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Lindsey Vonn participó en el entrenamiento previo a los JJOO de invierno a pesar de tener el cruzado rotoAFP

El milagro de Lindsey Vonn en Milán-Cortina: 41 años, ligamento cruzado roto y el sueño de la medalla

A lo largo de toda la historia del deporte, el afán de superación siempre ha estado presente y han sido muchos los competidores los que no se han venido abajo cuando peor lo tenían y nadie confiaba en ellos.

Lindsey Vonn encaja a la perfección con esta descripción. La esquiadora estadounidense, cuatro veces campeona del mundo y triple medallista olímpica, dejó de esquiar en 2019 tras haber conseguido todo como profesional, pero esa fue una retirada a medias, ya que el año pasado descolgó los esquís y volvió a competir.

Y así llegó a los JJOO de Invierno que se disputan en Milán-Cortina. La estadounidense afrontó la cita con ganas de seguir haciendo historia, pero ocho días antes del inicio de la competición sufrió una fuerte caída y se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda.

No obstante, ese infortunio físico no le hizo tirar la toalla. La estadounidense confirmó que no iba a renunciar a los JJOO de invierno. «Tenía la sensación de que iba a ser grave, pero mantuve la esperanza hasta que tuve los resultados de la resonancia. No he llorado. Sé cuáles eran mis opciones antes del accidente y sé que ahora no son las mismas, pero aún hay una, y mientras la tenga lo intentaré. Me siento fuerte».

En condiciones normales–y con un cruzado roto–, cualquier deportista habría renunciado. Pero eso no fue ninguna excusa para Lindsey Vonn. La esquiadora de Minnesota decidió seguir en Italia y, en el entrenamiento previo, volvió a deleitar al aficionado.

Vonn se puso a prueba a pesar de tener el cruzado roto y completó el tercer mejor tiempo de la sesión, resultado que dejó claro que la estadounidense está hecha de otra pasta, que las lesiones no le van a frenar y que, si su rodilla le deja, va a hacer todo lo posible para conseguir una medalla olímpica más.