Cubierta de 'Amar para siempre'
`Amar para siempre': la insolencia de vivir a contracorriente
O la adecuada medicación para la gran enfermedad de nuestra época
Habría deseado poder haber leído este libro hace veinticinco años. Me hubiese podido ahorrar el caminar emocionalmente en círculos y tantos tropiezos como disgustos. No sé si el texto me hubiera cambiado el destino que tomé, pero sí que me habría ayudado a decidir con mayor sabiduría.
Rialp (2026). 296 páginas
Amar para siempre. La insolencia de vivir a contracorriente
En este nuevo ensayo, don David Cerdá reflexiona sobre la enfermedad del amor actual: analiza su crisis, sus fracasos con sus consecuencias individuales y sociales, para luego proponer su medicación.
Y este es amor con mayúsculas –como el de antes y que sea para toda la vida, que traiga hijos, forme hogares y trascienda a las siguientes generaciones– es la gran conquista humana de dos personas que deciden compartir su vida en sacrificio y generosidad hasta el final. Y esto, en estos tiempos, se torna insolente y a contracorriente.
El autor aplica con finísimo humor el diagnóstico del amor libre en todas sus variables; que si amor woke o amor líquido, o amor del mayo del 68; o amor en todas las nuevas variaciones desde la irrupción de la telefonía móvil y la banda ancha hace escasos tres lustros.
En definitiva, amor provisional sin compromiso ni promesas. Y mientras, el personal hecho polvo y atiborrándose de ansiolíticos en platos de lentejas. El autor no escribe en piedra, ni sienta cátedra. Todo lo contrario, desmonta como hábil mecánico la de motos que nos vendieron, y a mí el primero. Las debí comprar todas.
Tan divertidas como interesantes son sus apreciaciones sobre el negociete actual creado con las nuevas cosas del (no) querer, que dominan en Occidente y nos fueron impuestas hace ya décadas. Baste recordar aquello que afirmaba Séneca en Tiestes, cui prodest scelus, is fecit, o «quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido», y a tirar del hilo.
La descomposición de Occidente está siendo un excelente negocio para algunos. Va una pista: son los mismos círculos de poder y élites que elevan la meteorología a la condición de diosa rencorosa y temible. Y todo por no someternos a lo que nos ordenan sus sacerdotes y obedientes castas, porque no quieren entristecer a la Pachamama.
Y es que don David Cerdá es el niño que afirma que el emperador está desnudo, en el cuento de Hans Christian Andersen, «El traje nuevo del emperador». Pero en versión adulta, elegante y vistiéndose por los pies.
Luego también es más cosas: es doctor en filosofía y economista, analista del comportamiento humano, traductor de grandes autores, conferenciante y articulista habitual.
En los últimos años ha publicado Ética para valientes, 2022, El dilema de Nero, 2024, y Amar para siempre.
Son herramientas complementarias para entender nuestra época, y opciones por las que tomar partido. Libros con capítulos en su mayoría breves, de lectura rápida y reflexión lenta, que lanzan preguntas y activan nuestras neuronas y fortalecen el espíritu.
Sostiene don David que una sociedad desengañada de todo amor duradero deja de fundar hogares. Y sin hogares no hay hijos ni futuro. Aquí debería dolernos. Yo tuve uno y espero dejar construido otro.
Yo tuve el regalo de cuidar a mis padres, y ellos antes cuidaron a los suyos; pero quién se ocupará de quienes no se molestaron en formar un hogar. Y es que como apuntaba don Jaime Gil de Biedma: «que la vida iba en serio uno empieza a comprenderlo más tarde». A quienes esperen en su vejez el cuidado de un Estado con leyes de eutanasia, el sentido común solo podrá desearles mucho ánimo y mucha suerte. La van a necesitar.
Dicen que el ensayo como género literario es frío. El de don David no lo es porque nos propone experiencias emocionales tras el análisis lógico.
Sus capítulos de rápida lectura activan la curiosidad e invitan a consultar bibliografía, películas y canciones. Mi único punto de divergencia con el autor son los gustos musicales.
Si yo, atado a una silla, tengo que escuchar tres coplas seguidas de Rick Astley, Taylor Swift, o del tal Sabina de las que propone el ensayo, yo confieso lo que sea para no sufrir una cuarta; vamos, hasta que maté a Kennedy y a Manolete, y en el mismo día y con la misma bala.
Pero para no contrariar al maestro Cerdá, asumo que mi oído no es mainstream. Además, no hay que preocuparse, son recomendaciones. Y siempre puede usted arquear una ceja y pasar al siguiente párrafo, ya que el libro invita a otras lecturas fundamentales.
O a ver películas como Tierras de penumbra, 1993, de Richard Attenborough, y suscribo al maestro Cerdá, cuando cita la escena sobrecogedora en que una amante enferma agoniza ante su amado y, lúcida, le expone cómo el dolor del momento es parte de la felicidad pasada. Eso es amor, señoras y señores. Quos amor verus tenuit, tenebit, o «el amor verdadero se aferrará a aquellos a quienes ha sostenido», que dijera Séneca.
Discrepo con don David, cuando afirma que ya no se hacen pelis donde al final se amen para siempre. Recuerdo Interstellar, 2014, peliculón de Christopher Nolan; una de las historias de amor más bellas jamás rodadas.
La verdadera rebeldía no consiste en la destrucción, sino en repararlo todo, sostiene el autor. La salvación comienza con las decisiones por las que opta cada persona. Por esto, creo que ahora son imprescindibles pensadores como don David Cerdá y, la mejor medicina son ensayos como Amar para siempre. Cómo me alegro de haber leído este libro en mi madurez. Disfrute de la lectura.