Oriol: oro, capa y sombrero
La misma alegría, el mismo gran golpe deportivo 54 años después. Lo de Paquito, 1972, fue la primera vez que un español ganaba en un deporte muy ajeno a nosotros
Ana Alonso consigue la medalla de bronce en la prueba femenina de esquí de montaña
Oriol Cardona, en acción durante la final del sprint masculino de esquí de montaña
Sí, hemos mejorado la raza. Es una de las conclusiones que sacamos viendo a Oriol Cardona en lo alto del podio y pensando en Paquito, Fernández Ochoa por supuesto.
Metro ochenta y cuatro el catalán, metro setenta y uno el madrileño. Un 'peazo' tío y un españolito de los de entonces. Y entrando los 70, tampoco un retaco. Los dos y el oro olímpico: lo más grande.
La misma alegría, el mismo gran golpe deportivo 54 años después. Lo de Paquito, 1972, fue la primera vez que un español ganaba en un deporte muy ajeno a nosotros. La nieve. Como fue pasando con Manolo Santana, Severiano Ballesteros, Fernando Alonso, Pau Gasol, Carolina Marín... Tantos.
Gente que nos acercó a especialidades que veíamos muy de lejos, cosa de extranjeros decían las abuelas. Uno de Vallecas campeón en Wimbledon, en esa hierba. Un guaje, rey de la Fórmula 1. Uno de Sant Boi, anillo de la NBA. Una chavalilla de Huelva ganando a todas las asiáticas en lo del bádminton, que no había manera de llamarle pelota al volante.
Y eso, que medio siglo largo después un chaval de Banyoles gana y nos alegra estos días turbios por esas cosas feas que tiene el fútbol. Hemos dejado a un lado el bochorno de Lisboa para cantar la felicidad en Milano Cortina.
Paquito Fernández Ochoa ganó la medalla de oro en Sapporo 1972
Nuestro bueno era el favorito por palmarés, por momento de forma, por todo, nuestro bueno ganó. Porque nuestro bueno es muy bueno.
Y sería eso, bueno, que cuando regrese a casa alguien le alargue una capa y un sombrero, la ocurrencia que adornó la vuelta a España de Paquito y que está siempre en nuestra retina. Nuestro símbolo de la gloria blanca.
Paquito ese pionero, Oriol su sucesor y un abrazo para otro grande, grandísimo, Kilian Jornet, ocho veces campeón del mundo en otros escenarios y que empezó su aventura en el Deporte en esto que le llaman skimo. Que nos ha dejado también el bronce de Ana Alonso, tremenda su foto recuperándose después de una seria lesión hace apenas cuatro meses.
Francisco Fernández Ochoa (centro), en una imagen de archivo
Todo en tres minutos escasos, tres. Me han recordado los metales, dos oros y una plata, de Gervasio Deferr en la gimnasia olímpica. En su caso, tres minutos contando las tres finales y nos pasamos de rosca. La preparación, la carrera, el salto, la caída perfecta: un suspiro.
La magia del deporte individual, la culminación de tantísimas horas de entrenamiento en solitario. O no tanto: a su lado está la gente de sus clubes, el Camprodón, el CN Banyoles, la gente de las federaciones. Tantas personas anónimas, hinchas de lo suyo que colabora ‘gratis et amore’ la mayoría para que uno de nuestros jóvenes viva un día como este. Y nosotros, a su lado. Empujándoles unos, ofreciéndoles nuestras manos para ampararles otros. El Día D a la Hora H. Oriol, Ana, Paquito y Blanca, tantísimos, muchas gracias.