Cubierta de 'SupraAdalid'
‘SuprAdalid’: una historia de «supers» que va mucho más allá
Con tres ingredientes compatibles –historia de superhéroes, ciencia ficción y distopía– Antonio Runa construye una historia que atrapa, y que, más allá de combates y tecnología inimaginable, encierra anhelos humanos imperecederos
Superhéroes. Siempre han estado ahí. Desde los años 40 del pasado siglo, al menos, en que Supermán hacía acto de aparición en el Séptimo Arte, no nos han abandonado. En los últimos veinticuatro años, desde el estreno en 2002 del Spider-Man de Sam Raimi no ha habido temporada de cine en la que no hayamos tenido a alguno de estos «semidioses modernos» en la gran pantalla. Este mismo verano, sin ir más lejos, ha aterrizado la cuarta entrega de la tercera saga del Hombre Araña que ha visto el siglo XXI. Demencial. Se podría decir sin temor a exagerar que los superhéroes están de moda. Pero el soporte tradicional para las historias de estos personajes, incluso más que el celuloide, ha sido tradicionalmente el cómic. Son ya varias las generaciones que han crecido con las historias que Marvel o DC han vertido a las viñetas. El libro, sin embargo, parece haberse resistido al fenómeno «súper». No así en el que presentamos a continuación, SuprAdalid (Minotauro, 2026), que demuestra la perfecta compatibilidad del género «superhéroes» con el soporte más tradicional. De hecho, para aquellos que se mueven más cómodamente entre párrafos que entre viñetas, este será un acercamiento ideal al género.

MInotauro (2026). 464 páginas
SuprAdalid
Quienes conozcan el mundillo de la literatura de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror de ámbito nacional tendrán el nombre del autor sobradamente registrado. Para quien no lo conozca, Antonio Runa es divulgador y generador de contenido en internet desde 2008, además de escritor. En su faceta como podcaster, destaca especialmente por su trabajo en La Órbita de Endor. Como escritor, ha hecho incursiones en los otros dos géneros hermanos, el terror y la fantasía: los casos del detective de lo insólito Isaac Zarco (La chica gris y La materia de las sombras) y El foso de los olvidados, respectivamente.
En su cuarto y más reciente título, SuprAdalid, Antonio Runa presenta, con una mezcla de género superhéroes, ciencia ficción y distopía, una línea temporal paralela a la nuestra en la que a mediados del siglo XX han aparecido los suprahumanos o metahumanos. En el presente en el que se desarrolla la historia, estos «supras» se han convertido en una fuerza disuasoria internacional, una suerte de potencia atómica para los gobiernos, y por lo tanto en un objetivo estratégico de primer orden, en el que la Federación Eurotana cuenta con más y mejores suprAdalides que el resto.
Los supras, a su vez, no van por libre, sino que se integran en grupos de élite que han dejado anticuados a los ejércitos convencionales, erigiéndose así en la nueva fuerza coercitiva de los Estados, con todo lo que ello implica, para bien y para mal (suceso de Aljalizhistán). En este aspecto, que si no fuera por los suprAdalides bien recordaría más a la realidad que a la ficción, Antonio Runa hace replantearse al lector, queriendo o sin querer, su propia realidad, y si se aleja demasiado o no de la ficción. En este rasgo Runa ya se separa del género de superhéroes tradicional (al estilo de Supermán, Batman o Spider-Man), y se acerca más al estilo de Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons (1986) o The Boys, de Garth Ennis y Darick Robertson (2006). Los suprAdalides, como dioses de la mitología griega, participan de las debilidades humanas exactamente igual que los demás (aunque en una proporción acorde a sus poderes). Esto hace que, en ocasiones, los supras se conviertan en «sicarios de lujo».
El más prestigioso de estos supergrupos es Facción Zero, a las órdenes de la primera ministra eurotana y con sede en el edificio más alto del mundo, La Aguja, en la capital de la Federación, Odeon. Esta megaurbe hace las delicias de cualquier suprahumano que quiera hacerse notar en el mundillo (y, en opinión de quien escribe, parece una referencia del autor a la Metropolis de Supermán o la Gotham de Batman, guiñito para los seguidores del género). En cualquier caso, llegar a Facción Zero es el sueño de cualquier supra, y Julek Diamandis, nombre en clave Decurión, no solo llegará a formar parte de este super equipo, sino que en poco tiempo llegará a dirigirlo. El suprAdalid más poderoso que se recuerda, cuyo nivel de poder supera todas las expectativas del Espolón, la agencia de seguridad eurotana que tiene ojos y oídos en todas partes. Pero el objetivo de Diamandis va mucho más allá, y no se contentará con estar al servicio de los políticos tradicionales. Pretende instaurar un nuevo orden.
Paralelamente a la historia de los supras, de los hermanos Diamandis, la primera ministra Morris, Shuriken, Gilbert Grimaux, Sigmar, etc., tiene lugar la historia de los científicos Christelle y Lornias Vega, su ayudante Sol Navar y su androide Andros para intentar crear portales teleportadores en unos laboratorios secretos, aporte procedente netamente de la ciencia ficción. El desarrollo de esta historia, en paralelo a la de los suprAdalides, parece independiente, pero la destreza de Runa por entretejer ambas tramas paulatinamente e in crescendo regalará al lector una revelación final apoteósica.
Y como fondo de ambas historias, cual matrioshka, una trama de mayor calado, de proporciones universales, y de tinte genuinamente distópico, que determina toda la historia. Todo ello, por último, narrado en forma de entrevistas de podcast, guiones de documentales, archivos personales, entradas en diarios, notas de audio, etc., lo que más allá de originalidad ofrece al autor muchas posibilidades en el desarrollo de la historia. Y un plus al vocabulario ultra científico (que parece absolutamente verosímil para el lego) utilizado por Runa. En resumen, un cóctel sobrecogedor de recursos, desplegado en un resultado final altamente satisfactorio, y que no podrán dejar pasar los amantes de los superhéroes y de la ciencia ficción.