Carolina Marín se retiró del bádminton profesional a los 32 años
Carolina Marín, la valiente que superó la muerte de su padre y puso a España en la cima del bádminton
La onubense, medallista de oro en Río de Janeiro, ha puesto fin a su carrera deportiva después de hacer historia en una disciplina totalmente desconocida en nuestro país
Carolina Marín, en el estreno de su documental: «No quiero que el bádminton se olvide en nuestro país»
Carolina Marín es mucho más que una leyenda. La medallista de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016 no ha necesitado otro metal para ser una de las grandes del deporte español. Ya lo es. Su lucha en París y todo lo que tuvo que pasar para llegar a lo más alto hicieron que fuera una de las protagonistas de los Juegos a pesar de marcharse sin medalla. Su última y definitiva lesión no empañó su superación de los últimos años.
La onubense apareció en el bádminton de la nada. Un deporte sin apenas tradición en Europa, y menos en España, no esperaba que una chica de Huelva fuera a convertirse en la reina del juego. Más de 150 millones de asiáticos practican cada día bádminton y, de la noche a la mañana, una española llegó a ser la mejor del mundo. Inesperado, pero el de Marín ha sido un talento excepcional.
Carolina Marín, de 32 años, dominó con puño de hierro el circuito femenino de bádminton y nadie pudo hacerle frente. En una tabla en la que hay que bajar hasta la número 20 para encontrar a otra europea, la danesa Line Christophersen, la española se confirmó durante años como la mejor y nadie fue capaz de bajarla de la cima. Deportivamente, la onubense parecía invencible, pero, de la nada, aparecieron varios reveses que condicionaron su vida.
En 2019, la española se encontraba en lo más alto como vigente campeona olímpica, mundial y europea y llegó el primer golpe de su carrera. La onubense sufrió una lesión del ligamento cruzado anterior en la rodilla derecha en la final del Masters de Indonesia de enero de 2019. Mazazo tremendo y una recuperación en la que precisó de diez horas diarias de rehabilitación y ayuda psicológica para afrontarlo.
La muerte de su padre
Al poco de recuperarse de esa primera lesión de ligamento cruzado, Carolina se llevó otro mazazo con la pérdida de su padre. Gonzalo Marín murió el 26 de julio de 2020, aunque falleció después de un largo periodo de lucha tras un accidente en el trabajo. El padre de la jugadora de bádminton sufrió un infortunio y no pudo superar las consecuencias.
Durante ese tiempo, la gran campeona pasó muchos días y horas junto a su progenitor y sólo participó en el prestigioso All England Open, disputado en marzo de ese año en la ciudad británica de Birmingham. Mucho tiempo parada y más sufrimiento para una jugadora que desde 2019 tuvo que pasar por todo tipo de adversidades. «Han sido los peores meses de mi vida. No se los deseo ni a mi peor enemiga», dijo durante esa etapa.
Carolina Marín, junto a su padre
Después de esa época tan oscura de su vida, donde tuvo que pasar el duelo de la muerte de su padre y prepararse de nuevo para volver a la competición, llegó un nuevo revés para la de Huelva. Otro contratiempo que a cualquier otra le habría hecho arrojar la toalla.
A menos de dos meses de los Juegos de Tokio (disputados en 2021 por el estallido de la pandemia de la covid-19), la onubense se volvió a romper el ligamento de su otra rodilla. Una lesión que sucede en algunas ocasiones a los deportistas que se acaban de recuperar de su otra rodilla. El miedo a recaer y la nueva forma que tiene el cuerpo de moverse provocan esto en un 5 % de los deportistas. Por desgracia, le tocó a Carolina y la onubense no pudo defender el oro cosechado en Río 2016.
El mazazo de París
Aun con todo lo que le sucedió, Carolina Marín no se rindió y se negó a marcharse así del bádminton. La española, que dominó durante años este deporte, quería brindarse una última alegría a ella y a España y trabajó para llegar a los Juegos de París a un nivel alto. Lo consiguió y todo apuntaba a que el destino le iba a permitir pelear por una nueva medalla de oro, pero el dichoso ligamento le volvió a jugar una mala pasada.
A solo 11 puntos de plantarse en la final, la rodilla le falló y se tuvo que retirar de un partido que tenía ganado por méritos propios. Lágrimas en sus ojos y en los de toda España, que no se lamentó de que no consiguiera una medalla, sino de su sufrimiento.
Carolina no se merecía acabar así y se volvió a esforzar para tener la oportunidad de competir en los Europeos de Huelva que se van a disputar en este 2026, pero este 26 de marzo, la onubense decidió poner fin a una carrera deportiva que fue reconocida por la Fundación Princesa de Asturias en octubre de 2024 y que le llevó a recibir el cariño por parte de todo el Teatro Campoamor de Oviedo, un escenario que se rindió a la leyenda de Carolina Marín, una campeona en mayúsculas.