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El escritor Lorenzo Silva invitado a Plano GeneralJosé Manuel Ortega Elgueta

'Con nadie': vida y destino de un general fusilado

Un militar que prefirió el pelotón de fusilamiento a traicionar su juramento a la República ofrece a Lorenzo Silva el material para una de sus mejores novelas históricas

El historiador tiende a acercarse con cierta prevención a la novela histórica pensando, desde su óptica, en el rigor y la aplicación del método científico en la documentación y desarrollo. Esto se complica, aún más, cuando se trata de una biografía porque es muy fácil que entre biógrafo y biografiado se establezca una especie de «idilio» por profunda admiración de aquel. De modo que la necesaria objetividad puede resentirse.

Destino (2026). 288 páginas

Con nadie. Vida y destino del general Campins

Lorenzo Silva

No es el caso de la novela Con nadie del escritor Lorenzo Silva recientemente publicada por la editorial Destino. Silva describe la vida del general Miguel Campins Aura de una manera rigurosa y fiel a la realidad y, a la vez, con ese estilo narrativo tan vivo y claro que se completa con el realismo y la reflexión ética. Y es en esto, en el comportamiento ético basado en los principios básicos del humanismo cristiano del general Campins desde su niñez al momento que se enfrenta al pelotón de fusilamiento, donde Silva desarrolla toda una trama fiel a la verdad.

Lorenzo Silva aplica aquí eficazmente los elementos que caracterizan toda su narrativa, desde la inmediata seducción del lector por el tema, a esa negación de su propio protagonismo como escritor para entregarle todo al personaje del que escribe. Si la obsesión al ponerse frente al ordenador es que su novela, su obra de ficción transmita una visión sobre la realidad, en este caso, Silva utiliza la historia real de su personaje para narrarla de una manera ágil y, sobre todo transmitiendo una gran admiración por su comportamiento moral ejemplar.

La falta en España del buen desarrollo de una historia militar científica y equilibrada debido a motivos ideológicos, sobre todo en ámbitos académicos, ha provocado ciertas carencias que, afortunadamente, hoy en día se están superando a todos los niveles. Se sorprende el autor, en este sentido, de que un militar que entra de lleno en el grupo de los llamados africanistas, como Campins fuera un intelectual y tuviera esa formación moral que marca toda su existencia. Pero no todos los africanistas tenían esa mentalidad «testicular», permítanme esa expresión tan vulgar como descriptiva. Hubo todo un nutrido grupo de militares que desarrollaron una importante labor de estudio y difusión de la arqueología, el arte, la antropología social, la lingüística, la geografía y la historia del Norte de África. Desgraciadamente, esto, como la labor civilizadora desarrollada en el Protectorado por los llamados interventores militares, no está suficientemente investigada y sacada a la luz.

Asimismo, destaca Silva el empeño de Campins desde su puesto de jefe de Estudios de la Academia General Militar de Zaragoza dirigida por Franco, por emplear métodos de estudio entre los cadetes muy cercanos a la liberal Institución Libre de Enseñanza. Pero es que esto ya era una tradición en el ejército decimonónico. De hecho, en la fundación de la Institución Libre de Enseñanza, junto a Giner de los Ríos y Gumersindo de Azcárate figuraba su amigo y capitán de Artillería Luis Vidart, krausista de pro, junto a los generales: de la Gándara y Pieltain, entre otros militares. El general Campins responde a un modelo de militar con un alto grado de sentido de responsabilidad y muy profesional. Se formó junto a aquellos oficiales que mediante el estudio y la práctica elevaron mucho el nivel intelectual castrense en el último tercio del siglo XIX coincidiendo con el reinado de don Alfonso XII e impulsado por este. Dudo mucho que existiera profesión liberal, en aquel tiempo, que dispusiera de tal cantidad de revistas técnicas especializadas, traducciones y obras originales como tenían los militares en aquella época.

Alejándose de todos los tópicos que marcan mucha de la producción literaria de los últimos años, Lorenzo Silva no dispone al lector contra nadie, aunque, con razón, destaca las miserias de algunos. No es para nada condescendiente con la figura de Francisco Franco, que no era tan torpe intelectualmente como lo presenta y ahí están sus artículos en la Revista de Tropas Coloniales, que llegó a dirigir, sobre Marruecos, o la serie de los que publicó en el diario Arriba entre 1945 y 1960 bajo diversos seudónimos, además de los dos libros conocidos: Diario de una Bandera y Raza.

Gran conocedor de la geografía del Norte de África, a la que dedicó un precioso libro de viajes, Lorenzo Silva hace una descripción muy amena y perfectamente inteligible de la aparentemente tediosa campaña de África de primeros del siglo XX en la que Campins aparece como un importante protagonista. Con una gran maestría, el autor va entrelazando las vidas paralelas de Campins y Franco hasta el final de aquel, sin que el futuro dictador pudiera hacer nada por salvarlo de las balas.

La bibliografía que ha empleado Silva para documentarse es muy buena y los testimonios orales recogidos de la familia Campins le han permitido trazar la faceta más humana del personaje y nos permite reflexionar sobre el drama que debieron vivir muchos militares en ese momento trascendental de tomar una decisión que conculcaba el juramento de fidelidad a la República. La actitud del General Campins, a través de la interpretación de Silva, nos permite pensar que hubo militares que no se fiaban de algunos de los protagonistas del golpe. A quienes conocían bien de la vida en la campaña marroquí y por sus incongruentes actitudes pasadas, como era el caso de Queipo de Llano.

Yo diría que es una obra excelente para disfrutar de la buena literatura y para conocer mejor la historia de España y la personalidad de un gran patriota de una manera realmente amena.