Cubierta de 'Corazón de acero'
`Corazón de acero': a veces, sobrevivir es cuestión de ingenio
Romance, peligro y humor en una aventura tan disparatada como afilada
Una fortuna.
¿Por qué esa palabra siempre parece venir acompañada de problemas? Si no, que se lo pregunten a Halla. Viuda. Rica. Y atrapada.
Atrapada, concretamente, por una familia empeñada en obligarla a casarse con uno de sus miembros para recuperar la herencia que su marido le ha dejado al morir. El plan es sencillo: encerrarla en una habitación hasta que acepte, formalizar el matrimonio y recuperar el dinero. El problema es que después Halla ya no será especialmente necesaria.
Así que decide adelantarse a los acontecimientos quitándose la vida.
No porque se sienta desdichada ni porque esté encerrada. Ni siquiera porque pretendan casarla con un hombre de manos perpetuamente sudorosas, aunque motivos no le faltarían. Halla ha llegado a la conclusión de que, si su familia piensa matarla en cuanto tenga el dinero, lo menos que puede hacer es frustrar sus planes.
Oz Editorial (2023). 424 páginas
Corazón de acero
Y para ello solo necesita una espada, aunque lo que no esperaba era que el arma viniese con un hombre dentro.
Sarkis lleva generaciones atrapado en ella y su única obligación es proteger a quien empuñe su hoja. Y dado que Halla acaba de hacerlo, su plan para morir se complica considerablemente cuando aparece un guerrero inmortal que se toma muy en serio su trabajo.
Así es como sus destinos quedan unidos de la manera más absurda posible. A partir de aquí, T. Kingfisher convierte una premisa que ya parte de lo insólito en un viaje todavía más disparatado. Halla necesita llegar hasta el Templo de la Rata, una organización religiosa que vela por los intereses de sus fieles y que puede ayudarla a conservar aquello que legalmente le pertenece. Parece sencillo. Pero, sorpresa: no lo es. Porque entre ella y su objetivo hay salteadores, fanáticos, seres de naturaleza bastante cuestionable y una extraordinaria capacidad para meterse en problemas.
Aunque el mayor peligro para la paciencia de Sarkis probablemente sea la propia Halla.
Y es que resulta difícil decidir si Halla es ingenua, tremendamente lista o ambas cosas a la vez. Ella se considera poca cosa. Invisible. Una mujer sin ninguna cualidad especialmente destacable porque así la han hecho sentir durante toda su vida. Sin embargo, basta verla desenvolverse fuera de los límites que siempre le han impuesto para comprender que los demás llevan años cometiendo el mismo error: subestimarla.
Halla habla. Muchísimo. Pregunta todavía más. Se desvía del tema, parece no comprender lo evidente y posee un talento extraordinario para llevar una conversación por derroteros inesperados. Lo divertido es descubrir que detrás de buena parte de ese comportamiento existe una inteligencia afiladísima. Hacerse la tonta consigue que quienes tiene delante bajen la guardia, revelen más de lo debido o terminen completamente desconcertados. Mientras Sarkis blande una espada, Halla dispone de un arma bastante más desesperante: una pregunta detrás de otra.
La dinámica entre ambos aprovecha precisamente ese contraste. Sus conversaciones, discusiones y formas radicalmente distintas de afrontar cada contratiempo sostienen buena parte del humor, pero también permiten que la relación evolucione sin convertir el romance en una interrupción de la aventura. Sarkis tampoco queda reducido al guerrero encargado de salvarla: su obligación de proteger a quien empuña la espada convierte lo que inicialmente parece una posición de poder en otra forma de cautiverio.
El humor de Corazón de acero es el alma del libro, pero Kingfisher no necesita convertir su mundo en una parodia para lograrlo. Los peligros son reales, la situación de Halla es bastante cruel y algunas de las criaturas que aparecen por el camino tienen poco de entrañables. La risa del lector nace del choque entre todo ello y unos personajes capaces de enfrentarse a situaciones completamente disparatadas con una seriedad admirable.
El tono ligero empleado en la novela no resta peso a lo que se esconde debajo. Halla ha vivido sometida a una familia que decide por ella, controla su dinero y ha conseguido convencerla de que su opinión no importa. La burla queda reservada para quienes la menosprecian, nunca para aquello que ha tenido que soportar.
El viaje avanza encadenando encuentros, obstáculos y desvíos sin perder de vista aquello que lo puso en marcha. Algunos episodios funcionan más como pequeñas aventuras que como pasos imprescindibles hacia su objetivo. El camino importa casi más que el propósito que los empujó a emprenderlo.
Merece la pena recorrerlo por quienes aparecen en él: personajes excéntricos, religiones peculiares, normas desconcertantes y criaturas nacidas de las propias leyendas de ese mundo. Semejante colección de rarezas podría resultar caótica, pero todas terminan respondiendo a una lógica propia.
T. Kingfisher, autora reconocida por premios como el Hugo, el Nebula y el Locus, demuestra que una fantasía romántica no necesita grandes profecías ni destinos capaces de decidir el futuro de un reino para construir una aventura memorable. A veces basta con una herencia, una espada encantada y una mujer a la que todos llevan demasiado tiempo subestimando.