Sitio de Bar-le-Duc, Peter Snayers
Los Tercios españoles: cómo se formaban, cómo funcionaban
Un grupo de historiadores y especialistas desmitifica (en el buen sentido) la legendaria infantería española presentando su formación y funcionamiento desde el trabajo con las fuentes
«Los tercios, aunque fueron instituydos à ymitation de las tales legiones en pocas cosas se pueden comparar a ellas, que el número es la metad menos y aunque antiguamente eran tres mil soldados, por la cual se llamaban Tercios y no Legiones, ya se dizen assi aunque no tengan mas de mil hombres». Estas palabras no pertenecen a ningún especialista actual de los tercios españoles, como se puede apreciar por los arcaísmos. Fueron escritas en el siglo XVI por Sancho de Londoño, autor de El discvrso sobre la forma de redvzir la disciplina militar, a meyor y antigvo estado, que vio la luz en Bruselas póstumamente en el año del Señor de 1589. Con no poca razón, Sancho de Londoño compara los tercios con las legiones romanas, aunque no se queda ahí y matiza: aunque estos cuerpos imitaran al ya entonces legendario sistema organizativo romano, pocas cosas más hay que las unan. Tras esto, el autor desarrolla su explicación, que es una mina informativa para –ahora sí– los investigadores actuales de los tercios.
tercios viejos
Los Tercios: de la Historia a la leyenda, vol. 1. La orgánica
Sancho de Londoño no es un personaje cualquiera. Con veintipocos años, en 1542, se alistó en los ejércitos del rey como piquero bajo el mando de Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba. Participó en las principales campañas llevadas a cabo por Carlos I contra la Francia de Francisco I y contra los Estados alemanes de la Liga de Esmalcalda. Bajo Felipe II combatió en Nápoles y en Flandes. En Milán fue hecho maestre de campo del renombrado Tercio Viejo de Lombardía. En 1565 participó en el socorro a los Caballeros de San Juan, asediados en Malta por los turcos. Finalmente, en 1567, cuando la situación se recrudecía en los Países Bajos, puso rumbo a Flandes, su último destino, de nuevo junto al duque de Alba. Allí, tras participar en sonadas victorias contra las fuerzas protestantes de Guillermo de Orange, cayó enfermo y murió en 1569. Fue enterrado en la Basílica de San Servacio de Maastricht. Sancho de Londoño no sólo escribió sobre los tercios, sino que fue parte de los tercios. No debe extrañar, por tanto, que los escritos de Sancho de Londoño (uno de los nombres más repetidos junto a Carlos I, Felipe II o Fernando Álvarez de Toledo) salpiquen el volumen recién aparecido titulado Los Tercios: de la Historia a la leyenda, vol. 1. La orgánica (Tercios Viejos, 2026). No deja de ser significativo que la editorial que ha apostado por esta obra colectiva sea la también joven Ediciones Tercios Viejos, valiente e independiente que, en breve andadura, ya está dando buen fruto con aportaciones de calidad en materia de historia militar.
Este libro, volumen primero de una serie aún sin desvelar, es una obra coral donde catorce especialistas en cuestiones específicas de los tercios desarrollan en trece capítulos todo aquello que se resume bien con el término «orgánica», es decir, cómo funcionan los tercios. No se plantea, por ende, una historia lineal, cronológica, de los cuerpos de infantería española durante los siglos XVI y XVII, sino su formación, funcionamiento y sostenimiento principalmente.
En lo que a los contenidos se refiere, el volumen se abre con dos capítulos encargados a dos de los mayores especialistas en los tercios: Enrique Martínez Ruiz, que fue catedrático de Historia Moderna en la Universidad Complutense de Madrid, con el capítulo «La Monarquía Hispánica y sus ejércitos» (pp. 17-41), y René Quatrefages, el gran hispanista francés, actualmente director honorario de investigación del prestigioso Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), con «El origen de los tercios» (pp. 43-65).
Siguiendo con los contenidos, el capítulo tercero lo escribe el periodista, ensayista y escritor Fernando Martínez Laínez con el título «Reclutamiento y disciplina» (pp. 67-93), a lo que sigue la aportación de Manuel Casas Santero con el capítulo titulado «Estructura y organización. Las licencias» (pp. 95-125). Este, a su vez, enlaza perfectamente los primeros tres capítulos, pertenecientes al ámbito más general, con los siguientes, de ámbito más específico, comenzando con el capítulo de la historiadora y especialista en la indumentaria de la Edad Media y Moderna Consuelo Sanz de Bremond Lloret, titulado «Vestuario e impedimenta» (pp. 127-157), donde cabe destacar un nutrido aparato iconográfico a color y un muy necesario glosario de prendas dispuestas en orden alfabético. Seguidamente el capítulo de Víctor Sánchez Tarradellas aborda una cuestión fundamental en «La logística: el camino español» (pp. 159-185), cuestión puesta en la discusión académica por Geoffrey Parker en su clásico estudio de 1972 (The Army of Flanders and the Spanish Road, 1567-1659) que sigue siendo continuamente reeditado en su edición española, y que sigue generando estudios.
El siguiente capítulo, a cargo de Juan Víctor Carboneras, titulado «El tercio acampa, se mueve y asedia. Las banderas como referentes» (pp. 187-209) trata, más allá del ámbito meramente vexilológico, la importancia de las banderas en la vida de los tercios, y da paso al capítulo a cargo de Manuel Gracia Riva, titulado «Asistencia médica y sanitaria en los tercios» (pp. 211-237), que no se queda en tratar meramente las heridas de guerra de los soldados, sino también asuntos de no menor importancia como las epidemias y la dieta. Del capítulo que le sigue, «Ideas, religiosidad y ecos literarios» (pp. 238-263), se encarga otro especialista reconocido del ámbito académico como es David García Hernán, titular de Historia Moderna de la Universidad Carlos III de Madrid y presidente de la Asociación Española de Historia Militar (ASEHISMI), para adentrarse en todo ese intangible que es el refuerzo ideológico de los objetivos de la Monarquía a través de su brazo armado. Jesús Martínez de Merlo, cambiando totalmente de tercio, devuelve al lector del ámbito ideológico al puramente práctico con el capítulo titulado «Armamento y equipo de los tercios» (pp. 265-288), donde se dan cita, como no podía ser de otra manera, picas y arcabuces, coseletes y capacetes.
Los dos siguientes capítulos de nuevo nos apartan de lo logístico y nos acercan a lo social, de la mano de la especialista Sandra Suárez García, de la Universidad de Murcia, con el capítulo «La mujer en los tercios» (pp. 291-315) y de los especialistas Mario Luis López Durán y Roberto Quirós Rosado, ambos de la Universidad Autónoma de Madrid, con el capítulo «Los tercios de otras nacionalidades: la fidelidad mercenaria de la nación británica al rey católico» (pp. 317-339). Por último, José Contreras Gay se encarga de cerrar el volumen devolviendo al lector al ámbito logístico con el capítulo titulado «La impedimenta de los tercios» (pp. 341-387).
Para finalizar, hay que hacer algunas puntualizaciones críticas, como que el capítulo segundo, a cargo de René Quatrefages, necesita de una revisión y corrección morfosintáctica; que sería beneficioso que se unificase el criterio de presentación de bibliografía, tanto para fuentes primarias como para bibliografía actual; que convendría que se unificase el criterio de citación (APA, al pie o no incluir aparato crítico); que sería muy acertado cambiar la presentación de los textos insertos (justificados en lugar de centrados, y sin cursivas ni comillas para textos de más de 40 palabras); y, especialmente, que se agruparan los temas afines (logísticos, ideológicos o sociales, por ejemplo) para dar una mayor coherencia al libro. Dicho lo cual, todas las aportaciones aquí recogidas ofrecen tanto al lector más exigente como al meramente interesado un fantástico y accesible compendio de temas que conviene conocer para entender la orgánica de los tercios españoles.