto de la vida es muy dura. Por eso también acomodamos la fe a nuestra religión a medida.

Los tiempos litúrgicos vienen en nuestra ayuda para romper con la monotonía y el apoltronamiento espiritual. La cuaresma es una oportunidad para ser acompañados en la verdad por el que es la Verdad misma. ¿Cómo acompaña YHWH a Israel, a Jesús, al que pretende pertenecer a su pueblo, a la Iglesia? ¿Cómo nos acompaña Jesús a nosotros? Las tentaciones de Mateo 4, 1-11, son muy significativas. Se trata de que el hombre tome conciencia de quién es, de cuáles son sus anhelos, y cuáles sus problemas auténticos. Las tentaciones son toda una pedagogía del deseo y un itinerario de crecimiento en la fe auténtica. El que va a dejarse acompañar esta cuaresma pasará por estas tentaciones: la búsqueda de seguridades (pan), de la no aceptación de la propia historia (entendida como aquellas cosas y sucesos que han acontecido en nuestra propia biografía que no nos agradan) y el recurso a la búsqueda del éxito, del prestigio, de la fama, del poder como modo de compensar los silencios de Dios a nuestros interrogantes existenciales.

Este libro trata de ser una ayuda para meditar sobre la verdad que guarda celosamente el Evangelio, por el respeto absoluto que Dios tiene a la libertad del ser humano. Es un libro provocador que nos pone ante la tesitura de aceptar la seriedad de la revelación o rechazarla. Es una larga meditación sobre nuestra vida, nuestros deseos, nuestros penosos intentos de huir de Dios, por la vía de la alienación, el desapego de la fe, del desprecio y el prejuicio, que no nos dejará indiferentes. Es también una aplicación a la historia de la humanidad por lo mismo. Denuncia los intentos de organizar la vida sin Dios por parte de la humanidad y sus resultados.