Cubierta de 'Pedro de Valdivia'
'Pedro de Valdivia, conquistador de Chile': la biografía del capitán general que abrió Chile a la Corona
Javier de Navascués nos acerca, sin prejuicios ni maniqueísmos, a la figura de Pedro de Valdivia y al mundo turbulento que hizo posible su aventura americana
Intuyo que soy uno de muchos que no sintió un interés genuino por la cultura hasta después de terminar la etapa de estudiante. Recuerdo aquellas tarde-noches de estudio apresurado, a uno o dos días del examen, con la urgencia de quien corre para alcanzar un tren que ya está abandonando el andén. En retrospectiva, aquella premura era tan estéril como desconsiderada. Ahí estaba la sufrida asignatura de Historia, por ejemplo. Memorizar fechas, batallas y revoluciones fue la forma más insípida y denigrante de acercarse al conocimiento.
Entono el mea culpa y me abstendré de inventar alguna excusa.

SEKOTIA (2026). 200 páginas
Pedro de Valdivia, conquistador de Chile
No fue hasta muchos años después, ya libre de la servidumbre de los exámenes y picado por el compulsivo aguijón de la lectura, cuando descubrí que la Historia, bien contada, no es un catálogo de fechas y datos, sino una forma de entender el mundo. Que no es su cometido poner a prueba nuestra memoria para conseguir un aprobado, sino iluminar errores –aunque los repitamos con entusiasmo– y explicar por qué somos como somos, tarea todavía más ardua.
He pensado en aquella etapa estudiantil que pudo ser y no fue mientras leía Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, de Javier de Navascués, publicado en 2026 en Sekotia, sello perteneciente a Almuzara. Y he leído el libro –ahora sí– por razones loables: por placer y por saciar mi sed de conocimientos, con esa paz que da la lectura voluntaria.
Esta biografía aborda lo que fue la vida y obra de Pedro de Valdivia, «leyenda convertida en símbolo de épica a ambos lados del océano», un personaje menos popular que Cristóbal Colón o Vasco Núñez de Balboa, pero cuyo recuerdo no ha dejado de crecer hasta adquirir una presencia simbólica notable: ciudades que llevan su nombre, monumentos, plazas, avenidas, colegios, instituciones, billetes que alguna vez lo retrataron...
El libro nos presenta con loable neutralidad a un conquistador inteligente, derrochador y generoso al final de su vida, con buen instinto político (sabía ponerse de parte del futuro ganador), que vio en sus peripecias al otro lado del Atlántico un medio no solo para acumular riquezas, sino también para «ser señor».
Tarea complicada. América fue un paraíso y un infierno a partes iguales para tantos hombres —muchos de ellos extremeños— que dejaron atrás su existencia doméstica o castrense por «el afán de aventura, la búsqueda de honra o el ideal de llevar el Evangelio» (p. 80). Hombres como Sancho de la Hoz, los hermanos Pizarro, Francisco Aguirre o Francisco de Carvajal entre muchos otros —todos ellos recogidos en el libro— que se vieron inmersos, en mayor o menor medida, en batallas, traiciones, conjuras y asesinatos. Peones de la Corona en tiempos de Carlos V a la vez que «emprendedores», valga la palabra moderna, que partieron con la esperanza de conquistar América, tierra de promisión. Y algunos encontraron yacimientos de oro, cierto, pero lo que encontraron muchos de ellos fueron la penuria y la muerte.
Para unos, Pedro de Valdivia fue un genocida; para otros, un hombre llano, sin ínfulas aristocráticas y sin apego a la riqueza (pues ya era rico antes de su periplo). Para Javier de Navascués no fue ni lo uno ni lo otro. Su labor como historiador consiste en separar el trigo de la paja y ofrecernos una estampa ajustada a los hechos: un extremeño haciendo las Américas que no fue héroe ni villano, o quizá ambas cosas.
Pedro de Valdivia, conquistador de Chile es uno de esos libros amenos, bien escritos y bien documentados que yo no pude –o no quise– disfrutar en mis tiempos de estudiante. Nunca es tarde si la dicha es buena, especialmente cuando el libro, como es el caso, lo merece.