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Cubierta de 'Por senderos de maleza oculta'Nórdica

Entre la lucidez y el oprobio: El testamento literario de Knut Hamsun

Un anciano sordo y proscrito respondió al psiquiatra que lo declaró demente con la única refutación a su alcance: la prosa

Knut Hamsun, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1920 y pionero de la novela psicológica moderna, experimentó una caída en desgracia tan vertiginosa como su prestigio. Tras influir en escritores como Kafka, Hesse y Hemingway, su reputación fue sepultada al finalizar la Segunda Guerra Mundial por su apoyo al régimen nazi. En este oprobio histórico surge su canto del cisne, Por senderos que la maleza oculta (1949), su testamento literario.

traducido por Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo Nórdica Libros (2026). 160 páginas

Por senderos que la maleza oculta

Knut Hamsun

Escrito durante un penoso calvario judicial entre 1945 y 1949, el texto desafía los géneros clásicos para tejer una red que danza con maestría entre la autobiografía, el diario personal y la ficción. Durante este lapso, un Hamsun anciano, sordo y aislado, padeció arresto domiciliario, traslados a asilos y un confinamiento en la clínica psiquiátrica de Vindern, en Oslo. El encierro pretendía someter al autor a una evaluación médica para determinar si era apto para ser juzgado por traición a la patria. El diagnóstico, del psiquiatra Gabriel Langfeldt, dictaminó que el escritor padecía un deterioro permanente de sus facultades mentales. Para Hamsun, esta experiencia no fue un mero trámite legal, sino un proceso destructivo; lo describiría más tarde como «un lento arrancamiento, con raíz incluida», provocado por «un régimen que decidía sobre la vida, reglamentos sin intuición ni corazón».

Lejos de aceptar este hiriente dictamen o de escudarse en él para evitar una condena penal, Hamsun sintió la evaluación psiquiátrica como el mayor insulto concebible a su persona. Su llama creativa, apagada durante trece años, volvió a encenderse, impulsada por este injusto diagnóstico. Por senderos que la maleza oculta se concibió como una contundente refutación al doctor Langfeldt. Con una pluma implacable, Hamsun demostró que su lucidez mental y su virtuosismo verbal se mantenían formidables, desmintiendo de forma categórica cualquier acusación de demencia.

Narrativamente, el autor nos sumerge en la aguda mente de un anciano recluido que observa el mundo con asombro y melancolía. Su avanzada sordera le roba el bullicio de la sociedad y lo encierra en un mutismo que él mismo termina dotando de un halo filosófico: «Todo el mundo lleva tanto tiempo callado conmigo que me he olvidado de hablar, he estado solo, antes veía bien, pero no oía. Me he acercado al punto de vista de determinados orientales: el silencio necesario». Y afila extraordinariamente la agudeza de sus otros sentidos. Tratado a veces como un dócil animal doméstico, al que las autoridades delimitan sus movimientos, Hamsun se refugia en la atenta observación de la naturaleza, retornando a la sensibilidad poética que caracterizaba a los personajes vagabundos de sus novelas de juventud. Afirma no poder oír ya el murmullo del bosque, pero halla consuelo contemplando cómo se mecen las ramas o el vuelo errático de unos gorriones. Metafóricamente, Hamsun se identifica con un pequeño abeto que intenta crecer erguido y hermoso, pero al que un enorme álamo ensombrece, robándole sin piedad el reposo y la luz de día y de noche.

La compleja escritura de este último libro también revela los amargos ecos de una desgarradora traición íntima. Durante el proceso de evaluación psiquiátrica, el doctor Langfeldt interrogó a Marie, la esposa de Hamsun, a espaldas del autor y sin su consentimiento, para indagar en su vida matrimonial. Cuando el anciano escritor descubrió que su mujer había cooperado con las autoridades médicas, sintió aquello como una ofensa moral intolerable y como una profunda traición personal. Este doloroso episodio provocó que se negara rotundamente a ver a su esposa durante años, sumiéndose en una gélida reclusión emocional de la que solo lograba escapar gracias al poder curativo de la literatura.

La obra no ofrece alivio a quienes busquen en ella un arrepentido mea culpa. Aunque el texto incluye la transcripción estenográfica de su discurso de defensa ante el tribunal de Grimstad, Hamsun jamás utiliza esas páginas para pedir clemencia o retractarse de sus ideales políticos, insistiendo en que siempre actuó de acuerdo con los dictados de su conciencia. Se considera a sí mismo un patriota intachable y prefiere abandonar altivamente el veredicto definitivo sobre su persona en manos de Dios o aguardar pacientemente el juicio de los tiempos futuros.

Por senderos que la maleza oculta nos acerca a una paradoja literaria: cómo un hombre históricamente ciego ante la realidad del horror nazi pudo alumbrar en sus postreros días una obra cargada de tamaña sensibilidad estética. Como si de un trágico rey Lear shakesperiano se tratase, envejecido, sordo, aislado de sus seres queridos y despojado de sus dominios, los lamentos de Hamsun poseen una innegable grandeza que resuena poderosamente. Esta lúcida coda a su trayectoria constituye el esfuerzo final de un creador que, valiéndose de la pureza de su arte, decidió desbrozar su vida para trazar, por última vez, un imperecedero sendero literario.