Cubierta de 'Álvaro de Bazán'
'Álvaro de Bazán. El Invicto': el mejor marino de la historia de España
Guillermo Nicieza retrata al marino que revolucionó la guerra naval del siglo XVI, con el rigor investigador y un extraordinario despliegue visual
Madrid tienes sus cosas. Veinte años viviendo en esta ciudad le pueden dotar a uno, como mínimo, de conocimiento de sus calles, y con suerte, de recuerdos en ellas. Es muy posible que, como para quien escribe, muchos de esos afortunados recuerdos tengan lugar en la emblemática Calle Mayor: La Calle, con mayúsculas, de Madrid. En esta vía, de orientación este-oeste, que conecta la Cuesta de la Vega con la emblemática Puerta del Sol, guarda un sinfín de lugares, edificios y, sobre todo, plazas que hacen de Madrid un lugar verdaderamente entrañable. Junto a la Plaza Mayor –la más famosa– se encuentran la Plaza de San Miguel y la Plaza de la Villa (y la del Marqués de Miranda entre ambas, aunque un poquito más retirada, hacia el sur). Es aquella última, la de la Villa, en cuya Casa estuvo preso Francisco I de Francia, vencido por el emperador y rey Carlos V y I, en la que se encuentra el personaje que protagoniza estas líneas: don Álvaro de Bazán y Ramírez de Guzmán, I marqués de Santa Cruz. Sé de alguien que, cada vez que pasa por ahí, frena en seco, atrae las miradas de sus acompañantes hacia sí, y exclama: «¡Mirad, don Álvaro de Bazán!». No es para menos, pues don Álvaro de Bazán vale la pena pararse un buen rato, y hacer memoria del marino que revolucionó la estrategia y la construcción naval de la Monarquía Hispánica en el siglo XVI.
Desperta Ferro Ediciones (2026). 336 páginas
Álvaro de Bazán. El Invicto
Así lo señala Guillermo Nicieza Forcelledo en su nueva obra Álvaro de Bazán. El Invicto (Desperta Ferro, 2026), donde el público encontrará un bien equilibrado tándem entre ilustraciones y texto. Así pues, podemos decir que se trata de un libro ilustrado, pero a la manera de Desperta Ferro, por supuesto, donde no hay página sin imagen, y donde cada una de estas ha sido cuidadosamente seleccionada, dejando fuera cualquier rastro de azar o de motivación estética. A lo largo de siete capítulos, Guillermo Nicieza disecciona la vida del mejor marino de la historia de España, y presta especial atención a su servicio armado, como no podía ser de otra manera, y a sus decisivas aportaciones tecnológicas y estratégicas en el mar, como en la construcción de galeones, que darían a los reinados de Carlos I y Felipe II una potencia naval que sería capaz de sostener las potencias inglesa, holandesa, francesa y turca al mismo tiempo.
El género de la biografía se entrelaza aquí con el subgénero de historia militar de la historia naval. Las guerras en el mar de la Monarquía Hispánica a lo largo del siglo XVI fueron, sin duda, las que hicieron valer los intereses de españoles desde el Estrecho hasta el Caribe, y desde Acapulco a Filipinas. La experiencia con su padre, Álvaro de Bazán y Manuel de Solís, también llamado el Viejo, señor de El Viso y Santa Cruz de Mudela, desde su más tierna infancia hizo de Álvaro de Bazán el Joven un marino de dilatadísima experiencia ya con treinta años, encargándose de misiones fundamentales de patrulla y guardacosta, por encargo de Carlos V en 1554, «con la orden de levantar una ‘armada contra corsarios’ para custodiar el regreso de la Flota de Indias». No era esta una misión menor, pues de ello no solo dependió el flujo Península-América, sino que sentaría las bases de la Carrera de Indias como fuente de enriquecimiento española y base de la economía de la Monarquía Hispánica hasta el desastre de 1898. Ya con Felipe II, las acciones con los cuerpos de galeras en el Mediterráneo tuvieron como objetivo al Gran Turco, donde destaca el papel de don Álvaro en episodios como el socorro a las guarniciones de Orán y Mazalquivir, durante el sitio otomano de 1563, la toma del Peñón de Vélez de la Gomera en 1564 y, especialmente, en el Gran Socorro de Malta, de 1565, y la campaña de Lepanto de la década de los 70.
Será el Mar Océano (el Atlántico) desde 1580 hasta su muerte en 1588, el destino último de don Álvaro. La Guerra de Portugal de 1580 inicia las operaciones navales hispánicas en el reino luso, donde destacaron las acciones del marqués de Santa Cruz. En 1582, la campaña de las islas Terceras marcaría un hito en la vida del de Bazán y en la historia naval, llevando a cabo en 1583 un desembarco de infantes españoles en la isla Tercera como nunca se había llevado a cabo, y marcando el ritmo de lo que serían las operaciones anfibias en los siglos venideros. Como señala certeramente Guillermo Nicieza, «la conquista de las islas Terceras de 1583 de Álvaro de Bazán marcó un hito dentro de la historia de las operaciones anfibias y se puede considerar que dio el nacimiento a la doctrina anfibia española, que se amplió sucesivamente en los siglos XVII y, sobre todo, en el XVIII». La campaña portuguesa desembocó sin solución de continuidad en la empresa de Inglaterra, de la que don Álvaro fue convencido valedor. El de Bazán escribió a Felipe II en 1586 «para recordarle su propuesta de invadir Inglaterra porque si no, según el marqués, no estaría cumpliendo con su obligación como vasallo de Su Sacra Católica Real Majestad». De aquí partió el plan de invasión de Inglaterra y la preparación de la Gran Armada. Desgraciadamente, las desavenencias con el rey, la tristeza y la enfermedad llevaron a don Álvaro de Bazán a la muerte el 9 de febrero de 1588, a los sesenta y un años, y la empresa recaería en las manos de Alonso Pérez de Guzmán, VII duque de Medina Sidonia.
Esta fue la vida del marino, y esto es lo que el lector encontrará en este volumen. Nada mejor, porque no se puede. Las ilustraciones, los mapas, los gráficos; todo, en definitiva, hace de este libro una maravilla de ver y de leer, y hace justicia a uno de los personajes más grandes que ha dado la historia de España.