Rudyard Kipling
Capitanes intrépidos rumbo a la madurez
Kipling explica el salto del niño al hombre en clave de novela de marineros
Una vida de novela. Una más que podría haberse añadido a la lista de escritos por los que le concedieron el Premio Nobel de Literatura en 1907. Rudyard Kipling (1865-1936) fue el primer autor británico, también el más joven, en recibir semejante galardón. Aventurero desde la cuna, nació y creció en el seno de la India colonial y maduró en el escenario del Imperio Británico. Como viajero incansable, escribió numerosos artículos, relatos y novelas alimentados de sus variopintas experiencias por Europa, Asia y Estados Unidos.
Austral (2014). 224 páginas
Capitanes intrépidos
Escribe con pasión, fruto de su loable capacidad observadora. El resultado son historias de aventuras originales, atractivas y rebosantes de valores. Los niños fueron sus favoritos. Kim, Mowgli, Harvey. Los dos primeros protagonizan Kim y El libro de las Tierras Vírgenes, respectivamente. Obra no tan conocida es la que relata la historia de Harvey. Capitanes intrépidos (1896) deja atrás la selva de sus anteriores títulos y se embarca en el mar, a bordo de una goleta pesquera. El salto de Harvey al iniciar la novela, cuando cae del enorme transatlántico a bordo del cual viajaba con sus padres, se verá superado por su salto de la infancia a la madurez, tema principal de la obra.
Kipling nunca la calificó de «novela», como mucho de «cuento largo». Se trata del relato de una travesía marinera, física sólo en apariencia, pues el movimiento principal sucede por dentro. ¿Novela de viajes? ¿quizá de aventuras? Sí, pero el viaje de la madurez, la aventura de la propia vida. El itinerario por mar es metáfora del recorrido personal que Harvey protagoniza desde una consentida adolescencia a una madura vida adulta.
Muchos educadores y preceptores descubrirán aquí una verdadera lección de pedagogía. Paradójicamente, los marineros no saben de manuales ni teorías docentes. Harvey no recibió ningún tipo de formación reglada durante los días que pasó a bordo del We’re Here. Sin embargo, al concluir el periplo, será no solo un excelente marinero, sino, sobre todo, un hombre hecho y derecho.
Para relatar el cómo, Kipling se sirve de los contrastes. El de la vida de un caprichoso hijo único de un millonario norteamericano y el de la austera existencia de un grupo de pescadores de Gloucester durante la temporada de pesca. Uno de ellos, Manuel, fue quien recogió al chico del mar después de que este cayera del barco de su padre. Rescatado de las aguas como Moisés y vuelto a nacer como Jonás, Harvey se ve obligado, en contra de su voluntad, a permanecer en aquel nuevo hogar los meses que dura su trayectoria. Meses en los que la tripulación fue puliendo en el niño repelente la figura del héroe.
Como respuesta a sus impertinentes caprichos, el «pescado» es instruido como pescador. Kipling se descubre como un experto conocedor de la jerga de a bordo y enriquece la narración con terminología precisa y cuidados detalles acerca de las costumbres en un barco de pescadores. No hay mejor escuela para un joven que saberse parte de una comunidad de hombres con las que comparte una misión. Con maestría narrativa, el autor hace amainar, progresivamente, la intempestiva irrupción de Harvey en la tripulación. Sin fingimientos, sin tener que hacer alarde de etiquetas, encuentra su litera, su lugar en la mesa, su puesto en cubierta, su papel en la vida.
Las parejas literarias son siempre un acierto, el tándem Dan-Harvey no lo es menos. Una amistad que no es ajena a las grandes diferencias ni está exenta de peleas pero que, como en el caso de Sancho y Quijote, es de ida y vuelta; de ti para mí, de mí para ti.
La fuerza de la palabra y del consejo que acompaña a la explicación junto a la vela, en la bodega o en medio de la guardia nocturna… así se va configurando el bello entramado narrativo. No faltan descripciones que arrastran a bordo de la goleta y que sumergen en el oleaje sensorial, casi real, de sabores, olores, vaivenes y bramidos. Igualmente, uno se descubre mecido por el dinamismo de la acción y los diálogos que hacen avanzar el relato con un variado juego de ritmos.
En medio del clamor de las olas se percibe, como un suave susurro «serás un hombre, hijo mío». La hondura del verso se hace realidad palpable en la prosa. La historia de Harvey es el cumplimiento de los condicionales con los que Kipling construye su archiconocido poema «If». Sin saberlo, el adolescente los asumió en carne propia y el «sí» se volvió afirmativo.