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Manifestantes propalestinos cortan el recorrido de los ciclistas en el Paseo del Prado

Manifestantes propalestinos cortan el recorrido de los ciclistas en el Paseo del PradoEFE

El Gobierno habla de «protesta pacífica» con 22 policías heridos por los radicales y solo dos detenidos

«Ha sido un día tristísimo para Madrid». Así definió el alcalde de la capital de España, José Luis Martínez-Almeida, lo que se vivió durante la última etapa de La Vuelta. Y empezamos con una declaración política porque la ronda española se ha convertido en un escenario político, en el escaparate perfecto para que los radicales propalestinos desataran su violencia y torpedeasen una competición que nada tiene que ver con el conflicto que se está viviendo en la Franja de Gaza. Durante los incidentes producidos este domingo donde también han resultado heridos 22 agentes de la Policía Nacional con contusiones de diversa consideración y solo dos personas detenidas. El ministro Pablo Bustinduy ha calificado lo sucedido como «protesta pacífica» y ha expresado su admiración por lo sucedido.

Lo primero de todo hay que recordar que en la pasada edición de La Vuelta ya vimos protestas propalestinas, aunque pacíficas. Cientos de personas, en la meta de cada etapa, se acercaron con banderas de Palestina para que se viese en la foto final su solidaridad con lo que está ocurriendo en Gaza. Puede que una competición deportiva no sea el mejor lugar para hacerlo, pero manifestarse de esa manera entra dentro de la libertad de expresión.

Sin embargo este año las protestas se han convertido en violentas y han buscado en todo momento tumbar la carrera. El motivo, supuestamente, era impedir que el equipo Israel Premier Tech estuviese presente en La Vuelta. La cosa es que meses atrás no hubo ninguna protesta en la Volta a Galicia ni demás carreras por nuestro país donde también estuvo presente el equipo israelí.

La realidad es que los activistas querían aprovechar que La Vuelta se ha retransmitido en más de 190 países y desde que llegó a Bilbao comenzaron con las protestas violentas que han obligado a la organización de la carrera a modificar cada día el recorrido. Javier Guillén, director de La Vuelta, la ha definido como «la más dura» desde que está al frente del evento, desde 2008.

Lo político se come a lo deportivo

Durante la primera semana, cuando la carrera se desarrolló en Italia, Francia y Andorra, La Vuelta celebró sus etapas con total normalidad. No fue hasta la llegada a Bilbao, con la Ertzaintza mirando para otro lado, cuando una etapa se tuvo que cortar a tres kilómetros de meta por las protestas violentas propalestinas. Fue el detonante de todo porque eso lo utilizaron los políticos de izquierda radical para alentar a más protestas. Lo hicieron hasta miembros del Gobierno de España como Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda, o Sira Rego, ministra de Juventud e Infancia.

Fueron las primeras en mostrar su orgullo por las protestas mientras que los ministros del PSOE, y el propio partido, guardaron silencio. No fue hasta pasados los días, y viendo el apoyo que tiene la causa en los grupos de izquierdas, cuando las figuras del principal partido del Gobierno comenzaron a alentar estas protestas por medio de José Manuel Albares o Pilar Alegría. También José Manuel Rodríguez Uribes, presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD) se posicionó en favor de los radicales y todos ellos exigieron «la expulsión» del equipo israelí de La Vuelta. Una acción que no depende de los organizadores de la competición sino de la Unión Ciclista Internacional (UCI).

Manifestantes propalestinos cortan el recorrido de los ciclistas en el Paseo del Prado

Manifestantes propalestinos cortan el recorrido de los ciclistas en el Paseo del PradoEFE

Sabía esto el Gobierno, pues además la UCI se rige por los principales organismos del deporte mundial como por ejemplo el Comité Olímpico Internacional (COI) que de momento ve correcta la participación de Israel en todas las competiciones. Ahora bien, el Ejecutivo en vez de buscar frenar las protestas e intentar que La Vuelta se desarrollara con normalidad, que además es marca España, mostró su «comprensión» a los manifestantes y no puso nada de su parte para frenarlo. Su pasividad arruinó la competición.

Una ronda que ha hecho mucho daño a la imagen internacional de España y donde la competición se ha visto empañada. El nivel de Jonas Vingegaard, campeón, y Joao Almeida, subcampeón, ha sido estelar y ha habido carrera hasta la penúltima etapa. En cambio, nada se ha hablado del rendimiento deportivo y además se han tenido que modificar constantemente los recorridos. Arruinada quedó la contrarreloj de Valladolid y esta última etapa donde se iba a coronar al campeón. Un destrozo al deporte español que Pedro Sánchez aplaude. «Hoy termina la Vuelta a España y vaya por delante nuestro reconocimiento y respeto a los ciclistas, pero también nuestra admiración a un pueblo como el español que se moviliza por causas justas como la de Palestina», dijo en un mitin.

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