Lawfare, delitos de odio y otras formas de estigmatizar a todo el que no sea de izquierdas
Lenin, la mentira como arma revolucionaria y «la tensión» que le convenía a ZP ante un periodista que asentía
«Los delitos de odio» se han convertido en la mordaza perfecta para acallar al oponente que pretenda discrepar del discurso oficial
La imagen ha quedado grabada en la memoria de todos los españoles de cierta edad: Zapatero, tras ser entrevistado antes de las elecciones de 2008 por Iñaki Gabilondo –vaca sagrada del progresismo patrio–, le hace una confesión creyendo que el micro está apagado: «Vamos bien, pero nos conviene que haya tensión». La estrategia de la izquierda suele pasar por embarrar el terreno de juego –como hacen los equipos más broncos– para ganar partidos que, quizás de otra forma, perderían.
Desacreditar, estigmatizar y señalar al oponente que disienta de la opinión oficial sincronizada se ha convertido en herramienta habitual en el panorama político. Así lo explican los periodistas José Antonio Méndez y Álex Navajas en la última entrega de Zona antiwoke, el espacio que no le baila el agua al pensamiento único, sino que llama a las cosas por su nombre.