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Cubierta de 'Perro rey'Eolas

'Perro Rey': elementos fantásticos al servicio de la cruda narración histórica

La España de Felipe II se transforma en un territorio donde la imaginación cobra forma de perro parlante para revelar las verdades que los hombres ocultan

Sin haber visto aún la película, me asalta la maldad de pensar que Christopher Nolan ha filmado La Odisea para generar debate y crispación sobre lo que su obra debería haber sido y no fue. Los más críticos se han cebado con ella alegando anacronismos deliberados, un enfoque equivocado de Odiseo y Penélope, traducciones incorrectas, etc.

Eolas ediciones (2026). 312 páginas

Perro Rey

Daniel V. Villamediana

Emily Wilson, traductora al inglés del poema de Homero, se ha despachado a gusto al afirmar que el filme «no aporta nada convincente sobre el tiempo, la memoria, la historia, la guerra o la relación entre el glorioso regreso de un guerrero y las vidas de su familia, adversarios, camaradas, amigos y vecinos».

Esta discusión sobre la falta de rigor documental en las películas y las novelas históricas no me afecta, pues no soy un escritor histórico y, por tanto, vivo ajeno a estos entuertos. Recuerdo, eso sí, que hace muchos años presenté la novela histórica de una escritora amiga en un centro cultural muy pomposo de Madrid, y un historiador que estaba entre el público se quejó, muy levantisco él, de que la novela había incurrido en errores históricos. (No es momento para narrar la escena, pero pueden imaginársela).

Pero diré algo aprovechando que escribo para la sección de libros de un diario: deberíamos aceptar que la realidad, además de tozuda, es corta de miras; por el contrario, la díscola literatura usa armas legítimas que trascienden las fronteras de dicha realidad para ofrecernos un producto artístico que no siempre concuerda al cien por cien con los hechos. (Como si eso fuera posible…). Si la realidad es un espejo –con todos los matices que queramos ponerle a esta máxima–, la literatura es un efervescente cosmos de creación donde todo, o casi todo, es posible.

Daniel V. Villamediana juega en ambos campos. Es un historiador serio y puntilloso, pero al mismo tiempo es un escritor que ama la literatura y los beneficios de la imaginación que esta pone a nuestro servicio. Eso es al menos lo que he percibido al leer Perro Rey (Eolas ediciones, 2026), una novela, tal como nos chiva la contraportada, sobre «la España del siglo XVI contada a través de los ojos de un perro».

En esta ocasión no llegarán a nuestros oídos las quejas de una Emily Wilson enfadada, explicándonos que ¡los perros no pueden hablar!, algo que sí hace el protagonista de esta interesante novela. Esta facultad insólita le permite a Villamediana ofrecernos una narración realista con elementos ficticios que nos sitúa en un siglo XVI en el que la España real vivía un momento fascinante, en plena consolidación del Imperio más grande de la época, con el estallido de la Reforma y la Contrarreforma, y con la Inquisición ejerciendo un férreo control.

Pero Perro Rey no parte desde el triunfalismo de una España en modo final de Champions, sino que baja a una modesta granja situada junto al río Tormes, adonde llega un perro de seis meses, en un estado de salud lamentable, al que un fraile sabio y humano, Gaspar de Veracruz, versado en latín, hebreo, griego y en las cosas más profundas de la vida, acoge como a un hijo.

Decíamos que Perro Rey (citado en el libro como «Perro», a secas) tiene una cualidad sobrenatural: habla, y eso le permite ejercer –muy a su pesar– cierto dominio sobre los humanos. Añadamos a esto algunos elementos de la novela de aventuras en un entorno histórico, con muchos viajes y escenarios, y tendremos al amigo Perro convertido en líder místico, guiado de la mano de la india Thani, antaño sumisa esposa del marinero Martín Bueno, para intentar hacer justicia en el Nuevo Mundo, que es tan injusto como el viejo.

Conforme pasan las páginas asistimos al crecimiento interior de Perro, que analiza la condición humana con el mismo extrañamiento con el que un niño va desentrañando los misterios de lo cotidiano. El animal aprende con tristeza que el hombre es un lobo para el hombre, al margen de geografías y de culturas.

Perro Rey está articulada en 31 capítulos breves, con una prosa bien hilvanada y de fácil lectura, en la línea del relato de conquista. Su narrador, el cronista André du Bois, un impresor francés que da la cara en el capítulo 20, nos transmite una historia fusionadora de lo mágico y lo histórico que no aparecerá nunca en los documentos oficiales, aunque el autor se nutra de ellos para iluminarnos acerca de cómo fue la España de Felipe II, con sus luces y sus sombras.

Nos acompañan durante el viaje las fulgurantes apariciones de hombres ilustres como el médico y teólogo Miguel Servet, el corsario inglés Francis Drake o el cartógrafo Guillaume le Testu, implicados, cada cual a su manera, en las guerras de religión del siglo XVI.

En Perro Rey la fantasía no anula la Historia, la complementa, y el resultado, para mí gozoso, puede ser también del agrado de muchos lectores, incluida la aguerrida Emily Wilson.